Llegamos al final de otra temporada de Grandes Ligas en Miami, nuevamente de manera prematura; a pesar de que ya eso se ha vuelto costumbre. Mientras los mejores equipos están luchando por seguir de pie, quienes visten la camiseta del Sur de Florida enfrentan unas extendidas vacaciones forzadas. La ciudad de Miami sigue peleada de la postemporada de la pelota.

Pero me juego a decir que esta es la ocasión en la que los jugadores, gerentes, y empleados de los Marlins se van con una mayor incertidumbre. Comienza un cambio de guardia que no pinta muy bien para los actuales miembros del equipo.

Una vez se baje el telón del 2017, todos los reportes indican que sin importar la historia, si diste 60 jonrones o 200 imparables; nada de eso cuanta para el futuro.

“Derek se va a arremangar la camisa”, dijo Joe Torre cuando se le preguntó sobre lo que esperaba de Jeter como uno de los nuevos propietarios del equipo de los Marlins, lo cual va acorde a los reportes que salieron hace un par de meses sobre el objetivo con el que llegaría “El Capitán” de los Yankees como nueva cabeza del conjunto de Miami.

Un sabor agridulce sentimos el domingo cuando se retiró el último out en un descuidado Marlins Park que no verá más acción profesional hasta marzo del año que viene. Finalmente terminó esta temporada, que salvo por la ocasión en la que el equipo logró acercarse a 4 ½ juegos del Comodín, fue mayormente un proceso doloroso. Sin embargo, ahora sólo queda la incertidumbre de un tiempo de temporada muerta que no augura nada bueno; al menos para un futuro cercano.

A pesar del ya usual resultado de los Marlins, Miami vivió un año excepcional para los aficionados de la pelota. Nos lucimos como ciudad con el Clásico Mundial de Béisbol, lo mismo en el fin de semana del Juego de Estrellas, pero además, pudo presenciar la historia con lo hecho por Giancarlo Stanton y sus asombrosos cuadrangulares.

Pero ahora comienzan las preguntas.

¿Qué pasará con Stanton, cambiarán a Marcell Ozuna y a Christian Yelich, despedirán a Don Mattingly? O será que más bien debemos preguntar ¿quién de éstos será un Marlin en el 2018?

No hay que esforzarse mucho para pronosticar cuáles son las intenciones de Jeter. Sumemos los reportes de querer bajar considerablemente la nómina, los comentarios de Joe Torre y el reciente despido de Jack McKeon, Jeff Conine, Tany Pérez y Andrew Dawson del equipo. Todo indica que la barrida que presenciaremos en Miami será comparable con la de 1997, 2007 y 2012.

Este ha sido el cuento de nunca acabar. Desde el comienzo de la campaña entendíamos el desbalance que existía dentro de la plantilla de los Marlins. Con una ofensiva poderosa, pero insuficiente para cubrir la carencia extrema de los lanzadores. Y como ya también sabemos, la respuesta a eso no está en las ligas menores.

La otra opción viable para mantener a este grupo de jugadores y ser competitivos sería abriendo la billetera de forma importante, consiguiendo la firma de, por ejemplo, un Jake Arrieta en la agencia libre, y utilizando a los pocos prospectos disponibles para adquirir a otro abridor vía cambio –Gerrit Cole por nombrar alguno.

Ese sería el escenario ideal para el fanático del sur de Florida, pero a la vez poco realista, entendiendo que roza con lo utópico el hecho de que Jeter llegue gastando cantidades importantes.

Mi consejo es tener paciencia y –sin tener muchas alternativas—confiar en el criterio deportivo de Derek Jeter a cargo de los Marlins. Y es que, al fin de todo, es poco probable que vivamos algo peor a la última dirección que va de salida.

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