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Nicolás Maduro está irritado por las ruinas del modelo chavista, acorralado por la profunda queja generalizada que los venezolanos ya no pueden contener. Y actúa como sólo pueden hacer los dictadores en estos casos: de manera violenta y tramposa.

Este 19 de abril, cansados de casi dos décadas corrompidas por el virus del socialismo del siglo XXI (SSXXI), los venezolanos marcharán reclamando libertad, democracia y exhibiendo claramente su deseo de echar abajo la ideología (implantada por Chávez y heredada por Maduro, el títere chavista predilecto de La Habana) que los ha desangrado social y económicamente. Una de las más terribles épocas que ha vivido el país.

A la cúpula del chavismo no le ha quedado más remedio que intentar, con todas las fuerzas de su maquinaria represiva y propagandística, bloquear el mensaje y el fortísimo impacto que tanto en el país como en la comunidad internacional deberá causar la gran marcha que la Venezuela descontenta protagonizará este miércoles.

Además de obstaculizar la verdadera marcha del pueblo insatisfecho, como un sucio y desesperado instrumento de tropa de choque, se han inventado una marcha oficialista, paralela a la legítima manifestación de los ciudadanos, con la que esperan confundir al mundo, queriendo, a toda costa, evitar que no se vea, y sobre todo que no se entienda, la gigantesca insatisfacción del país hacia las fracasadas políticas chavistas. En el sainete oficialista marcharán, por miedo, obligación o compromiso los funcionarios públicos, los comprados por el régimen y los que aún siguen creyendo en el desastre chavista, que ya son muy pocos. La inmensa mayoría de los venezolanos estará del otro lado, enfrentando el rencor del régimen, la manipulación mediática, la violencia de la Guardia Nacional al servicio de la dictadura y no del pueblo, y de Los Colectivos (grupos paramilitares).

Veremos cómo los medios oficialistas muestran y enaltecen la caricaturesca marcha a su favor, desfigurando toda la verdad. Algo que identifica a estos regímenes. El propósito es que esas imágenes adulteradas, cuando se vean en otros medios del mundo, quienes no estén bien informados, se confundan creyendo que todo ha sido una marcha en apoyo al socialismo. Es parte del último pataleo de los que han estado ahorcando a la otrora nación prospera y feliz, amén de sus ineficiencias, que fuera Venezuela antes de caer en la empalagosa trampa del chavismo. Esa telaraña viscosa y mortífera de la que aún no ha logrado escapar. Aunque, al parecer, y ojalá así sea, el desenlace no se hará esperar mucho más.

Acciones similares a ésta las emplea habitualmente el régimen cubano (principal asesor de Chávez y Maduro) contra las manifestaciones anticastristas. Puede verse en los videos de la represión a las marchas de las Damas de Blanco. Las rodean con miembros de la policía política, vestidos de civil, nunca faltan las turbas castristas que, como en un circo macabro, comienzan a gritar huecas consignas “revolucionarias”. Luego detienen a estas valientes mujeres, no sin mostrar odio y violencia, y las encarcelan durante algunos días, las multan por desacato, disturbios, propaganda enemiga o actos en contra de la seguridad del Estado. En el lugar donde las disidentes realizaron su acto de protesta, el gobierno desata una psicópata y vulgar conga castrista. De no ser por las redes sociales, esa sería la única imagen que recorrería el mundo, tergiversando la realidad, confundiendo al mundo. Y eso es justamente lo que intentará el gobierno de Maduro con su marcha oficialista. Esa es la única intención.

Sería una estrategia interesante que la oposición, y el pueblo venezolano en general, marchara no solamente con sus pancartas de libertad, democracia y de “fuera Maduro” escritas en español. Deberían también llevar sus proclamas en inglés, para que el mensaje de su profundo descontento pueda llegar mucho más allá de las fronteras del idioma y la región. Pues se enfrentan no sólo a la avalancha de un gobierno autoritario, sino también a la desinformación mundial y a la manipulación, o cuanto menos al discurso paliativo, de los medios liberales.

El vicepresidente venezolano, Tareck el Aissami, declaró que la marcha oficialista que a última hora han tramado, será una “movilización del pueblo patriota" que "ratificará el compromiso de independencia y soberanía de la patria con la Revolución Bolivariana”. Menudo embuste de naturaleza tan soez como trasnochada. Este demagogo y delincuente internacional, acusado de narcotráfico, trató de intimidar al pueblo a través del canal estatal VTV, diciendo que “si la oposición desea hacer alguna actividad, tiene que saber que el chavismo va a estar en la calle”. Su aviso es que la represión, una vez más, estará en las calles. Que no faltarán los perdigones, las bombas lacrimógenas, los encarcelados, los torturados, los heridos y los muertos.

El Aissami ha intentado coaccionar a los venezolanos descontentos, advirtiendo que desde el Gobierno enviarán mensajes para exhortar a que evalúen “el tipo de actividades que van a hacer” y acusando a la oposición de haber convocado a "actos terroristas de carácter violento y criminal”. Así ha querido enmarañar la reiterada represión -con no pocos muertos- de su gobierno contra ciudadanos ejerciendo su derecho a protestar pacíficamente, como volverá a suceder este miércoles.

Buscando justificar la marcha paralela, el ex fiscal general del chavismo se ha referido al 19 de abril como “una fecha de los chavistas, no para los traidores, ni para los que apuestan a la intervención internacional”. “La oposición venezolana busca una invasión que nunca va a suceder”, ha dicho con más miedo que certeza. También ha querido confundir al mundo expresando que “la derecha venezolana” a través de “grupos de choques acaricia la vía del golpe de Estado en Venezuela”. Es evidente que no es la derecha quien marchará este miércoles en Venezuela. Y si fuera así, pues la mayor parte de los venezolanos estará entonces incluida en esa derecha a la que tanto teme. Lo cierto es que ha sido el gobierno quien, desde hace mucho, ha dado un golpe de Estado a la democracia.

El mundo civilizado no puede dejarse engañar por el discurso corrupto y delirante de los políticos chavistas, a quienes lo único que les interesa es permanecer en el poder a como de lugar. Si tienen que seguir matando venezolanos, lo seguirán haciendo. Si tienen que radicalizarse aún más y hasta llegar a declararse una dictadura, con esa criminal categoría estalinista con la que sigue defendiendo Cuba su autoritarismo, “la dictadura del proletariado”, lo harán sin pensarlo dos veces. De hecho es una opción que tienen en su gabinete de acciones.

El régimen venezolano teme que la comunidad internacional actúe como debería suceder: posicionándose a favor de un pueblo que cada vez es más pisoteado por reclamar libertad, democracia, no más violencia, no más hambre para sus hijos, que no pocos ya han muerto desnutridos o por falta de medicamentos. Maduro y sus secuaces tiemblan ante la Carta Democrática de la OEA y al Derecho Internacional Humanitario.

La posición de las instituciones internacionales y los gobiernos demócratas, debe ser la de apoyar al pueblo. No a una tiranía a la que no le importa asesinar las libertades y derechos de su propio pueblo con tal de perpetuarse en el gobierno. Quienes intentan disminuir la terrible realidad, o voltean la mirada ante este crimen, inevitablemente se sientan al lado de los culpables.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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