Desde que el Gobierno de Nicolás Maduro comenzó a desatender los llamados de la Asamblea Nacional y a andar por los caminos desviados a la Constitución Nacional del país caribeño, DIARIO LAS AMÉRICAS se inclinó por evitar llamar “Presidente” a quien, a pesar de haber sido electo por el pueblo, en pocos meses se apartó de los parámetros de la democracia intentando escribir una Carta Magna a su medida, para complacer su necesidad de mantenerse en el poder sin rendir cuentas a ninguna institución autónoma e independiente.

En la última semana, la intención poco democrática del oficialismo en Venezuela ha quedado demostrada. Unas elecciones de la Asamblea Nacional Constituyente, organizadas de manera apresurada por el Consejo Nacional Electoral sin ningún tipo de control o auditoria, estimulaban la sospecha de un posible fraude, que fue corroborado por los directivos de la propia empresa Smartmatic, encargada de contabilizar los votos, quienes un día después de que el CNE entregara los resultados, aseguraron que estos estaban manipulados y por lo menos había un error de más un millón de votos adicionales.

Pero el reclamo de más de 30 países, incluyendo El Vaticano, no fue suficiente para que Maduro con su grupo de asesores diera marcha atrás a una Asamblea Nacional Constituyente, que en la primera media hora de instalada cambió el curso de la historia de Venezuela: sacó de su cargo a la Fiscal General Luisa Ortega Díaz; colocó en su lugar a quien estuvo al frente de la Defensoría Del Pueblo, Tareck Willian Saab. Además, duplicó su período de gobierno a dos años; y conformó una Comisión de la Verdad, para investigar los hechos ocurridos en la nación caribeña en los últimos cuatro meses, y que hasta el momento solo ha manifestado preocupación por los militares afectados en los enfrentamientos contra manifestantes; pero que en ningún caso nombra los más de cien muertos ocurridos en manifestaciones a manos de las fuerzas de seguridad del Estado.

Maduro ha dejado de ser presidente de Venezuela para convertirse en dictador. Ya no hay espacio para la protesta, ni mucho menos para la disidencia. En las últimas horas se han intensificado las persecuciones a los opositores, arrestando a alcaldes y amenazando a los diputados, quienes en 2015 recibieron más de 14 millones de votos.

Así el Gobierno ha dejado de serlo para convertirse en régimen y su presidente en dictador. Por lo que DIARIO LAS AMÉRICAS de ahora en adelante así los llamará.

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