@vikingomartell

Hemos vivido esta semana toda la novela del veto a la prensa de su país de los jugadores de la selección argentina tras el triunfo sobre Colombia el pasado martes, hecho que ha conmocionado al mundo futbolístico, no solo en el Cono Sur, sino en todo el planeta donde la palabra Messi es conocida. Es decir, en todos lados.

El acontecimiento puede parecer aceptable en Argentina, o en cualquier otro país de Sudamérica, pero aquí en Estados Unidos es algo tan absurdo como que la Coca Cola no la inventaron los estadounidenses.

Hay varias lecturas del hecho.

Primero, se nota un resentimiento fuerte de parte de los jugadores a un sector de la prensa deportiva argentina, especialmente a esos que han sido súper críticos de Messi y del llamado grupo de Messi y sus amigos.

Ahí está Ezequiel Lavezzi, quien fue el centro de la discordia. Un reporte de un periodista que decía que él había fumado marihuana en la concentración fue, según los jugadores, la pólvora que desencadenó la decisión de no hablar más con la prensa.

A mí no me queda duda alguna que ese hecho no fue la causa principal de la decisión de Messi y sus compañeros. Creo que hace rato están molestos con mucha prensa que no les perdona que hayan llegado a tres finales consecutivas y que no las hayan ganado.

Ahí ha habido palos al por mayor. A todos, Messi, Mascherano, Di María, Agüero, Higuaín, etc.

Es evidente que estos jugadores, que parece ser un grupo muy unido con y hacia Lio Messi, han llegado al momento de ebullición, donde no aguantan más.

Pero están equivocados, demasiado equivocados.

También se nota que en los últimos meses ellos tienen una piel muy fina cuando se trata de críticas, las cuales muchas veces incluyen a sus familiares y amigos, lo cual es totalmente errado.

El éxito de llegar a esas finales, sumado a tener al mejor del mundo y la realidad de que la mayoría de esos jugadores brille en Europa, ha creado una reacción adversa de muchos medios en la Argentina que se preguntan por qué no ganan nada con su selección desde la Copa América del 1993.

Y hay que aguantar las críticas, por muy duras que sean. Esa es una de las bases de la sociedad moderna, de la sociedad democrática y los deportistas no pueden quedar exentos por ningún motivo.

Así de sencillo.

¿Se imaginan a Lebron James, Dwyane Wade o Chris Bosh haciendo un boicot a la prensa cuando se juntaron en el 2010 y fueron "asesinados" por la prensa de todos lados, menos la de Miami? No se lo hubiesen perdonado y los habrían criticado mucho más fuerte aún.

¿Qué tal si Alex Rodríguez hubiese decidido no hablar con toda la prensa tras su escándalo de Biogénesis o cuando regresó de la suspensión de una temporada?

Sencillamente se hubiera convertido en el hazmerreír de todo el mundo deportivo y hubiese sido criticado mucho más fuerte.

Esas son las reglas del juego. Y no las ponen precisamente los atletas. Ellos se deben a su gente y la prensa es el vínculo con sus fans, aun con las redes sociales en su apogeo, donde ellos tienen millones de seguidores e interactúan muy bien con su gente.

Pero la prensa, incluso siendo mala y amarillista, está para hacer su trabajo. Aunque sea malo y no guste a las estrellas modernas, las cuales son muy sensibles y parece que se molestan con cualquier conato de comentario negativo.

Son tan poderosos los atletas modernos, generan tanto dinero, que muchas veces piensan que tienen a Dios cogido por las barbas. Y no es así. Puede que tengan un mar de seguidores leales hasta la muerte pero ellos no pueden decidir lo que se escriba o se reporte, aun si está errado.

Si hay calumnia o infamia hay que ir a los tribunales. No crear un veto.

Ya vivimos bastantes dictaduras en nuestro continente para que ellos impongan otra.

Messi, te equivocaste.

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