El bisnieto quiere que le escriban. No tengo idea de cuáles fueron las circunstancias en las que se les apareció a mis colegas Iliana Lavastida y Jesús Hernández en Diario las Américas. Su nombre es Francisco Franco Suelves, y es descendiente del dictador español Francisco Franco. Exactamente a ellos concedió una entrevista exclusiva que puedes encontrar en diariolasamericas.com.

Para el bisnieto del general, su apellido es razón de orgullo. Aunque se ha mantenido alejado de la vida pública revela que le toca administrar el legado de su bisabuelo. Lo cuenta con abundante dosis de arrogancia y soberbia.

En defensa de su pariente, esgrime una de las justificaciones más socorridas. Dice el joven Francisco que “Franco salvó a España de ser satélite de Moscú”. Suele ocurrir que los dictadores se pinten ante el mundo como redentores de lo humano y lo divino. Pero nunca ha sido recomendable que te pintes la cara si no eres payaso.

Ellos siempre prometen que los países volverán a ganar guerras, en días en los que la mejor guerra es la que no se echa. Alegan una supremacía mundial amparada en expresiones xenofóbicas y extremistas. Alimentan a enemigos que no existen e instan al crecimiento puertas adentro, inculcando muchas veces un nacionalismo barato que impide el desarrollo de las naciones a largo plazo.

Los dictadores nos hacen creer que el presente entusiasta, perfectamente rodeado de sulacranes y guatacas, garantizará un futuro que nunca llega. Pisotean el porvenir desde un ahora utópico e inconsistente que sólo existe en sus desmedidos egos.

Ojo. Para los efectos del bisnieto del dictador, la Unión Soviética quería que España hablara Ruso, y se sometiera a la perfecta organización de los necios, la misma que hizo que el Comunismo se desplomara y dejara huérfanos a sus seguidores testarudos y resacados, los mismos que han inventado sistemas que hacen temblar al mismísimo Lenin entre los muros del Kremlin. Para el bisnieto orgulloso, Franco es el único militar que le ha ganado una contienda bélica al Comunismo.

La entrevista me resultó realmente reveladora. Se escucha en ella la voz de un compinche convencido. Hay ciertos tonos de complicidad que me asustan. No deja de intimidarme el hecho de que mucha gente secretamente quisiera dictaduras si ellos fueran los dictadores.

Creer que la política y los políticos son materias desagradecidas es otro de los alimentos para quienes sueñan con manipular a los demás. No todo lo que brilla es oro, eso es cierto.También es verdad, como ya se ha dicho, que la política no corrompe, la política solo desenmascara.

Asustan estos renacimientos de los cuales es mejor conservar aviso, esa es la utilidad esencial del periodismo. En días de milicias borrachas y de cenizas dulces, hay que estar prevenidos para responder con firmeza que las dictaduras hasta el sol de hoy no han servido esencialmente para nada.

Es hora de que sus exponentes y descendientes acepten los sucios paños, pues penosamente abundan aún los sitios donde todo se confunde o peor, lo que es lo mismo: en casa del ciego el tuerto sigue siendo Rey.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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