Ser dictador se ha puesto difícil últimamente. De hecho, incluso los que tienen vocación auténtica de desempeñar semejante vocación se ven obligados a proclamar que son demócratas e incluso LOS demócratas.

  1. Declárese defensor de pobres y oprimidos. Da lo mismo si luego entra usted en la lista Forbes de millonarios y el pueblo anda mendigando un pedazo de pan. Proclámese caudillo de los parias de la tierra y adelante con los faroles. Por encima de todo y pase lo que pase, usted debe dar la imagen de ser el paladín por antonomasia de los desposeídos.
  2. Afirme su antiamericanismo. Abomine a los Estados Unidos y no lo disimule. Levantar la supuesta bandera de la lucha contra el imperialismo yanqui siempre rinde beneficios. Aunque se dedique a agredir a otras naciones en medio mundo, africanos, hispanoamericanos, no pocos asiáticos y, desde luego, la mayoría de los españoles lo venerarán como un referente indiscutible.
  3. Prive al pueblo del fruto de su trabajo. Llevar a una sociedad a la prosperidad y dejarle en los bolsillos el dinero que ha ganado no suele ser agradecido en términos históricos. Sin embargo, reducirla a la pobreza es una conducta rezumante de ventajas. De entrada, la gente se asusta ante la realidad cotidiana y anda tan apurada por llegar a fin de mes que se le quita la política de la cabeza. Además aunque se manifiesten, no hay riesgos. Está por aparecer un régimen que haya caído porque la población pasa hambre.
  4. Ofrezca metas etéreas en lugar de realidades tangibles. Ni se le ocurra tratar los problemas reales de la colectividad. Por el contrario, martillee incansablemente con la idea de que la miseria si existe está compensada por los avances en educación y sanidad. La propaganda que sabe recoger los verdaderos logros del régimen se bastará y se sobrará para ocultar realidades desagradables.
  5. Domestique a los medios. Con que les envíe a un inspector de impuestos o les corte la publicidad institucional, no habrá problemas. Hasta, con un poco de suerte, podrá evitarse encarcelar o fusilar a periodistas. A los más testarudos siempre les puede obligar a abandonar el país o ayudarles a tener un accidente. No faltarán los que opten por lo primero antes de que suceda lo segundo.
  6. Mime a las fuerzas armadas. Preséntelas como el bastión frente al imperialismo y deje claro que si hay tiros alcanzarán, en primer lugar, a sus conciudadanos.
  7. Déjese querer. Aunque lo que le digan le entre por un oído y le salga por otro, abrace a papas, a reyes, a lamas, a todo el mundo. Recuerde que lo importante no es ser digno de amor sino que ellos lo crean así.
  8. Insista en su progresismo. Entendámonos: si llega el caso, puede encarcelar a creyentes, homosexuales o miopes. Todo eso es secundario siempre que la propaganda deje negro sobre blanco que usted y su régimen progresan en el sentido de la Historia, sea éste el que sea.

Créame, amigo aspirante a dictador, actúe así y, aunque no se llame Castro, tras su fallecimiento como tirano, serán millones lo que llorarán desconsolados su tranquila muerte en la cama.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cuál será la principal consecuencia luego de los resultados de las elecciones en Venezuela, señaladas de fraude?

El régimen de Maduro quedará más deslegitimado
Se afianzará el régimen de Maduro y se debilitará la oposición
ver resultados

Las Más Leídas