Venezuela transcurre sus días en una tragedia que pareciera no tener final. Una llamada “Unidad opositora” se encargó eficientemente de matar el furor ciudadano que había retomado la calle, y con un diálogo que no fue más que respiración boca a boca a un régimen que se enfilaba hacia su desaparición permitiéndonos rescatar democracia, justicia y libertad, nos devolvió a las terribles arenas de la desesperanza, del aturdimiento, de la decepción…

En ese estado anímico nos sacudió un hecho que cual reguero de pólvora acaparó los titulares de la prensa mundial y agitó los centros de Poder de muchos países: El gobierno estadounidense, a través de una de sus instituciones más eficientes y respetadas -el Departamento del Tesoro- después de muchos rumores y muchas esperas, acusó a Tareck El Aissami -capo castrochavista y actualmente Vicepresidente de Venezuela- de ser uno de los más grandes traficantes internacionales de drogas, colocándole de inmediato en esa lista negra que conlleva la congelación de sus activos, asunto que involucra la pérdida de todos sus instrumentos financieros: cuentas bancarias, tarjetas de crédito, acceso a financiamiento y medios electrónicos de pago. Pero algo más grave aún es que estas medidas se extienden hasta su entorno comercial, laboral y familiar que será escrutado con la misma severidad ya que con frecuencia son utilizados para acciones ilícitas entre ellas el lavado de dinero.

Estar en la lista OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros) de inmediato enciende alarmas en las aduanas, aeropuertos y puertos a nivel internacional, y a esas personas marcadas como “individuos OFAC” se les limita casi totalmente la movilidad internacional. Hoy El Aissami tiene el “Honor” de haber entrado en tan “Selecto grupo” y aunque el régimen castrochavista se dedica a tapar aún más la información y a ahorcar la libertad de expresión (Caso CNN que se une a NTN24 e INFOBAE) es conocido de millones de venezolanos y extranjeros que esa fortuna calculada por las autoridades de EEUU en más de $3.000 millones, no es precisamente producto de trabajo límpido y ahorros de este hijo de sirios cuya familia ha estado siempre vinculada a tiranías tan sanguinarias como la de Saddam Hussein y es del entorno más cercano de familiares de Hugo Chávez, hombre de confianza de la tiranía cubana y la teocracia iraní y pieza clave en la penetración de agrupaciones terroristas islámicas como Hamas y Hezbolláh entre otras no solo en Venezuela y Latinoamérica sino en todo el occidente.

Ahora este aliado indispensable de Nicolás Maduro también es señalado como un capo del narcotráfico por la poderosa Administración para el Control de Drogas (DEA) una de las agencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos que nos ha mostrado un tenaz hacer y que ha asentado fuertes golpes al tráfico de drogas, sus cabecillas y tentáculos, entre ellos la captura de Efraín Campos Flores y Franqui Flores de Freitas sobrinos de Cilia Flores, la mujer de Nicolás Maduro. La DEA certera, decisiva en toda pesquisa no precisamente ha realizado esta investigación de Tareck El Aissami posterior al cambio de gobierno de Estados Unidos. Ahora son muchos los conocedores, investigadores, políticos y ex funcionarios norteamericanos que están denunciando que el Departamento de Estado durante la administración de Barack Obama buscó silenciar o posponer toda acción basada en los trabajos de la DEA y con esto lograr que el régimen nefasto de Maduro continuará al costo del hambre, la ruina y la muerte de cientos de miles de seres en un pobre país saqueado, convertido por el castrochavismo en guarida de hampones, unos en el gobierno y otros apoyados por ellos e impunes para que sigan delinquiendo en toda la geografía venezolana.

Así Roger Noriega, ex subsecretario de Asuntos Hemisféricos durante el gobierno del presidente George W. Bush, hace unos días denunció como la Administración Obama bloqueó sanciones contra líderes chavistas involucrados en el narcotráfico. Administración promotora del nefasto diálogo junto con Bergoglio, Rodríguez Zapatero, Leonel Fernández, Martín Torrijos, Ernesto Samper y esa “Unidad” montada alrededor de dudosos intereses por una MUD desprestigiada y sin credibilidad alguna, que como es evidente debilitó las protestas ciudadanas y atornilló a Maduro y sus secuaces.

Y los hechos, que nada tienen que ver con parapetos endógenos y viles intereses, nos están mostrando que los tiempos de la DEA son perfectos y sus investigaciones valen y no caducan.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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