La Venezuela secuestrada por la pandilla de Maduro y Diosdado Cabello ya solo muestra imágenes de muerte, de hambre, de corrupción. Narcoestado de donde salen toneladas de droga hacia el mundo entero. En ese devenir fue interceptado la primera quincena de mayo un pesquero venezolano con 2.400 kilos de cocaína por las fuerzas de seguridad españolas después de haber sido detectado gracias a la colaboración de los departamentos antidrogas de Estados Unidos (DEA), la agencia británica contra el crimen organizado (NCA) y la Policía de Portugal.

El pasado lunes 15 Mercedes Roldós, delegada del Gobierno español en Canarias, informó del gran alijo de coca en un barco muy deteriorado que además llevaba por nombre “Alí Primera”, un cantautor comunista que la peste roja elevó a sus altares y tomó como símbolo y su música acompaña todo evento chavista. Y va quedando al descubierto el horror que nos ha significado el ascenso al Poder de Hugo Chávez y su horda de delincuentes tanto civiles como militares.

De aquella Venezuela famosa por sus riquezas naturales, sus mujeres bellas, su bonhomía para abrirle las puertas a todo aquel que buscara rehacer su vida, convertir en realidad los sueños y hacerse hijo de una tierra única, ya poco queda… La pandilla de acrídidos insaciables arrasó el país y no conforme con eso, riega de sangre y cadáveres su geografía. Fuera de los miles de muertos que se cobra el hambre, la falta de medicamentos y el hampa, ahora se le suman las víctimas de la brutal represión de quienes saben muy bien que de perder el Poder, su destino son los tribunales nacionales e internacionales y la cárcel, porque no obstante mucho cómplice está buscando lograrles impunidad, una ciudadanía enardecida y despierta lo impedirá y tendrán que entregar cuentas de sus crímenes.

Hasta el momento de escribir esta columna, se contabilizaban 48 seres cuyas vidas la segó la pandilla roji-verde de civiles y militares que solo responden a su ambición e infinita maldad. 48 muertos en poco más de 45 días que lleva lo que con absoluta pertinencia muchos la llaman “Rebelión de abril”. 48 vidas apagadas para siempre por la canalla acción de una fuerza militar indigna que responde a los intereses de Raúl Castro y su tiranía; 48 vidas a las que tenemos que sumar, por nombrar algunas de las que quedan tapadas por la desinformación, a más de 70 bebés recién nacidos que en las últimas 6 semanas murieron en el Hospital Central de Valera (Estado Trujillo), y digo “Por nombrar algunas” ya que es de todos conocida la terrible crisis que padecemos los venezolanos en un país donde se ha realizado el más asqueroso y repudiable saqueo y se muere de hambre y mengua.

Producto de ese saqueo conocemos de una fauna ostentosa y desvergonzada que se pasea por el mundo mostrando su dinero mal habido, su vida de millonarios y su pretensión de que nadie les señale. En España, en Estados Unidos, en Suiza, en Australia les estamos viendo acorralados por la censura social, la única que realmente es eficiente. Magnates del desfalco, hijos de ladrones del erario público, barraganas de narcochoros chavistas, todos están siendo mostrados a la opinión pública y están conociendo la ira de los que se vieron forzados al destierro, los que fueron arruinados, los que perdieron sus empleos por no ser focas aplaudidoras de la canalla roja, los que aterrados por sangrientas acciones del hampa apoyada por el régimen, tuvieron que salir, muchos sin dinero, a tratar de reconstruir sus vidas golpeadas inmisericordemente.

Y frente a esa merecida acción de repudio, simultáneamente aparecen “Opositores” (y miren que encomillo el término) que de inmediato corean las enfurecidas pretensiones de unos delincuente que además de impunidad desean tranquilidad para el goce de lo robado.

Y es que nadie me obligará a solidarizarme con estos hampones. Nadie a condolerme –por nombrar a una- de la hija de Jorge Rodríguez disfrutando en Australia del dinero que su padre no puede justificar. Esa que cínica se pasea con un guardaespaldas por Bondi Beach, Nueva Gales del Sur. Deshonesta, mayor de edad, incapaz de apiadarse –por ejemplo- de Diego Arellano ese biólogo de 31 años, asesinado en San Antonio de los Altos, mientras protestaba contra los que nos han robado el país. Diego con esa mirada al cielo, herido de muerte y su sonrisa inolvidable, diciéndonos: Sigan la lucha por mí

Por Diego y por todos los caídos, prometo ni callar ni dejar de luchar contra esta gentuza ladrona y asesina que destruyó Venezuela.

ebruzual@gmail.com / @eleonorabruzual / www.gentiuno.com

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