Presente y futuro de la industria inmobiliaria en Miami
Para proteger la industria inmobiliaria deberían estimularse a los urbanizadores construir de inmediato para personas de bajos recursos con programas financieros promovidos desde el gobierno

¿Hasta dónde va a llegar la escalada de los alquileres de las propiedades inmobiliarias? ¿Hasta dónde subirán los precios de las casas? ¿Cuándo y quién puede resolver esta vorágine?

Estas son las preguntas que a diario oímos en las calles, en las oficinas, en los supermercados, en los centros de trabajo y en todo lugar que hagamos acto de presencia en este gran Miami. La respuesta es muy compleja, ya que no solamente implica el aumento de precio de un producto de necesidad primaria, si no también, en cómo afecta la calidad de vida de los ciudadanos de todo el condado.

Si los residentes de Miami tuviesen la solvencia necesaria para pagar los precios que a diario aumentan, en el mercado inmobiliario, este asunto no tuviese importancia alguna; pero la subida de los precios de los alquileres afecta el modus vivendi de numerosas familias. Ante todo, sufren las familias de los trabadores y empleados menos calificados, los cuales se ven hasta en la necesidad de reducir las viandas primordiales en su dieta diaria; y hasta se ven forzados a cortar la dosis de medicina, requerida y necesaria para muchos, para poder hacer frente al aumento del alquiler de la vivienda.

Sufre la clase media, principalmente la media baja que, aunque con mejores salarios y más estables empleos, debe reajustar sus presupuestos como arma para enfrentar el fenómeno. Además, al subir los precios de las propiedades para la venta, en el mercado, se ven limitados en sus aspiraciones de crecimiento y se mantienen en las viviendas que ocupan, por más tiempo del que desean o consideran lógico hacerlo.

También es necesario analizar que, a pesar de los bajos precios de los intereses hipotecarios, para la compra de inmuebles, los requisitos de la industria financiera para otorgar un préstamo se han perfilado de tal manera, que obtener una hipoteca inmobiliaria llega a representar la realización de un pequeño milagro.

La industria de los seguros tampoco se ha quedado rezagada al respecto, y con nuevas exigencias e inspecciones, aparte de encarecer y alargar el proceso, lo convierten en una pequeña pesadilla.

Conste que no estoy en contra de cualquier medida que ayude a evitar el fraude y el engaño; pero en ocasiones considero que se les va la mano. Como ejemplo me atrevo a citar la absurda exigencia, para otorgar una póliza de seguro en un condominio de veinte unidades, al pedir un seguro de inundación individual y específico, para la unidad que el comprador está por cerrar, existiendo un seguro de inundación activo, el cual cubre todo el inmueble.

Así las cosas, las propiedades que se erigen actualmente son más orientadas a las torres de condominios de lujo, cuyos precios fluctúan desde los quinientos mil dólares, hasta los cuarenta millones de dólares por unidad.

En cuanto a las casas unifamiliares nada es diferente, en la actualidad cualquier casa usada, fabricada en los años cincuenta del siglo pasado, si ha sido mantenida en buenas condiciones, su dueño seguro querrá obtener por ella trescientos cincuenta mil dólares, como mínimo; y en cuanto a las de nueva fabricación, me reservo el comentario.

El futuro a corto plazo tampoco es muy halagüeño, en lo que a la vivienda se refiere, pues la fabricación avanza lenta y cansina, y de acuerdo con la demanda por alojamiento existente en el condado Miami Dade, considero que se debía alentar aún más a los desarrolladores, para que comiencen a construir, de inmediato, edificios para personas de bajos recursos. Esto podría lograrse mediante programas financieros existentes, a ese efecto, establecidos por el HUD.

Primeramente tiene que ocurrir esto, antes de que los constructores sientan la necesidad de cambiar el aspecto de las ciudades y comiencen a derribar edificaciones, ya obsoletas, para darle un corte más funcional que genere mejores dividendos, seguridad y confort a sus futuros habitantes.

Cuando la industria de la construcción inmobiliaria establezca su marcha, al paso que debe llevar en esta pujante ciudad, respondiendo a la importancia que ya tienen en el panorama mundial, abundará el trabajo, circulará más el dinero y con ello crecerá la economía del área, haciendo ya las rentas menos onerosas y facilitando la posibilidad de la compra de viviendas.

Tony Ruano es consultor inmobiliario y autor del libro “Bienes raíces. Manual práctico de compra, venta y administración.” tony@ruanobrokers.com