Rebelión en la Casa Blanca
Poco a poco, el mandatario está siendo controlado por las mismas personas a las que les confió la responsabilidad de implementar sus deseos, lo que ha provocado su irritación y frustración

Desde que Donald Trump llegó al poder, el “establishment” en Washington ha tratado de adaptarse a un líder que se resiste a su influencia y que trata de hacer su voluntad, aunque vaya en contra de las reglas.

Por su parte, el Presidente siempre dejó clara su intención de continuar siendo un "espíritu libre", particularmente de cara al poder establecido y que el centro de su gestión estaría siempre orientado a las necesidades y las demandas de aquellos que lo apoyan.

Sin embargo, Trump subestimó a ese conjunto de personas, instituciones y entidades influyentes que procuran preservar el orden establecido.

Poco a poco, el mandatario está siendo controlado por las mismas personas a las que les confió la responsabilidad de implementar sus deseos, lo que ha provocado su irritación y frustración en respuesta a los intentos de administrarlo.

En realidad, ningún presidente puede llevar a cabo sus funciones sin un gran personal que lo asesore en temas trascendentales y que organice su itinerario cada hora del día.

Por eso, cuando eligió a John Kelly, un exgeneral de la Marina, de cuatro estrellas, para ser su jefe de Gabinete, la movida fue percibida como una concesión de su parte para traer orden y disciplina a la Casa Blanca después del aparente caos que reinaba.

Pero recientemente se han producido señales, que dan cuenta de cómo Trump se encuentra incómodo de tener a Kelly, como el cerebro encargado de organizar el desempeño de su autoridad.

Ahora, por ejemplo, nadie tiene acceso al Presidente sin el permiso del general retirado, por lo que esa pleamar de personas, que solía llamar a Trump durante todo el día o tener una charla fuera de agenda en la Oficina Oval, ha sido contenida.

La información también está restringida para que el Presidente solo vea lo que necesita ver, previa aprobación de Kelly.

Por supuesto, esto es lo que debe hacer un buen jefe de Gabinete: equilibrar los intereses entre los diferentes actores, establecer un criterio político y comunicacional sobre los mensajes que lleguen al jefe de Estado, además de coordinar sus relaciones con los entes del Gobierno, los partidos políticos y el Congreso.

El presidente de los Estados Unidos no puede leer todo lo que produce el personal de la Casa Blanca; no tiene tiempo para escrutar cada información de inteligencia enviada por la CIA o el Consejo de Seguridad Nacional, por eso, su equipo de asesores es el encargado de sintetizar miles de palabras en unos pocos párrafos, para facilitar la toma de decisiones.

En todo caso, después de décadas de dirigir su propio imperio empresarial, Trump claramente no es el tipo de presidente que disfruta ser controlado por otros y al parecer, extraña ver irrumpir gente en la Oficina Oval para verlo.

En lo que respecta a Kelly, su vida profesional se ha desarrollado dentro de las filas del Ejército. Sabe conducir hombres y mujeres en circunstancias excepcionales, pero aparte de su tiempo como director del departamento de Seguridad Nacional no ha tenido otra oportunidad para lidiar con una vasta administración pública.

Por lo pronto, aunque Trump ha dicho públicamente que Kelly está haciendo un buen trabajo, continúa incómodo y molesto ante esos intentos por mantenerlo bajo control. Si esta situación se prolonga, la pregunta sería ¿Sobrevivirá el jefe de Gabinete a esta batalla?