Corte dos kilos de intolerancia en dados pequeños. Agréguele una multitud con ideas martilleantes y confusas sobre grupos de personas definidos por género, identidad, religión, nacionalidad, ideología. Por etnia, por raza. Por su grupo social o afiliación política. Por su orientación sexual, por discapacidad, por sus orígenes.

Para obtener un sabor con doble de matices pruebe a convertir los trozos en partes hexagonales. Un cuchillo bien afilado podría ayudar; sin embargo, los cortes más precisos se logran con una herramienta llamada indiferencia. Instrumentos similares como la inercia o la indolencia podrían lograr el mismo efecto sobre la intolerancia. Las arengas vacías, por ejemplo, la harían suculenta. Si se le agregan unas gotas de olvido e irresponsabilidad, se hace exquisita para fines políticos, ideológicos, económicos, religiosos, nacionalistas, “identitarios”. Detrás de cada buen cocinero de intolerancia hay una variedad considerable de recetas que, como dieta cotidiana, entran en nuestro ámbito bajo fórmulas de violencia verbal, física, moral.

La intolerancia, como materia prima, está emparentada con el odio y con la sinrazón. Para sus comensales más selectos no hace falta entenderla o saberla elaborar. Les basta con devorarla, a ser mejor en grupo y tras un parapeto cuanto más artificial mejor. En realidad es un plato tan altamente compatible con la cobardía y la falta de criterio que ha llegado a estandarizarse en casi todas las cocinas extremistas del mundo. Eso sí, a los gourmets de la intolerancia les están reservadas otras delicatesen, igual de intransigentes pero sofisticadamente repulsivas. Suelen venir con violencia como plato acompañante.

Cada vez se consume más entre intolerantes que ejercen violencia verbal contra quienes ellos consideran diferentes. Violencia sexual ejercida en nombre de algún Dios inventado en la premura de la noche. Violencia física contra homosexuales. Violencia doméstica contra la propia familia. Violencia terrorista contra multitudes de personas inocentes, violencia mortal. Violencia virtual contra adolescentes internautas.

La violencia es a la intolerancia, lo que el comino a los frijoles negros. En las sociedades reguladas por leyes bajo las que todos somos supuestamente iguales, la balanza podría desequilibrarse a favor de la violencia cuando el chef entronizado reparte recetas incompletas o ingredientes intercambiados. En ese caso se podría desatar una posterior tormenta convertida en hartazgo.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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