La represión es un mecanismo del cual se sirve una persona o entidad para rechazar representaciones, ideas, pensamientos, recuerdos o deseos, y en el contexto político implica castigar un comportamiento que no se ajusta a las directrices de quien está en el poder. Cuba es un ejemplo clásico, sin desconocer a otro país que como Venezuela, avanza o más bien retrocede por el mismo camino hacia un insondable abismo.

Quienes soñaron con una Cuba sanada de ese cáncer letal, después de la visita del expresidente Obama a la isla, estaban equivocados. Creer que el cubano podría salir a las calles a reclamar una libertad esquiva, sin la coerción de unas autoridades proclives a la crueldad y la barbarie, resultó una falacia o tanto como un espejismo en ese desierto estéril llamado socialismo.

Ese proceder ruin del régimen castrista no ha cambiado en nada. Peor aún, ha tomado un aliento que se siente en los escenarios cuyos protagonistas, todos ellos cubanos hastiados de la retórica de un gobierno pusilánime y mentiroso, elevan sus voces de protesta en procura del retorno de la democracia a los estamentos de poder en la isla.

La denuncia de la líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, en relación al confinamiento de una de sus compañeras de lucha en un sanatorio-prisión, por su condición de portadora de VIH, deja un sabor amargo en el mundo libre, y evidencia la creciente represión en suelo cubano.

Saber que en estos momentos la activista Jaqueline Heredia se encuentra confinada en la cárcel de San José de las Lajas, en las afueras de La Habana, aislada en una sección para enfermos de tuberculosis, sin que esta valerosa mujer padezca esa enfermedad, es lo más parecido a imaginar, en estos tiempos, la dictadura rumana de Nicolae Ceaucescu.

Aquellos eran tiempos de golpes, descargas eléctricas, ejecuciones, inmovilización en posturas incómodas, comida insuficiente y abusos sexuales como parte de una lista de formas de tortura que empleaban los oficiales de la Securitate, además del famoso experimento Pitesti, que consistía en reeducar a los enemigos del comunismo a base de torturarlos para que ellos, a su vez, torturaran a sus compañeros.

Si no es una forma de tortura mantener por más de un año en prisión a una mujer cuyos días podrían estar contados debido a la enfermedad que padece, entonces ¿cómo podríamos denominar lo que el régimen está haciendo con Jaqueline Heredia? Soler está convencida de que el castrismo quiere menguar el movimiento femenino que preside llevando a prisión, en condiciones ominosas, una a una, o en pequeños grupos, a quienes conforman esa organización disidente.

Entretanto, el cubano sigue imaginando una nación libre de su mayor enemigo: el socialismo, y anhelando gozar de unas libertades que a base de represión parecen cada día más inalcanzables.

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