Respetar las leyes como necesidad
Comey -a la defensiva y visiblemente molesto por su destitución- se limitó a criticar al gobierno de EEUU por difamarlo a él y al FBI y, solo después, ante la precisión de las preguntas de los senadores, aclaró que Trump nunca le pidió cerrar la investigación sobre la atribuida interferencia de Rusia en las elecciones

El exdirector del Buró Federal de Investigación (FBI), James Comey, compareció este jueves ante el Comité de Inteligencia del Senado para dar explicaciones sobre la presunta obstrucción de la acción de la justicia por parte del presidente norteamericano Donald Trump, y por los supuestos contactos que mantuvieron sus asesores de campaña con la Inteligencia rusa antes de la elección presidencial.

Eran cuestiones que exigían ser aclaradas. Como lo era que no quedaran dudas sobre la tergiversada teoría -recurrida hasta la saciedad por el partido demócrata y numerosos medios de comunicación- de la existencia de una colusión entre Trump y Putin para ganar las elecciones.

Sin embargo, Comey -a la defensiva y visiblemente molesto por su destitución- se limitó a criticar al gobierno de EEUU por difamarlo a él y al FBI y, solo después, ante la precisión de las preguntas de los senadores, aclaró que Trump nunca le pidió cerrar la investigación sobre la atribuida interferencia de Rusia en las elecciones, pero que interpretó su petición de dejar en paz al asesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, quien estaba en la mira de la investigación, como una "instrucción".

Las cuestiones medulares suscitadas sobre si existen pruebas de que Trump cooperó con Rusia para ganar la elección, sobre las presuntas presiones de Trump para afectar la independencia del FBI, así como una posible obstrucción a la justicia por parte del presidente, Comey las despachó de forma elusiva, y en algunos casos las negó o evitó opinar sobre ellas.

Vagas generalidades de un exalto funcionario del gobierno que nada aclaran sobre la manera de funcionar de una acreditada institución, comprometida a servir con lealtad a la Constitución de EEUU bajo las pautas del Departamento de Justicia, y que ha de ocuparse de gravísimos asuntos -como el del espionaje o el chantaje político- en los que aparecen implicadas personas que están, o han estado, vinculadas al partido en el Gobierno y al partido demócrata.

Lo que sí resulta inquietante es que un jefe del FBI -como lo reconoció el propio Comey durante la audiencia ante el Senado de Estados Unidos- haya revelado a través de un amigo a la prensa el contenido de sus conversaciones con el presidente de Estados Unidos mientras estaba en el cargo, y que reconociese recibir instrucciones por parte de la fiscal general, Loretta Lynch, durante el gobierno de Obama, para que no llamara "investigación" sino "asunto" al rastreo sobre el servidor de correo electrónico de Hillary Clinton.

Comey ha desaprovechado una oportunidad para reforzar la capacidad de generar confianza de una institución esencial en un Estado de derecho pero cuya credibilidad está -por culpa de la interferencia de la clase política y mediática- en duda ante la ciudadanía.

Sus declaraciones no son ajenas al contexto político de crisis de la democracia directa y participativa, en el que se imponen con suma facilidad la demagogia, las medias o falsas verdades, los conflictos de intereses y las promesas de difícil cumplimiento.

En política, el margen de maniobra puede ser más pequeño de lo que creen los que siempre se han empeñado en huir hacia adelante. Por ello, la investigación debe seguir su curso. Y cada uno de los hechos deben esclarecerse totalmente y exigirse las responsabilidades que correspondan.

La democracia norteamericana debería dar señales de su empuje y madurez, y la justicia -si es independiente mejor- le corresponde pronunciarse a través de la firmeza de sus procedimientos y sentencias, no a través de los medios de comunicación ni de las opiniones personales de aquellos que la imparten desde el Gobierno, con el sólo fin de utilizar las instituciones como pretexto para judicializar la política o politizar la Justicia.

Lejos de acallar las dudas, el rumor continuo y las interferencias políticas en nada contribuyen a prestigiar y respetar la ley y el Estado de derecho como defensa de nuestros derechos individuales.

(*) Analista y consultor