Otra reforma al sistema de salud vendría bien si estuviera concebida para mejorar la anterior.

Para nadie es sorpresa que la Ley de Cuidados de Salud Asequible, popularmente conocida como Obamacare, aprobada por el Congreso durante el primer período de mandato del presidente Barack Obama, fue instaurada con ciertas debilidades que podrían desembocar en un mal mayor.

Supimos que no se trataba de una medida que establecía obligaciones de contribución, ni creaba un sistema público de salud, sino de la adquisición de una póliza que es subsidiada por los gobiernos federal y estatal, que obliga a los ciudadanos a adquirirla a cambio de no tener que pagar una multa anual de cientos de dólares.

También conocimos las deficiencias de la cobertura médica, la ineludible burocracia, los altos copagos y el peligroso alza de la mayoría de las primas, pero aplaudimos la aceptación de condiciones médicas preexistentes, la suma de unas 23 millones de personas favorecidas y la probabilidad de incorporar al cuidado de salud a millones más de trabajadores.

Según los informes extraoficiales, la propuesta de ley que se discute en el Senado estos días, que trata de mejorar la versión aprobada por la Cámara Baja el pasado mes de mayo, ahorraría unos 321.000 millones dólares al déficit público federal en varios años.

No obstante, la propuesta no sólo podría eliminar la aceptación de condiciones médicas preexistentes, sino que reduciría los subsidios de los gobiernos federal y estatal para personas de pocos recursos y aumentaría los costes mensuales para todos, según anticipó el esperado informe de la Oficina Presupuestaria del Congreso.

En síntesis, el texto que se encuentra en manos del Senado dejaría sin seguro a 15 millones de personas más que la legislación vigente, conocida como Obamacare, lo que preocupa enormemente a varios senadores republicanos que son claves para su aprobación.

Vale recordar que de nada sirven las buenas intenciones cuando las acciones conllevan a un mal de connotación humanitaria. Sólo el tiempo dirá si somos capaces como nación de someter a los mercaderes de la salud y establecer un sistema público digno del país más desarrollado del mundo.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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