Estados Unidos permanece bajo la lupa mundial y debe reaccionar de manera tajante ante cualquier agresión al territorio nacional o a sus ciudadanos. Por eso es harto entendible la respuesta. El viernes 29 de septiembre se anunció la retirada de más de la mitad del personal de su embajada en La Habana, se hizo la advertencia a viajeros norteamericanos que no deben visitar la isla, y aplazó el otorgamiento de visas por tiempo indeterminado en la sede diplomática de la Habana.

La reacción es normal. El daño y la manipulación, acumulados durante más de 57 años, influye peligrosamente en la manera de mirar cualquier evento que involucre a la isla dictatorial y surrealista. La historia es testigo de que cada vez que ha habido alguna señal de acercamiento entre ambos países, una repentina eventualidad aparece y lo imposibilita. Ejemplos: éxodo del Mariel, crisis de los balseros de 1994 y el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996.

Pero la circunstancias en noviembre de 2016, fecha que según se comenta tuvieron lugar dichos ataques, aunque con similar precariedad, son bastante diferentes al momento del desplome del antiguo campo socialista y el mercado cubano.

En noviembre de 2016, la isla contaba con asociados comerciales, inversión extranjera, con desarrollo incipiente y pobre pero existente, de iniciativa privada, y la posibilidad de convertirse en socio comercial del sempiterno enemigo, Estados Unidos.

La principal diferencia de la era Obama con los 80 y 90, radica en la ausencia de Fidel Castro, artífice principal del estado criminal y totalitario. Pero desde el 2009 Fidel dejó de tener acceso al poder y a las decisiones del país, y Raúl Castro, resulta incapaz e irresoluto como para imaginar estrategias agresivas contra Estados Unidos.

“A diferencia de su antecesor, Raúl exhibe claros rasgos psicasténicos en relación con el ejercicio del poder. A la clara obsesión de que Norteamérica es mala por definición y que toda acción proveniente de allí es una conspiración para destruir la “Revolución”, se une el miedo sobredimensionado que trata de encubrir con un lenguaje (cuando habla) de guapetón de barrio que no convence a nadie y una desmedida acción represiva ante cualquier manifestación que le resulte sospechosa. Y para completar el cuadro, estamos en presencia de un abúlico, para quien la desidia o el procrastinar es un estilo de vida. Sus máximas: “Sin prisa, pero sin pausa”, “Ninguna urgencia puede conducirnos a tomar decisiones precipitadas”, definen a este formidable haragán”, Excelente caracterización de un buen amigo.

Algunos desarrollan teorías que involucran en este ataque a altos mandos militares cubanos insatisfechos con el restablecimiento de las relaciones Cuba-USA y centran sus especulaciones sobre el comandante de la revolución Ramiro Valdés, un hombre de 85 años, que frente a la mayoría de los funcionarios cubanos no es más que el símbolo de la represión y el inmovilismo, y no tiene dominio que trascienda las fronteras de la barda que rodea su casa. Es decir, ese ícono temerario a quienes muchos aún comparan con Jack el Destripador, hoy solo tiene poder sobre el mando a distancia del televisor de su cuarto y sus escoltas, que le siguen con una mezcla de desprecio y lástima.

Si bien es cierto que Cuba es responsable por la seguridad de todo el personal diplomático en la Isla, el gobierno cubano califica como el menos sospechoso de haber perpetuado o de haber permitido que su territorio sea usado para ejecutar un ataque contra diplomáticos norteamericanos.

¿Cuál de los servicios secretos que cohabitan en este planeta podría estar interesado en afectar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos? No sé, y dudo que algún día lo sepamos. Lo que sí sé, es que las fronteras cubanas son bastante poco confiables. Por solo citar un ejemplo, recuerdo que el 18 de julio del mismo año en que se fechan los ataques, fue detenido en la capital cubana el teniente coronel Rafael Mujica, jefe del Comando Especial de Bomberos de Capdevila, municipio Boyeros, y de la unidad de prevención del Aeropuerto José Martí de La Habana, ambas dependencias del Ministerio del Interior, y se le acusó de ser el cerebro de una operación ilegal -además de millonaria- de tráfico y contrabando, de valerse de la ventajosa prerrogativa que le daba el libre acceso a las áreas restringidas de las terminales aéreas del aeropuerto habanero, para cobrarle a los pasajeros por sacar y/o entrar al país artículos prohibidos sin pasar los debidos controles aduanales y migratorios. No obstante, la corrupción aduanal continúa. Las fronteras cubanas carecen de rigurosidad, el soborno dinamita la estructura de pensamiento de funcionarios, dirigentes y aduaneros que, debido a salarios insuficientes y cero realización personal, se dejan acariciar por promesas o billetes verdes.

Según leí en la prensa, como medida auxiliar a la suspensión por tiempo indeterminado de visas en la embajada de Estados Unidos en Cuba, Washington ha considerado la posibilidad de que aquellos cubanos necesitados de este trámite lo hagan a través de embajadas y consulados de EEUU en terceros países.

No quiero caer en la trampa de juzgar. En temas de viaje se me hace difícil hablar, porque la mayoría de mis paisanos ni siquiera cuentan con fondos necesarios para viajar de Morón a La Habana; mucho menos a un tercer país a buscar la visa estadounidense. Tampoco quiero redundar en la evidente complicación que esta medida sumará a la ya conocida y reiterada separación familiar e intercambio académico-cultural.

Sería bueno conocer cual nación dará permiso especial para cubanos (pudientes o invitados) que como motivo de viaje argumenten la necesidad de asistir a la cita de la embajada estadounidense. Porque una de las tantas regulaciones migratorias cubanas dice que los dirigentes de primer nivel, familia, y amiguetes designados, tienen derecho a viajar con pasaporte diplomático que amparados en la inmunidad, que otorga la convención de Viena, pueden viajar, sin visa y sin revisión de fronteras aduanales. O sea, que esta medida accesoria que quizás persigue presionar, a la clase dirigente cubana, familiares y allegados, afecta en la misma medida que si Noruega prohibiera el uso promocional de la imagen de Guaso y Carburo en Tromso, Stavenger o Trondheim.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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