Todos con la Constitución y en contra de Maduro
Pero a la luz de la crisis institucional que acorrala a Venezuela todo indica que las Fuerzas Armadas han abdicado de aquel compromiso responsable y constitucional de salvaguardar las aspiraciones de la calle

La convocatoria de una fraudulenta Asamblea Constituyente -un golpe de Estado en toda regla que ultima el régimen de Nicolás Maduro para hacerse con el control absoluto del país mañana domingo-, constituye un desleal atentado contra el pueblo venezolano, una humillación para la dignidad y madurez de una de las más antiguas democracias del continente americano y una perversa violación de la Constitución Bolivariana, aprobada en referéndum popular en diciembre de 1999.

La defensa de la Constitución y de la legalidad vigente ha tenido en el pueblo y en el ejército venezolano sus más abnegados y admirables defensores. Este país nunca podrá olvidar la actitud honesta de numerosos miembros de las fuerzas armadas cuando en abril de 2002, cansados de los excesos de la policía contra ciudadanos indefensos y de los desmanes autoritarios de Hugo Chávez, depusieron al caudillo aunque fuese por 48 horas.

Pero a la luz de la crisis institucional que acorrala a Venezuela –con un saldo de más de 100 crímenes perpetrados por la Guardia Nacional, y a pesar de las reiteradas condenas que ha recibido la cúpula militar por su actitud cómplice hacia el régimen de Maduro- todo indica que las Fuerzas Armadas han abdicado de aquel compromiso responsable y constitucional de salvaguardar las aspiraciones de la calle, sustituyéndolo por una alarmante acomodación al poder y unos métodos que en algunos aspectos recuerdan siniestros tiempos del fascismo europeo.

Según el Artículo 328 de la actual Carta Magna de Venezuela, “la Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política”.

Todo lo que no sea respetar este artículo es despreciar la Constitución, quebrar el orden institucional, eliminar la naturaleza del modelo de Estado democrático y traicionar al pueblo soberano que es el único legitimado para convocar un proceso constituyente. Algo que dice bastante de la cultura democrática y de la visión del futuro de quienes se jactan de salvaguardar la Constitución.

La conversión democrática del Ejército, secuestrado por el poder político y económico, es necesaria para el futuro de Venezuela.

Ocurra lo que ocurra en las próximas horas o en los próximos días en este país, suceda lo que suceda a un pueblo heroico y depositario del poder constituyente originario, ferviente defensor de la Constitución y de la legalidad vigente, los golpistas están condenados por la Historia, por la ética y por los juramentos de honor que tanto derrochan presuntuosamente en público y tan poco cumplen.

La movilización cívica es un sólido bastión para desbloquear al país del acoso que le somete la dictadura. Pero es un deber inexcusable de todas las fuerzas políticas y de la sociedad civil no frustrar con sus diferencias ese empuje social, sino articularlos en estrategias de unidad y coherencia política capaces de llevar a buen término la lucha final contra el enemigo común: el golpismo.

El comportamiento de los altos mandos de las Fuerzas Armadas de Venezuela, de los diferentes partidos políticos -entre ellos los miembros del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que se oponen al dictador Maduro- de los diferentes líderes políticos representativos y de todos los sectores sociales del país, conscientes de sus valores y responsabilidades, debe estar a la altura de un tiempo histórico, decisivo para la democracia venezolana.

Después de tantos años de sangre y víctimas, la banda de narcotraficantes que gobierna el país y quienes les apoyan no pueden terminar convertidos en vencedores.

Por ello, todos los ciudadanos venezolanos y la comunidad internacional deben sumarse a la gran protesta contra el engendro arbitrario de Maduro y movilizar por todos los medios a su alcance la voluntad popular en defensa de la legalidad. Lo que está en juego es la constitución o no de un Estado dictatorial en Venezuela.

Las horas y los días venideros determinarán el futuro en democracia de los venezolanos. Se cumplirá de esta manera con un deber cívico y de firmeza para enfrentar la deriva autoritaria del chavismo y honrar a los venezolanos que han dado la vida por la libertad de todos, desde Francisco de Miranda hasta los heroicos jóvenes que en las últimas semanas han muerto en las calles de Caracas.

(*) Analista y consultor