Nunca dejará de asombrarme la increíble oportunidad que Estados Unidos ha brindado a tantas familias en el sur de la Florida: venezolanos, cubanos, colombianos, nicaragüenses y muchos más que se han reunido en nuestra comunidad ,y se han convertido en una pieza importante de esta nación después de dejar sus países de origen.

Personalmente, me pellizco cada vez que entro al Capitolio como un maravilloso recordatorio de que este país acogió a mi familia, junto a miles de otros, al mismo tiempo que recuerdo que escapamos de una dictadura.

Cuando tenía ocho años, mis padres Enrique y Amanda Ros, mi hermano Henry y yo, abordamos un vuelo de PanAm de La Habana a Miami, mientras huíamos de la revolución de Fidel Castro que despojó de libertad a Cuba, mi patria nativa. Pensamos que sería algo temporal y hasta el día de hoy conservo el pasaje de regreso, que cuelgo en una pared de mi oficina, como recordatorio de una democracia perdida. En realidad, habíamos comprado un boleto de ida y vuelta en PanAm, pensando que la revolución demoníaca de Cuba sólo duraría días, semanas o meses. Pero por desgracia esta tiranía sobrevivió a PanAm.

Nuestra familia se estableció en Miami y disfrutó la libertad de nuestro nuevo país, y eso sin hablar de todos los dulces gratis que mi hermano y yo disfrutábamos durante Halloween. Aprendí que las instituciones son el pilar de nuestro país y que las personas bendecidas con el honor de servir al público deberían trabajar para asegurar que esas instituciones se fortalezcan. Como muchas personas de nuestra comunidad, mis padres trabajaron duro, aprendieron inglés y establecieron una exitosa pequeña empresa. Pude convertirme en maestra certificada del estado de la Florida y fundar una pequeña escuela privada. Con el tiempo, decidí postularme para servir mejor las metas e intereses de las familias del Sur de la Florida. Tuve el inmenso privilegio de ser la primera mujer hispana elegida para la Cámara Estatal de la Florida, el Senado Estatal de la Florida y la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Este país es verdaderamente la tierra de las oportunidades.

Millones de personas de todas las nacionalidades y procedencias han llegado al sur de la Florida y mediante su trabajo han podido construir nuevas vidas y se han convertido en el tejido de nuestra nación. Junto a las increíbles posibilidades que tenemos como estadounidenses, tenemos la responsabilidad de participar en nuestra democracia representativa. No importa cómo hayan votado en las elecciones presidenciales, hay que celebrar una transferencia de poder pacífica. Nuestra historia ha demostrado que, cuando nos unimos, podemos lograr cosas increíbles. Esto no significa que nuestros compatriotas estadounidenses dejen de lado largos y profundos principios sólo por el bien de un compromiso. Muchos seguirán trabajando y se aferrarán a sus creencias (como deberían), pero debemos hacerlo con una mano extendida sobre temas que sean de interés nacional.

Independientemente de los antecedentes o las creencias, seguimos siendo un pueblo unido. Compartimos la esperanza de que nuestros hijos crezcan, prosperen y tengan el poder de vivir una vida significativa y feliz. Soñamos con un futuro en el que nuestros nietos realizaran sus sueños mientras permanezcan ligados a nuestra historia y tradiciones comunes. Sobre todo, vivimos con el optimismo de que mañana será un mejor día porque tenemos la capacidad de hacerlo más allá de lo que podamos imaginar.

Este fin de semana, tuve el privilegio de ver en el National Mall cuando el nuevo presidente fue presentado y el otro salió pacíficamente. Desafortunadamente, este es un privilegio que millones de personas en todo el mundo no tienen. Como las comunidades de venezolanos, cubanos, nicaragüenses y muchas otras, la idea de una transición pacífica es sólo un sueño.

Sin embargo, conocer a cientos de personas del sur de la Florida, que vinieron a la capital de nuestra nación, para participar en las festividades, todas, con diferentes historias y antecedentes, me dieron una sensación de confort. Ellos, y miles de otros, son los que mantienen y defienden nuestra democracia. A pesar de sus criterios individuales, todos ellos, e este momento, tienen el mismo objetivo: celebrar la ejemplar libertad de nuestra nación.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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