Todos los conocedores coinciden en afirmar que la música es la manifestación artística más importante que Cuba ha legado a la cultura mundial. Se piensa, sobre todo, en su ángulo popular que es de tanta riqueza rítmica e inventiva. Pocas naciones pueden adjudicarse la creación de tantos influyentes géneros musicales. De la madre rumba derivó el son en la zona oriental y toda su influyente sonoridad.

Quién no ha bailado o ha intentado hacerlo, con mayor o menor fortuna, el sutil cha cha cha, un danzón, el deportivo mambo o el coreográfico guaguancó. La facilidad de moverse en consonancia con el ritmo es uno de los misterios de nuestra idiosincrasia.

Hay, sin embargo, un área de la música cubana, tan importante como la popular, que se mueve con virtuosismo en el ámbito clásico. En esa geografía reina, desde hace décadas el amigo y maestro Aurelio de la Vega, uno de los compositores más influyentes y vanguardistas de la música contemporánea, de quien he tenido el honor de recibir su obra más reciente, el álbum Recordatio, una ambiciosa pieza para soprano y quintetos de viento y de cuerdas, inspirada en el hermoso poema De cómo Dios disfraza su ternura, de Emilio Ballagas , publicado en su libro Cielo en rehenes, del año 1951.

Como solo soy una persona que, en esencia, disfruta la belleza de la música, queda a los expertos analizar los valores formales y estéticos de estos sonidos preciosos que me impelen a ser feliz, lo cual para mi es una cualidad extraordinaria entre los artistas.

Aurelio de la Vega nació en La Habana el 28 de noviembre del año 1925. Luego de estudiar con el distinguido compositor austríaco Ernst Toch en California, desempeñó las más importantes responsabilidades docentes y artísticas en la prominente República cubana que terminó en 1959. Pero nada lo pudo amilanar y ese mismo año se estableció en Los Ángeles, que ha hecho su segunda patria hasta el presente, animado de un fervor intelectual incomparable desde su magisterio en California State University, en Northridge. Actualmente es Profesor Emérito de dicho alto centro de estudios, donde fue profesor de música y director del Estudio de Música Electrónica, entre los años 1959 y 1992.

Sus otros méritos, grabaciones, alumnado, influencia, reconocimientos, en general son inconmensurables porque se hunden en la profundidad de lo cubano universal. En la dedicatoria de su reciente álbum el Maestro me recuerda: “Debajo de cada nota en el mundo de la música de arte hay todo un conglomerado de preguntas, de búsquedas y de llegadas a tierras estéticas fértiles”. Es ciertamente un honor ser contemporáneo de Aurelio de la Vega, es la esperanza de un legado que nuestra cultura reclama.

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