Desde que Donald Trump tomó juramento como presidente número 45 de Estados Unidos, hace seis meses, se ha instalado un periodo de locura política en Washington.

La situación se intensificó cuando el Mandatario despidió a James Comey, director del FBI, en medio de crecientes sospechas de que su equipo de asesores se confabuló con Moscú para socavar la campaña presidencial de Hillary Clinton.

Como primera reacción, muchas voces, tanto en el Congreso como en los medios de comunicación, se alzaron en favor de iniciar un juicio político contra Trump.

Ahora en el último capítulo de esta saga, el hijo mayor del Presidente forma parte de la teoría de la conspiración luego de su encuentro, en plena campaña electoral el año pasado, con una abogada rusa, quien prometió facilitar material que podría dañar políticamente a Clinton.

La respuesta mediática a este nuevo desenlace ha sido casi unánime: “Trump padre y Trump hijo están en serios problemas”.

Sin embargo, ¿Es posible que miembros del Congreso y medios anti Trump puedan ver saciado su apetito por un proceso de destitución presidencial? ¿Puede el país enfrentar un “impeachment” en momentos en que hay tantos desafíos que amenazan a Estados Unidos y al resto del mundo?

Las conclusiones de la investigación del fiscal especial Robert Mueller tampoco van a escapar a las dudas, pues en el oscuro mundo de la inteligencia y las operaciones encubiertas que involucran a potencias extranjeras nunca habrá pruebas absolutas que nieguen o confirmen una conspiración, por lo que siempre habrá muchos signos de interrogación sin respuestas.

La reunión que sostuvo el hijo mayor de Trump con los rusos suena seria, pero según dijo el propio Presidente, no representa nada porque al final no se entregó ninguna evidencia perjudicial contra Clinton; una afirmación que levantó más de una ceja en señal de sorpresa.

En realidad, que el hijo de Trump, acompañado por su cuñado Jared Kushner, tomara el riesgo de participar en semejante encuentro fue un hecho imprudente por decir lo menos, aunque por lo pronto no se cometió delito porque no hubo ningún tipo de acción posterior derivada del acercamiento.

Obviamente, todo el mundo quiere saber si el presidente Trump tuvo conocimiento del suceso antes de que ocurriera y si dio su aprobación, pero por el momento padre e hijo niegan el cruce de información al respecto.

En comparación con algunos de los otros alegatos, sobre colusión entre el equipo de campaña de Trump y Moscú, esto parece tener una importancia relativamente menor, por lo que es de esperar que la historia de Trump Jr. desaparecerá de la escena, a menos que la investigación de Mueller sea capaz de presentar pruebas tan incriminatorias y devastadoras que podrían comprometer a la democracia en Estados Unidos.

En todo caso, los miembros del Partido Republicano ya están mostrando señales de impaciencia y cansancio con la insistencia del tema Trump- Rusia, pues el Presidente ha comenzado a trabajar su agenda y a dar sus primeros pasos en política exterior, tratando de establecer buenas relaciones con la Unión Europea, privilegiando a Francia como interlocutor.

Los líderes internacionales ya comienzan a acostumbrarse al nuevo estilo del Presidente de Estados Unidos, en señal de que el mundo seguirá adelante aun a pesar del informe final de Robert Muller.

¿Entonces sobrevivirá Trump a la investigación de Mueller? La respuesta es probablemente sí.

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