Con el Partido Republicano dominando el Senado y la Cámara de Representantes, el presidente Donald Trump tenía buenas razones para creer que sus políticas serían aprobadas antes de que el Congreso entrara en receso este verano.

Sin embargo, lo único que ha obtenido Trump hasta el momento es frustración por el retraso y la oposición que ha enfrentado, no solo del ala demócrata, sino especialmente de su propio partido.

La promesa que hizo Trump de eliminar el Obamacare, para reemplazarlo por una alternativa de inspiración republicana, se ha convertido quizás en su peor fracaso en lo que va de su administración.

Pero la razón es simple: las alternativas de cambio para un nuevo sistema de salud no ofrecen al pueblo estadounidense un sistema cimentado en la eficacia y la inclusión.

Muchos republicanos de alto rango han rechazado el plan de Trump, por considerar que está lejos de representar una opción justa para todos y así el Congreso entró en receso, sin haber podido solucionar el apremiante problema del Obamacare.

Otra de las propuestas del Presidente es la reforma tributaria, que se ha retrasado de igual manera, su promesa de invertir masivamente en la infraestructura del país aún no cuenta con el respaldado legislativo.

Ha sido una dura lección para el Presidente. El cálculo de Trump era que a estas alturas, tras 200 días en la Casa Blanca, podría presentar a sus seguidores los logros de sus primeros meses de gobierno.

Si bien es cierto que el mercado de valores ha alcanzado un nivel récord, y sin duda puede ser considerado como un signo positivo, las sonrisas en los rostros de los inversionistas de fondos de alto riesgo en Wall Street no necesariamente representan un beneficio económico para el ciudadano común.

Los próximos seis meses, sin embargo, podrían ser diferentes.

Trump, finalmente, ha empezado a arreglar el caos que lo rodea nombrando al general John Kelly jefe de gabinete.

Kelly puede imprimir la tan necesaria disciplina y eficiencia militar y mandar un mensaje contundente a quienes filtran información.

Con una Casa Blanca bajo control, Trump entonces podría desarrollar mejores relaciones con su propio partido y el Congreso y comenzar a obtener las aprobaciones de importante proyectos de ley en ambas cámaras legislativas.

A pesar de que una de las puntas de lanza de su política exterior fue, desde un principio, mejorar las relaciones con el Kremlin, Trump no tuvo otra opción que firmar nuevas sanciones contra Moscú debido al abrumador apoyo bicameral que aprobó medidas adicionales contra Rusia.

En casi todos los frentes, Trump ha enfrentado oposición, tal vez el general Kelly, una personalidad muy respetada en el Congreso, pueda servir de puente entre el Presidente y Capitol Hill, especialmente cuando figuras clave, como el senador republicano John McCain, presidente del Comité de Servicios Armados, ha demostrado especial resistencia para apoyar la agenda presidencial.

Mientras tanto, la investigación que dirige el fiscal especial Robert Muller, sobre los posibles nexos de Trump con Moscú, está cobrando un nuevo ritmo luego de la creación de un gran jurado que podría llevar a futuros juicios.

Trump debe sentirse como si estuviera bajo asedio. Por lo menos ahora tiene a su lado un general, con larga experiencia de combate, para ayudarlo a funcionar con más éxito como presidente.

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