Ninguna acción que provenga de la dictadura de Nicolás Maduro genera confianza entre la comunidad venezolana en el país sudamericano y menos en la otra que crece en el exilio. Incluso, entre los mismos chavistas, ese sentimiento no existe o nunca vio la luz, a pesar de los intentos del fallecido Hugo Chávez Frías.

El nuevo paso dado por el Consejo Nacional Electoral (CNE), que maneja la oficialista Tibisay Lucena, deja un tufillo nauseabundo en el ambiente luego de cerrar un alto número de centros de votación para la elección de gobernadores que se realizará el 15 de octubre.

Sin una explicación que resulte fiable, el partido gobernante, a través de su alfil Lucena, determinó eliminar esos colegios electorales que, vaya coincidencia, estaban situados en zonas como Lara, Miranda o Zulia, en donde siempre ha existido una mayor presencia de fuerzas opositoras al régimen.

La medida del parcializado CNE también puede ser otra jugarreta para pescar en río revuelto, por la sencilla razón de que la cancelación de los 77 centros supone recargar las operaciones de otros recintos, que anteriormente solo recibían unos 500 votantes.

Así las cosas, pasar de medio millar a casi 900 electores es tanto como duplicar el trabajo de los miembros de las mesas electorales, y trazar una vía que puede conducir a otro fraude que a nadie causaría sorpresa en un país en donde solo una pequeña minoría disfruta de las prebendas oficiales.

La injerencia que tiene la dictadura en el proceso electoral llega al extremo de que los centros habilitados para los votantes hacen una clara alusión a lemas chavistas, y al mismo Chávez, lo que muestra a todas luces una falta de neutralidad dentro del CNE.

Por solo citar un ejemplo, en el municipio Anaco hay un centro de votación llamado “El Legado de Chávez”. Pero, además, el CNE decidió mantener en el estado Lara un recinto denominado “Maduro y Chávez”, postura que dista del más mínimo asomo de imparcialidad en el proceso que se avecina.

Esperar que el chavismo no meta su mano en estas elecciones parecería una actitud ingenua. El llamado a la oposición no puede ser otro diferente a que mantenga sus ojos bien abiertos y el olfato más agudo que nunca, porque el olor a fraude electoral nadie lo puede disipar.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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