Valiente es la palabra que mejor define al joven venezolano que decidió aportar lo mejor de sí mismo a las manifestaciones contra el régimen de Maduro. Valiente es quien lloró ante el mundo la pérdida de su única arma por la paz, su violín, destruido por un grupo de Guardias Nacionales. Valientes son todos los muchachos venezolanos, y lo están demostrando día a día.

Uno de estos jóvenes, que dejó el anonimato cuando un video lo catapultó en las redes sociales, es Wuilly Arteaga, a quien hoy se le conoce como “el violinista de la paz”. Su imagen en una de las tantas manifestaciones, rodeado de bombas lacrimógenas, y avanzando en primera fila sin dejar de tocar su instrumento, le dio la vuelta al mundo. Tuvo mucha suerte, le “rompieron el alma” pero no le quitaron la vida, como han hecho con otros.

Wuilly tiene 23 años, es músico autodidacta, y ciertamente representa a esa juventud venezolana que está dando la cara por todo un pueblo.

Él es uno más de esos héroes, algunos caídos, otros en la calle, otros en territorios diferentes como los muchachos de la Vinotinto Sub-20, que han decidido enfrentar el totalitarismo, cada uno desde su espacio, para recuperar al país que una vez fue ejemplo de democracia en el continente.

Sobran las razones para sentirse orgullosos de ellos, dentro y fuera del territorio nacional. Los deportistas llegaron a donde nadie imaginó, los políticos se forman en la defensa de la democracia, y este músico de la calle, porque sí sus conciertos tenían lugar en cualquier calle de Caracas, llega a Estados Unidos con el mensaje que sus notas impulsan: libertad para Venezuela.

Usó su violín, pero también se convirtió en la voz de los venezolanos para denunciar esta semana en la sede de Naciones Unidas la represión del Gobierno de Nicolás Maduro y para pedir apoyo internacional para las protestas opositoras.

Con agradecimiento y humildad, aceptó todas las bendiciones que fueron la respuesta a sus lágrimas. Todo un país lo apoyó, y muchos artistas lo aplaudieron de pie. No recibió un violín, sino muchos, y desde el principio dijo que los aceptaría para donarlos y multiplicar la música como instrumento de paz.

Estos jóvenes guerreros del siglo XXI son la nota más genuina de la melodía que es la verdadera Venezuela.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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