El 16 de julio de 2017 pasará a la historia de la nación venezolana como la más contundente demostración de desobediencia civil que haya protagonizado ese pueblo contra un Gobierno.

En el propio territorio nacional; en las ciudades de los países donde hay notable concentración de venezolanos que han optado por emigrar y hasta en los más recónditos lugares del planeta, donde quiera que haya una colonia venezolana, la bandera tricolor y el entusiasmo de quienes añoran un futuro mejor para esa nación se han hecho sentir.

En sólo tres semanas, sin el respaldo de la autoridad electoral y sin recursos financieros, por iniciativa de la mayoría opositora que controla la Asamblea Nacional, la consulta popular que demuestra al régimen un aplastante rechazo a la Constituyente de Maduro convocada para el próximo 30 de julio es algo ineludible, a pesar de que la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), Tibisay Lucena, se atreviera a calificar la inmensa movilización “como un acto político sin consecuencias jurídicas”.

Quizás no tenga consecuencias jurídicas esta consulta popular, teniendo en cuenta que el control del poder chavista se ha extendido a la mayoría de las instituciones, excepto al Parlamento. Sin embargo, la significación moral y la muestra irrebatible de voluntad popular que constituye esta jornada, es algo que ni Nicolás Maduro, ni sus incondicionales pueden ignorar.

Tanto ha hecho Maduro para neutralizar el impacto de esta demostración de rechazo popular a la ruptura del orden constitucional, que convocó paralelamente con el apoyo del CNE, lo que el oficialismo identificó como "feria electoral", un simulacro con miras a la elección Constituyente que insisten en celebrar.

De realizarse la Constituyente, será un golpe de Estado, no porque no exista como figura jurídica en la Constitución, sino porque para convocarla, el mandatario tendría que haberle consultado a los votantes si la aceptan y eso no se ha dado.

Aunque la presidenta de la autoridad electoral venezolana se haya tomado el tiempo de decir que el oficialismo no tendrá en cuenta la manifestación de rechazo popular ocurrida este domingo, tanto el poder de convocatoria demostrado por la oposición, como los más de cien días de protestas pacíficas ininterrumpidas son un golpe que Maduro no puede negar, aunque no lo mencione.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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