El Gobierno de Venezuela jugó una carta muy peligrosa para enfrentar la crisis y su golpeada legitimidad. Con la Asamblea Nacional Constituyente no solo perdieron la legitimidad ante la comunidad internacional y ante el propio pueblo venezolano, sino que se demostraron a sí mismos que su base popular es absoluta minoría pese a la estrambótica cifra dada por el Consejo Nacional Electoral y Tibisay Lucena, contradiciendo cualquier lógica y haciendo más evidente lo poco creíble de un proceso ilegal.

A partir de este paso que demuestra de lo que es capaz el régimen de Maduro para preservar el poder, hay una nueva etapa de lucha planteada en Venezuela con el mismo objetivo: recobrar la democracia.

Lo primero es entender que se trata de una dictadura que se siente débil y que acaban de ratificar a lo interno que no cuentan con el apoyo de las mayorías. La única manera de frenar a una población que quiere cambio es a través de los métodos de cualquier dictadura: persecución, represión, cárcel y censura.

Eso los puede fortalecer o debilitar aún más, pero depende de la reacción del país, la dirigencia política y la comunidad internacional.

En el pasado reciente se jugó mucho con la utilización del término, pero ahora hay que entender que una lucha contra una dictadura requiere de otras estrategias a nivel de liderazgo y de otra visión a nivel de la ciudadanía.

Entender que todos los escenarios de lucha deben ser abordados: calle, organización, clandestinidad, elecciones cuando toquen, a través de la poca institucionalidad que existe (Parlamento, Fiscalía); comunidad internacional y exilio. No hay espacio en el que se les deba dejar jugar solos. Para una dictadura es un sueño ir a una elección sin contrincante.

Todo lo que sea capaz de hacer un régimen de estas características es una posibilidad, hay que creerlo y prepararse para tales escenarios. El camino para encontrar una salida hay que seguir construyéndolo y ahí el liderazgo tiene un papel clave, pero los venezolanos también. No es momento de culpas, pero sí de asumir responsabilidades y construir soluciones para esta etapa que puede ser de desenlace si se actúa en bloque y firmeza en los espacios clave: la calle, las instituciones y en el ámbito internacional. Las equivocaciones en este momento las pagará muy caro el Gobierno venezolano.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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