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Diario Las Americas
Cubano a conquistar el Canal de la Mancha Contra 21 millas, oleaje y aguas heladas
Por Luis P. López
Un cubano de la playa de Guanabo en la Habana, llegado a Miami en 1995 y hoy vecino de Key Biscayne, debiera despertar repentinas curiosidad y admiración en Miami y sus alrededores cuando intente este verano peligrosa empresa. De lograrla, la hazaña también debiera ser vista con especial interés en buena parte de Estados Unidos y América Latina. Boris Fernández, de 35 años, se está preparando para lanzarse a nadar este verano entre Dover (Inglaterra) y Cap Gris Nez (Francia) sobre las gélidas y ocasionalmente enfurecidas olas del Canal de la Mancha, donde braceará sin descanso por 21 millas y por alrededor de 14 horas, algunas de ellas de noche. ¿La recompensa si hace el cruce? “Un diploma”, dice Fernández encogiéndose de hombros. “Lo hago porque para mí se trata de un reto. Era algo que tenía en mente hace tiempo. El año pasado decidí no aplazarlo más”. Fernández, que compite organizadamente desde 1983, fue campeón de natación y triatlón (natación, ciclismo y carrera a pie) en Cuba. En Estados Unidos fue miembro repetidamente del equipo nacional de triatlón. Hoy es instructor de natación y triatlón. Actualmente el atleta se entrena con intensidad durante varias horas cada día (“40,000 yardas a la semana”, dice) mientras espera noticia del organismo que supervisa el evento y anunciará la fecha del cruce. Otros candidatos han solicitado participar. Desde 1875) miles de hombres y mujeres de diferentes países han intentado cruzar a nado el canal. Sólo 670 de ellos (456 hombres y 214 mujeres) han completado la trayectoria, según la enciclopedia por internet Wikipedia. Se entiende que otro cubano, Johnny Cortiñas, intentó sin éxito el cruce a comienzos de los años 50. “Yo voy determinado a ser el primer cubano en cruzar el Canal de la Mancha”, dijo Fernández. Al preguntársele cómo se siente ante el desafío que le aguarda, Fernández respondió: “Obviamente, me estoy preparando física y, sobre todo, mentalmente. Parte de mi entrenamiento es permanecer dos horas en cámara de oxigeno en el Lucas Spa de Miami Beach. Cuando no me estoy entrenando trato de no agobiarme con lo que se avecina, de no pensar mucho en el asunto. No quiero que eso pueda quitarme el sueño. Lo que quiero es que acabe de llegar el día de tirarme al agua”. Fernández hereda de sus padres, José y Gladys, quien permanece en Cuba, su afición por el deporte, particularmente la natación, en que Fernández padre fue entrenador del equipo nacional cubano y hoy es instructor de la misma disciplina del Rocksway Swimming Team que practica regularmente en la piscina del Dade Community College en Kendall. Nadando en estilo libre, en traje de baño, cubierto por especial ungüento aceitoso aplicado al cuerpo y alimentándose trabajosamente con caldos y otros líquidos, Fernández batallará día y noche las aguas del Canal de la Mancha y sus temperaturas de 14-15 grados centígrados (57-58 Farenheit). La frialdad de las aguas ha sido causante de que la mayoría de los nadadores se den por vencidos antes de llegar a la meta. “No es tanto el oleaje y la distancia”, dice Fernández. “Es el frío. Es tanto que ni se ven tiburones”. Para irse familiarizando lo más posible, Fernández se entrena regularmente en vecina piscina de agua termal. El costo del viaje para esta ambiciosa aventura lo absorbe en parte la Fundación Manos del Sur, organización no lucrativa que, según la dirigente Paulina Montes, especialmente ayuda a niños que viven en extrema pobreza en América Latina. Otra parte del costo lo absorbe José Fernández, padre de Boris, que lo acompañará en el viaje. “Es un sacrificio económico, pero hay que hacerlo”, dijo. Allá en Cuba, de convertirse en realidad el intrépido sueño de Boris Fernández de nadar de Inglaterra a Francia, se vería sería probablemente envidiado por una legión de compatriotas ansiosos de arribar --por tierra, mar o aire, a cualquier riesgo y precio-- a orillas de libertad más asequibles que las del Canal de la Mancha. ¿Y qué le diría Boris Fernández a un compatriota varado en la isla que de alguna manera se entera del proyecto en ciernes y, presa de la desesperanza, considere cruzar a nado hacia cercana y a la vez distante orilla? “Perseverancia”, se limitó Fernández a responder, desalentando cualquier descabellada idea.•
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