CARACAS.- ROBERTO DENIZ
Especial

El Gobierno de Nicolás Maduro aplica medidas económicas a cuenta gotas. Tras meses de parálisis en la asignación y liquidación de dólares, el pasado miércoles el Vicepresidente del Área Económica y ministro de Industria y Comercio, Miguel Pérez Abad, explicó cómo funcionará el “nuevo sistema” de dos tipos de cambio dentro de la política de control que rige en Venezuela desde 2003.

La medida supone una nueva devaluación del denominado “bolívar fuerte”, un proceso que se ha acentuado en la gestión de Maduro, iniciada en abril de 2013. El ministro de Industria y Comercio explicó que habrá una paridad de 10 bolívares por dólar, denominada Divisas con tipo de Cambio Protegido (Dipro), y destinada “únicamente” para las importaciones de bienes como alimentos y medicamentos, la materia prima para esos productos y las “remesas identificadas como prioritarias”.

“Iniciará con una cotización de 10 bolívares por dólar y se ajustará de manera progresiva, considerando los impactos sociales”, acotó Pérez Abad. Hasta ese día la tasa preferencial en la economía venezolana era de 6,30 bolívares por dólar, con lo que se materializó una variación del tipo de cambio de casi 60%.

La segunda tasa será la resultante de las operaciones de Divisas con tipo de Cambio Complementario Flotante de Mercado (Dicom), cuya cotización inició en los 206 bolívares por dólar que marcaba la antigua tasa y ahora eliminada del Sistema Marginal de Divisas (Simadi).

La idea del Gobierno es deslizar el precio del dólar progresivamente en ese mercado. Sólo entre el jueves y el viernes de la semana pasada ascendió hasta los 221 bolívares por dólar. “Regirá para todas las transacciones no incluidas bajo el tipo de cambio protegido y fluctuará según la dinámica económica del país”, explicó el ministro venezolano.

Además de las importaciones de materia prima y los bienes que las autoridades no consideran esenciales, esa paridad regirá la venta de divisas para los venezolanos que necesiten viajar y deseen comprar los dólares de acuerdo a los “cupos” predeterminados que el Gobierno diseñó para tal fin según el destino y la duración de cada viaje. Hasta hace 15 días el dólar para viajar rondaba los 13 bolívares por dólar, por lo que la variación del tipo de cambio supera el 1.500%.

¿Hacia la unificación cambiaria?

En declaraciones a agencias de noticias, Pérez Abad aseguró que quieren avanzar hacia una “unificación cambiaria” y poder acabar así con la distorsión del denominado “dólar paralelo” que se cotiza en el mercado negro a una paridad de más de 1.000 bolívares por dólar y se ha convertido en un marcador de precios para muchos de los bienes que se comercializan en el mercado venezolano, tales como ropa, calzado, repuestos y electrodomésticos, entre otros.

Mismo sistema, nombres distintos

Entre los economistas y empresarios hay pocas expectativas de que el nuevo sistema cambiario vaya a funcionar. “El escenario económico de Venezuela no cambia con estas decisiones cambiarias”, afirma Efraín Velázquez, presidente del Consejo de Economía Nacional.

Para el economista, Venezuela atraviesa un problema central para el cual el Gobierno aún no ha asomado ninguna solución: el déficit en el flujo de caja en dólares. Las estimaciones de Velázquez indican que con un precio promedio del petróleo en 25 dólares por barril, el país tendrá un ingreso por exportaciones petroleras de unos 22 mil millones de dólares, cifra insuficiente para honrar los compromisos de deuda externa, importaciones de materia prima y deudas de las compañías venezolanas con sus proveedores en el exterior por concepto de importaciones que se efectuaron, pero que aún no se han pagado.

“El problema fundamental de Venezuela es un tema de dólares, el tema técnico es de estrategia de financiamiento externo, es lo que hace falta a Venezuela (…) Nadie está hablando de financiamiento”, insiste Velázquez. Calcula que las necesidades de financiamiento ascienden a 30 mil millones de dólares.

Asegura que el nuevo esquema cambiario es “el mismo modelo que se tenía, pero con precios más caros”. En ese sentido, el presidente del Consejo de Economía Nacional advierte un impacto inflacionario en una economía que en 2015 cerró con una inflación de 180,9%.

Explica que dentro de la estructura de costos del sector industrial venezolano, el 30% corresponde a materia prima importada, lo cual implica que “si devalúas 100%, al final los precios tienen que aumentar 30%”.

El presidente de la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria), Juan Pablo Olalquiaga, coincide con Velázquez y afirma que el nuevo sistema cambiario “es la misma cosa, pero con distinto nombre”.

Desde las filas del chavismo también hay reservas. Víctor Álvarez, economista y ex ministro de Industrias Básicas de Hugo Chávez, considera que el “Gobierno no aprende la lección” y cree que la brecha entre los dos tipos de cambio mantendrá el incentivo para la corrupción. Advierte que si en efecto la tasa del Dicom fluctúa al ritmo de la oferta y la demanda, el diferencial con el Dipro será cada vez mayor. “Eso va a significar que se va a ampliar la brecha con el Dipro y va a hacer más atractivo el manjar de los dólares a 10 bolívares. Es el negocio de esas mafias de corruptos y de especuladores cambiarios”.

La sopa de letras cambiaria

Las razones para dudar están justificadas. Desde 2010, primero Chávez y luego Maduro, han intentado controlar el ascenso del dólar en el mercado paralelo con una venta oficial de dólares donde las empresas y las personas pudieran comprar las divisas a una tasa por encima del dólar preferencial. Ese año se creó el Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme), que permitía la compra de dólares a través de transacciones con bonos controladas por el BCV. El sistema funcionó hasta 2013 y obligó al Gobierno a emitir bonos para sostener la paridad cambiaria.

A partir de 2013 Maduro ha ensayado varios esquemas para intentar detener el alza del dólar paralelo, pero ha fracasado. El Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad), creado ese año y posteriormente divido entre el Sicad 1 y el Sicad 2, o el Sistema Marginal de Divisas (Simadi), creado en 2015, apuntaban a permitir que la cotización del dólar fluctuara en función de la libre oferta, pero el temor a un alza sostenida condujo al BCV a congelar las cotizaciones en ambos esquemas. “Ojalá no se repita la historia del Sicad y la del Simadi”, sostiene Álvarez.

“Un sistema totalmente libre donde van a existir oferentes y demandantes de divisas, el mismo mercado es el que va a fijar la tasa, el mismo mercado es el que va a decir cuál es la tasa de cambio que se va a presentar, bien sea en las casas de cambio”, prometió al anunciar la creación del Simadi en febrero de 2015 el entonces ministro de Finanzas, Rodolfo Marco Torres.

Esa explicación de Marco Torres se parece a la que ahora esgrime Pérez Abad sobre el nuevo sistema. “El Dicom está hecho reconociendo el mercado. Es de flotación limpia, las aceleraciones siempre están los Gobiernos capacitados para suavizarlas, pero va a ser por la vía de la oferta, no del torniquete. Va a flotar todos los días”, dijo el funcionario a El Universal.

Pero las dudas se mantienen. “Si es lo que vuelve a suceder estamos en el mismo escenario con distinto nombre”, insiste el presidente de Conindustria.

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