Pese a ser temporada baja para la industria hotelera local, el pasado fin de semana el hotel Biltmore tuvo ¡lleno total! Y eso, gracias a la reunión de la prestigiosa familia cubana González de Mendoza que, con algunos de los apellidos más ilustres de la sociedad cubana, muchos de ellos exilados aquí en Miami (González de Mendoza, Arellano, Pedroso, Valdés-Fauli y Batista, ¡seguro que alguno se me ha escapado!), congregó a cerca de 800 de los más de 2000 familiares. Organizado por Andrés G. Mendoza y Joseph Ruiz, el fabuloso evento fue en realidad una celebración, ya centenaria en la familia, de las vidas y el legado de sus antepasados, Antonio González de Mendoza (1828 – 1906) y María de las Mercedes “Chea” Pedroso. Los Pedroso datan de principios del siglo XVI, cuando eran dueños de una feudo señorial en Pedroso, en la provincia española de Logroño, y la Corona ibérica les otorgó los títulos de Conde de Pedroso y Garro y de Marqués de San Carlos de Pedroso. A finales de ese mismo siglo, se mudaron a La Habana, convirtiéndose en una de las familias fundadoras de la capital cubana. Don Antonio, cuyos antepasados llegaron desde Cádiz (España) a Cuba a finales del 1700, fue uno de los más prominentes abogados de la isla. Su bufete se mantuvo vigente durante generaciones, fue alcalde de La Habana en 1879 y primer Presidente del Tribunal Supremo de la Nueva República de Cuba en 1899. Liberó además los 300 esclavos recibidos al heredar un molino de caña que les dejó su suegro, sentando un precedente que prosiguió en 1865 con su intento de abolir el comercio de esclavos a través de la Fundación contra el comercio de esclavos de Cuba. Sin embargo, su mayor gloria no fue su insigne carrera, sino el ejemplar hogar que creó junto a Chea: 12 vástagos, siete de los cuales se casaron y tuvieron hijos, creando así las 7 ramas de la familia González de Mendoza. Como les contaba, más de 800 de ellos se reunieron en el Biltmore este fin de semana pasado para dar fe de que lo mejor de la esencia cubana y de la historia de la isla sigue viva en cada uno de ellos. La reunión comenzó al atardecer del viernes con un Happy Hour y una fiesta con DJ para las generaciones más jóvenes. El sábado se abrió en el Danielson Ballroom del hotel un museo en el que se exhibieron artículos, videos y fotos históricas de la familia. Más tarde se celebraron campeonatos de golf y tenis y un partido de Kick Ball, antes de disfrutar del almuerzo y del divertido encuentro en la piscina (¡propiedad de los Mendoza esa tarde!), con juegos y música. Esa noche fue la gran cena familiar, durante la cual Raúl Valdés Fauli, abogado como su antepasado Don Antonio y alcalde (de Coral Gables) como él, entregó a los González de Mendoza, como alcalde y como miembro de la familia, una proclama declarando ese fin de semana como el Fin de semana de los González de Mendoza – Pedroso en la ciudad. El domingo amaneció con una misa familiar oficiada por el Rvdo. Padre Favalora en el mismo hotel, y prosiguió con sesión de fotos, entrega del libro familiar elaborado para cada una de las siete ramas, almuerzo a “lo cubano”, entrega de trofeos a los ganadores del golf, tenis y baile, y tarde de piscina antes de decirse adiós. El legado de amor y de unión familiar de Don Antonio y Doña Chea pervive, indudablemente, en esta preciosa familia.

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