MADRID.-Exoesqueletos mecánicos que ayudan en la movilidad, asistentes virtuales o coches que se conducen solos. El día a día está cada vez más rodeado de tecnología e inteligencia artificial, una tendencia que no parará. Pero, ¿cómo afectarán esos avances al mercado laboral? ¿Cómo se relacionará el hombre con los robots? ¿Qué modelo de sociedad se creará?

Son algunas de las preguntas que hace tiempo se hizo el escritor, politólogo y periodista español Andrés Ortega. Fruto de sus preocupaciones nació el libro "La imparable marcha de los robots" (Alianza Editorial).

"Creo que nos encontramos en un momento en el que ya han empezado los efectos (de la revolución robótica) pero la gente no discute de eso, en España por lo menos. Estamos dando un gran salto adelante en temas de robotización y automatización pero sin darnos cuenta del impacto que tiene", explica el autor en entrevista con dpa.

A nivel de mercado laboral, "estamos en un momento en el que todavía no se destruyen más puestos de trabajo de los que se crean pero a nivel global (eso) va a ocurrir pronto y en los próximos 10 ó 20 años puede haber un auténtico cambio de la idea del trabajo, de la manera y de las posibilidades de trabajar", apunta Ortega.

En comparación con anteriores revoluciones industriales, la novedad "es que la robotización y automatización afecta ya no sólo a los trabajos típicos de clase obrera repetitivos y no complejos sino también a trabajos de clases medias-altas, como pueden ser los 'brokers'". "Los trabajos que más se van a beneficiar, evidentemente, son los de la gente que sabe tratar con máquinas y programas y está preparada para ello", señala el autor. Aunque hay matices.

En el caso de los programadores informáticos, por ejemplo, el empleo crecerá en el futuro inmediato, "pero la otra novedad de las máquinas es que empiezan a aprender a programarse por sí solas y eso dentro de 10, 15, 20 años hará que muchos programadores sean menos necesarios".

¿Cómo afrontarán los Gobiernos la nueva situación laboral? Según Ortega, se dará un periodo de transición en el que gente no preparada de cierta edad pierda sus empleos y no pueda recuperarlos. "Habrá que afrontar esa situación, probablemente con rentas básicas" e instrumentos de ese tipo.

El periodista no se atreve a pronosticar qué significará a largo plazo que haya menos gente trabajando y quizás con más desigualdad. Lo que sí cree es que se trata de una carrera "imparable, irreversible y necesaria" por la que los Gobiernos tienen que apostar. También tienen que "apostar claramente por una educación que prepare para eso, tienen que invertir en investigación y desarrollo mucho más y tienen que tener una estrategia industrial y una estrategia de sociedad", apunta.

Un ejemplo sería el de Japón, "que está desarrollando un concepto social 5.0, según el cual el conjunto del país y de la sociedad se beneficien" de esos avances. Ese tipo de reflexión también se está haciendo en Alemania pero queda lejos en países como España.

En cuanto a América Latina, en muchos países en vías de desarrollo se pueden perder un gran número de empleos, dice citando un reciente estudio de la ONU. Al automatizarse, muchas de las tareas del proceso productivo que se llevan a cabo en esas zonas volverán a los países industriales, ya que esas naciones perderán la ventaja que les suponía tener sueldos más bajos.

"Eso se va a aplicar sobre todo a África pero también a partes pobres de Asia y partes de América Latina", señala. Aunque hay algunos, como Chile, "que sí lo han entendido y que están desarrollando estrategias, están atrayendo a gente para que investigue en su propio territorio".

Pero más allá de las cuestiones económicas, el avance de los robots plantea otras incógnitas.

¿Serán capaces de sentir los robots? "No lo sé, supongo que sí, por lo menos la sensación de la muerte", responde el escritor. "Pero lo que sí es absolutamente necesario es que comprendan las emociones humanas. Por ejemplo, los robots que se hacen ahora como la foca japonesa "Paro" ("Nuka" en España) para tratar a gente con alzhéimer y demencia senil, necesitan conocer las emociones y los sentimientos de los seres humanos para poder interactuar con ellos".

¿Y el ser humano? ¿Desarrollará relaciones como las de la película "Her", en la que el protagonista se enamora de un sistema operativo? "Lo de 'Her' está bastante próximo porque es un sistema que se relaciona simplemente por la voz con el hombre", contesta Ortega. "Eso mismo en androide está bastante más lejos, aunque también se está avanzando mucho. Yo creo que el hombre sí puede llegar a tener relaciones afectivas con las máquinas como las puede tener con algunos animales".

Ortega cree además que la tecnología puede cambiar naturaleza humana. "Primero veremos una convergencia y asociación digital entre la robótica y la biología, en eso se va avanzar mucho (...) Van a cambiar la naturaleza humana en el sentido de cómo funciona el hombre, y de hecho ya está cambiando por ejemplo nuestra manera de percibir la memoria", dice, teniendo en mente como ahora se recurre al smartphone para consultar cualquier duda.

Tras décadas de literatura y cine de ciencia ficción, para muchos es inevitable plantearse las posibles desventajas que puede representar una convivencia hombres y robots.

"Creo que se van a poder hacer cosas que el ser humano ni siquiera soñaba con poder hacer con ayuda de las máquinas. Dicho eso, plantea evidentemente problemas pero el ser humano suele ser capaz de resolverlos", señala Ortega.

Para él, "la solución está no en colaborar contra las máquinas sino en colaborar con las máquinas y aprender a trabajar con las máquinas, incluso en un futuro, más o menos muy lejano, en integrar las máquinas en nuestro cuerpo de alguna manera y saber conectarnos con ellas".

FUENTE: dpa

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