En lo que respecta a los asistentes digitales por voz en el hogar, el número uno es sin duda Alexa, de Amazon, que funciona con los dispositivos Echo Dot y con un número cada vez mayor de aparatos en red. La competencia la conforman Cortana, de Microsoft, Google Assistant y Siri, de Apple.

Los distintos sistemas se diferencian poco entre sí en cuanto a funcionamiento. En general, se trata de altavoces con una computadora integrada y micrófonos. Algunos modelos llegarán pronto con pantalla, y Amazon ofrece en Estados Unidos una cámara inteligente que ayuda a elegir qué ponerse.

Una vez instalados en casa, los asistentes esperan el comando que los pone en marcha. Por ejemplo, cuando el usuario dice "Alexa", el asistente se activa y lleva a cabo acciones al recibir órdenes.

Entre las funciones que dominan está el reproducir música de servicios de streaming o radio desde Internet y pueden responder preguntas sobre el tiempo que va a hacer o realizar otras búsquedas sencillas en Internet, como ver el calendario o hacer funcionar un reloj de forma regresiva.

La cosa se pone interesante en conexión con otros aparatos del hogar. "Con ellos se puede controlar de forma sencilla la Smart Home (casa inteligente)", afirma Timm Lutter, de la asociación tecnológica alemana Bitkom.

Eso es posible porque los fabricantes ponen a disposición de otros sus sistemas. Y estos a su vez pueden desarrollar productos que se conectan con Alexa, Siri y compañía.

Se trata, por ejemplo, de lámparas en red que se pueden apagar o prender por comando de voz, regular termostatos de la calefacción o activar el sistema de alarma.

Más allá del hardware también hay muchos ejemplos de uso. Para Alexa, las empresas externas pueden desarrollar las llamadas "skills" (habilidades), de modo de que el asistente vaya ampliando sus capacidades, por ejemplo, para poner una determinada radio o investigar la situación del tráfico.

Si uno no cuenta con aparatos en red, las funciones de los asistentes son bastante limitadas. "El dispositivo en sí no sustituye a una Smart Home", comenta Timm Lutter. Solamente es una opción para dirigirla. Y si la lámpara o el termostato no se entienden con Alexa, Cortana o Siri, seguiremos a oscuras o con frío.

Y aunque se hable mucho de inteligencia artificial, uno al final sigue dirigiéndose a una máquina, subraya Sven Hansen, de la revista tecnológica "c't". No es como si uno pudiese "hablar" de verdad con los asistentes.

Por ejemplo, no funciona decir: "Alexa, tengo frío". Hay que dar órdenes concretas. No hay que esperar una auténtica "inteligencia" en los dispositivos, añade Hansen. "Esta es la mayor decepción con este grupo de productos".

Otra cosa a tener en cuenta es que los asistentes abren un nuevo desafío en lo que respecta a la protección de la privacidad. "Usted está entregando una característica biométrica clave, su voz", indica Uwe Kissmann, gerente de ciberseguridad en la empresa asesora Accenture.

Los datos de uso de los asistentes pueden cruzarse además con los de otros servicios online, alertan también los expertos. De ese modo, se pueden elaborar perfiles muy detallados de usuarios para marketing e investigación de mercado.

Y el usuario debe confiar en que el fabricante protegerá suficientemente a los dispositivos de un acceso desde fuera, añade Uwe Kissmann. "No hay ninguna garantía de que nadie use el aparato para escuchar las conversaciones".

FUENTE: dpa

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