Durante varias décadas, los grandes fabricantes automotrices norteamericanos funcionaban como conglomerados compuestos por diferentes divisiones, que con frecuencia comercializaban básicamente los mismos vehículos, con unas cuantas variables entre ellos, la mayoría apenas cosméticas. En el año 1968 no había muchas diferencias, por ejemplo, entre un Chevrolet Camaro y un Pontiac Firebird, o entre un Ford Mustang y un Mercury Cougar. Las divisiones, en las tres grandes americanas, se orientaban a un determinado segmento del mercado, Chevrolet, Dodge o Ford eran las del gran público, Buick, Oldsmobile, Pontiac, Mercury, Plymouth eran más sofisticadas, y en consecuencia vendían más caro, pero no tanto, porque el verdadero segmento de lujo estaba reservado para Lincoln, Cadillac y Chrysler.

Los tiempos han cambiado y muchas de esas divisiones pasaron con sus laureles a la historia. Pero la costumbre de fabricar vehículos sobre las mismas plataformas, con niveles diferentes de lujo y prestigio sigue vigente, y hasta ha sido adoptada por los fabricantes asiáticos, que hacen básicamente lo mismo con Toyota y Lexus, Nissan e Infiniti, Honda y Acura y, más recientemente, Hyundai y Genesis.

Después de la desaparición de Mercury, Ford Motor Company se quedó con dos divisiones solamente, Ford y Lincoln, y comparten plataformas en productos del mismo segmento. Tal es el caso, otro ejemplo, de la Ford Expedition y la Lincoln Navigator, o del modelo que hoy nos ocupa, que es el Lincoln MKZ, que comparte su plataforma con el muy exitoso Ford Fusion, pero que viene cargado de una serie de aditamentos que lo ubican en un nivel significativamente más alto.

Trae dos opciones de motorización a gasolina y una híbrida. La esencial es un motor turboalimentado de cuatro cilindros con 2.0 litros de desplazamiento, que entrega 245 caballos de potencia. También está disponible un motor V6 de 3.0 litros, con turbocargadores gemelos, que desarrolla 350 caballos para las versiones de tracción delantera y 400 para las de tracción en las cuatro ruedas. Ambos motores vienen acoplados a una transmisión automática de seis velocidades. La versión hibrida, por su parte, viene con un motor de 4 cilindros y 2 litros, exclusivamente con tracción delantera y la transmisión es CVT, continuamente variable.

Es inevitable darle un par de vueltas al Lincoln MKZ 3.0 AWD y no quedar perdidamente enamorado de su agilidad y presencia en las calles y en las carreteras. La aceleración es impresionante, de 0 a 60 millas en solo 4.8 segundos, y desarrolla una velocidad máxima de 150 millas por hora. Sin embargo, la versión 2.0 resulta mucho más razonable en lo que se refiere a eficiencia y economía, con un rendimiento de 20 millas por galón en la ciudad y 28 en la autopista, mientras que los que prefieran la 3.0 tendrán que conformarse con 17 millas por galón en las calles y 26 en las carreteras.

No hay nada dentro del Lincoln MKZ que no se traduzca en confort, lujo, conveniencia y sofisticación. Comenzando con los controles del encendido del motor y los cambios de la transmisión, ergonómicamente ubicados a la derecha del tablero de instrumentos, al nivel de la vista. El espacio en la cabina es bien generoso hasta para cinco pasajeros y la cajuela de equipaje es muy amplia. Viene equipado con un sistema de advertencia de colisión, con detección de peatones y el dispositivo de asistencia para estacionar, que parquea el vehículo de manera autónoma, bien sea en espacios paralelos o perpendiculares. Basta con activar el sistema, que él mismo se encarga de encontrar el espacio, alertar al conductor y darle las instrucciones de cuándo debe poner la transmisión en reversa o en drive, y el mismo sistema se encarga de hacer girar el volante hasta que el auto queda perfectamente estacionado.

El Lincoln MKZ se fabrica en la planta de Ford en Hermosillo, México, ya está disponible en los concesionarios y sus precios comienzan en los $36,095 dólares para la versión 2.0 y $42,485 para la V6 de 3.0 litros.

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