La salida de Gran Bretaña - inesperada para algunos – del seno de la Unión Europea ha comenzado a tener efectos traumáticos desde el primer momento. 

Por supuesto, los más perjudicados son los británicos cuya economía va a entrar en recesión a la vez que aumenta su tasa de desempleo. Ese impacto negativo se extenderá de manera muy áspera a otras naciones europeas con España a la cabeza.

Sin embargo, después de Gran Bretaña, la nación más perjudicada es Estados Unidos que ha perdido a su aliado primero y principal en la Unión Europea. 

En términos reales, Gran Bretaña es incluso un aliado más importante que Israel y con más proyección internacional.  La misma NATO fue incluso una idea británica que se resumía en el siguiente programa: “mantener a los rusos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo”. 

Gran Bretaña, aliada con Estados Unidos, contaba con mantener una posición hegemónica aunque perdiera las colonias, siempre que los rusos y los alemanes no contaran en Europa.  De manera semejante, la entrada del Reino Unido en el entonces Mercado Común Europeo era enormemente beneficiosa para Estados Unidos. Garantizaba, de hecho, un enorme peso en la política europea, ya no sólo a través de la NATO sino de los organismos de una Europa unida en la que todos deseaban estar. 

Esa circunstancia explica, por ejemplo, el viaje del presidente Obama a Gran Bretaña en vísperas del referéndum para apoyar la permanencia en el seno de la UE o la reciente visita de Kerry.  No sólo se trataba de contar con una voz en la UE que apoyara aventuras como la de apoyar el golpe de estado dado por los nacionalistas en Ucrania – uno de los mayores errores cometidos en las últimas décadas igual que las denominadas “primaveras árabes” – sino también de salvar un Tratado de libre comercio que constituye una de las apuestas más extraordinarias para asegurar la hegemonía estadounidense en el futuro.

Mantener las sanciones contra Rusia a medio plazo va a ser muy difícil y el Tratado de libre comercio puede convertirse en imposible sin el apoyo británico y con varias naciones europeas empeñadas en recuperar lo que consideran su soberanía perdida.  

El peso estadounidense en Europa no va a desaparecer mañana, pero se han dado los primeros pasos en esa dirección y un Trump presidente podría incluso lanzar una carrera por ese camino, según se ha visto en los últimos días al atacar el Tratado de libre comercio. 

Por añadidura, la política británica se ha descompuesto de manera peligrosa.  A un partido tory dividido se unen unos laboristas más que cuestionados por los votantes. Quizá no lo digan los medios en EEUU, pero el impacto del Brexit sobre esta gran nación amenaza con ser colosal. 

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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