Me consta que hay gente empeñada en sostener que el mayor peligro para Estados Unidos es Rusia o se encuentra en Oriente Medio o es una combinación de ambos. 

Pese a quien pese, especialmente a los que creen que el mundo es igual que en la época de la Guerra Fría, semejantes posiciones son insostenibles. 

Rusia no es la Unión Soviética ni significa, tras el cierre de todas sus bases, salvo una en Siria, una amenaza para nuestra seguridad.

Igualmente, Estados Unidos podría retirarse perfectamente de Oriente Medio, como hizo Reagan del Líbano, y de esa manera saldría ganando quitándose de encima dos guerras y media que no consigue ganar, desde hace más de una década y ocupándose en defender sus verdaderos intereses nacionales. 

El gran rival de Estados Unidos no está en Moscú o en Teherán. Es China. Permítanme darles algunas razones. De entrada, China ya superó en 2014 a Estados Unidos en Producto Interior Bruto.  Su crecimiento económico, este año que es malo será del 6,5 por ciento, resulta colosal y sin parangón. 

En segundo lugar, China lleva décadas aplicando principios queridos a los Padres fundadores que las distintas administraciones americanas han ido dejando de lado. Por ejemplo, China desecha, como recomendaron Washington y Jefferson, las alianzas militares permanentes.  Esa circunstancia no sólo la aparta de conflictos armados ajenos a sus intereses, sino que además le evita un gasto militar desmesurado y le permite centrarse en cuestiones económicas y sociales.  

Por añadidura, China ha convertido, de nuevo, el consejo de Franklyn o Adams, como eje de su política exterior el comercio y no la extensión militar.  Hace apenas unos días que regresé de China y he contemplado como sus aeropuertos, sus autopistas, sus estaciones de ferrocarril, incluso en poblaciones de segunda y tercera categoría, no tienen nada que envidiar a las mejores que puedan encontrarse en Estados Unidos o en Europa occidental.  También he podido comprobar cómo en esas mismas poblaciones la capacidad de consumo está a la altura de Occidente y los malls se acumulan manzana tras manzana, rebosantes de chinos encantados de consumir no sólo en cadenas como Kentucky Fried Chicken o Starbucks sino también en muchas nacionales. La manera en que esa China – que continúa siendo una férrea dictadura del partido comunista -  está ofreciendo a la población un grado de prosperidad desconocido a lo largo de su milenaria Historia raya con lo prodigioso. 

Para remate, China se está extendiendo por todo el planeta sin disparar un tiro ni desplazar un navío de guerra.  En África o en Hispanoamérica, China regala gigantescas obras de infraestructuras para los gobiernos locales sembrando las semillas de fructíferas relaciones económicas.

Son no el americano feo sino el amigo chino y cuando se transita por su territorio se comprende. 

Olvídense de Rusia, incluso de un Irán que no puede alcanzar a los Estados Unidos.  La nación de las barras y las estrellas tiene ya un rival cada vez más serio y poderoso.  En su propia lengua se llama Zhōngguó, pero nosotros lo conocemos como China.    

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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