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El escritor, ingeniero de montes y político español Isidoro Sánchez García se enamoró de Dulce María Loynaz en 1958. Una lectura de versos de la poetisa cubana en el hotel Taoro de Tenerife, en las Islas Canarias, bastó para que desde entonces no sólo leyera con devoción todos sus libros sino para que también fuera a visitarle a La Habana, donde murió autoexliada.

Sánchez García organizó eventos por más de 50 ciudades del mundo con el objetivo de estudiar y promover la literatura de la premio Cervantes 1992, produjo filmes sobre su memoria y escribieó sobre lo que ha significado en su vida.

Sin dudas la autora de Un verano en Tenerife, es una de las voces poéticas que han marcado el devenir intelectual de este canario que, en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS, narra algunas de sus experiencias cubanas gracias a aquella memorable noche cuando por primera vez escuchó a Dulce María Loynaz.

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