MIAMI.- Hace 40 años, el 4 de abril de 1980, la Embajada del Perú en La Habana fue testigo del mayor fenómeno de asilo y refugio bajo protección diplomática que recuerde la historia. Alrededor de 10.800 cubanos entraron a la sede oficial del país andino en Cuba, luego de que el Gobierno de la isla retirara la guardia que lo impedía, lo que supuso más tarde el éxodo de Mariel que llevó a las costas de Florida a más de 120.000 cubanos.

Unas horas antes un autobús, con apenas cuatro personas a bordo, irrumpía contra la verja de la sede diplomática y en medio del tiroteo que se desató un guardia resultó muerto.

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“Lo mató el fuego cruzado de sus colegas. Los tripulantes de la guagua iban desarmados”, declaró a Cubanet el periodista cubano Luis Cino desde Cuba.

“Pero Fidel Castro, enfurecido porque los diplomáticos peruanos se negaron a entregar al gobierno cubano a los transgresores, los culpó de la muerte del guardia”, recalcó.

Y entonces el dictador dijo, a toda voz, por radio y por altavoces que “pueden irse del país si les da la gana".

Entonces Cuba era una isla mucho más aislada que hoy. Eran muy pocos los que lograban obtener el pasaporte y una visa a cualquier coste para huir del país.

Pero Castro no imaginó que miles de habaneros le tomarían la palabra y apostarían por huir. Tres, cinco, más de diez mil llegaron al lugar, situado en la muy distinguida Quinta Avenida de La Habana, hasta que tuvo que dar marcha atrás y prohibir el acceso a la zona, a golpe de porrazos y detenciones.

Días después, ante la derrota política que significaba la avalancha de miles cubanos a la representación diplomática, donde vivían en condiciones infrahumanas, hacinados unos juntos a los otros, a la intemperie, con apenas una mala comida al día y las hojas de los árboles por merienda; Castro optó por tildarlos a todos de 'delincuentes' para descalificarlos ante la opinión pública internacional.

Entonces fueron las llamadas ‘marchas del pueblo combatiente’, organizadas únicamente por el régimen cubano, que transitaron por la afamada avenida, frente a la sede diplomática peruana, para tratar de amedrentar a los refugiados y promover la idea falsa de que 'el pueblo enaltecido' respaldaba al dictador.

Entre tanto, y a espaldas del ‘pueblo enaltecido’, el Gobierno cubano negociaba con Estados Unidos, Perú y otras autoridades internacionales la salida inevitable de los refugiados.

Unos días después, el 15 de abril, alguien dijo que Castro aceptaría un puente marítimo excepcional y llegaron al puerto de Mariel, al oeste de la capital cubana, un grupo de embarcaciones procedentes de Miami que iban en busca de familiares.

Las imágenes muestran el capítulo del mayor éxodo que recoge la historia del Hemisferio Occidental: más de 125.000 seres humanos cruzaron el Estrecho de Florida en apenas unas semanas, igualmente hacinados, en busca de libertad y una vida mejor.

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