MIAMI.- Compartir una tarde de anécdotas con Aldo Menéndez es todo un privilegio para los amantes de la cultura. El pintor, crítico de arte y escritor es un referente indispensable a la hora de repasar la plástica cubana que recorre, principalmente, las décadas de los setenta a los noventa.

Este artista todoterreno y además un ser humano sensible, ha sido testigo de importantes momentos dentro de la creación en la isla. Hurgar en su biblioteca de recuerdos es toparse con anécdotas de Lezama Lima, Carpentier, Hemingway, con la pesada mano de una naciente dictadura que censuraba al arte libre, y también con el talento de serígrafos cubanos que sentaron las bases de esta técnica no solo en Cuba, sino en diversas partes del mundo donde posteriormente fundaron sus propios talleres.

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La casa de Menéndez es un pequeño museo, que alberga un estante de recuerdos familiares, recortes de revistas, trozos de viajes entrañables, obras de buenos amigos. En ese universo, tan cercano y parecido al artista, conviven los espacios creativos de una familia.

Por un lado, los trabajos de su esposa Ivonne Ferrer, iconos a restaurar, delicadezas, explosión de colores. Por otro, los lienzos saturados de color y la poesía de las fotos de su hijo Adrián, con sus espacios desolados, la amargura en blanco y negro en las afueras de un hotel, o el juego macabro de dos niños con rostros de tiburones.

Más allá de una casa, de un hogar que lleva varias capas de historias como las mejores mesas de tabernas gallegas, este es un espacio mágico, y se percibe apenas uno rebasa el sencillo portal.

De Cienfuegos a La Habana

Desde pequeño, tuvo acceso al contexto cultural de los años cincuenta, desde su casa natal en Cienfuegos, sede de la revista Signo, hasta las relaciones de su padre con intelectuales del momento, como Lezama Lima, Ernest Hemingway, Samuel Feijóo y otros.

Con apenas 14 años, se fue a las lomas del Escambray (conjunto montañoso en la región central de Cuba) para luchar por una revolución en la que creyó, hasta que con el paso del tiempo y con no pocos choques con la dinámica totalitaria del régimen, se fue creando una especie de coraza dentro de la creación artística.

En los años sesenta cursó estudios de Artes Plásticas en la Escuela Nacional de Arte y participó en varias exposiciones en galerías habaneras. Fue director artístico de la revista Revolución y Cultura, integró el equipo de la primera Bienal Internacional Wifredo Lam, de La Habana y formó parte del Fondo de Bienes Culturales, por citar algunos de los espacios culturales en los que estuvo involucrado.

De su trabajo con Carpentier en la revista Revolución y Cultura, recuerda el sarcasmo del escritor y su amplia cultura.

“Cuando llegué a trabajar con el maestro la primera vez, le llevé un artículo y él comenzó a revisarlo, y me dijo: ‘ven mañana’. Al día siguiente me dio el trabajo y vi que había solo un subrayado en rojo en la página. ‘Eso es lo único que sirve, y es una buena idea para que hagas el artículo’, me dijo”, recordó Menéndez, entre risas.

“Sin embargo, Lezama era distinto; si no sabías, algo él te contaba la historia completa y te explicaba las cosas. Pero a Carpentier no le gustaba. Él sabía que te había puesto en aprietos y te dejaba solo para que lo resolvieras”, agregó.

Entre 1983 y 1989 estuvo a cargo del Taller Experimental de Serigrafía, que en apenas pocos años marcó pauta dentro de la creación serigráfica en América Latina. Lo creó gracias al apoyo monetario de Alejo Carpentier, quien donó parte de su premio Cervantes para realizar el proyecto. Después el taller llevaría el nombre de René Portocarrero.

“Portocarrero me dijo una vez en medio de una borrachera: ‘si yo me muero, ponle al taller el nombre mío’. Y así fue”, comentó Menéndez.

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Algunos retratos de Aldo Menéndez.
Algunos retratos de Aldo Menéndez.

El taller de Porto

Como cuenta Menéndez en otro de sus libros, Todo lo que quería saber de serigrafía artística cubana… y nunca le contaron, el primer taller de serigrafía en Cuba se llamaba La Covacha Roja, donde Julio Antonio Mella comenzó a hacer serigrafías de corte propagandista para sus actividades políticas. Posteriormente, la serigrafía continuó utilizándose para la divulgación de campañas políticas y anuncios de negocios, hasta que en los años cincuenta Eladio Rivadulla Martínez comenzó a realizar carteles de películas mexicanas, siguiendo el estilo de las publicidades estadounidenses.

En los años sesenta, con los catálogos de los pintores concretos, a cargo de Salvador Corratgé, hubo un énfasis en llevar la estética de la pintura a la impresión serigráfica, más allá de la propaganda per se. Sin embargo, no es hasta 1983 que se comenzó a trabajar en la serigrafía con un marcado interés artístico, que daría notoriedad a la antigua técnica del estarcido.

Fue justamente ese año cuando Portocarrero señaló el talento de un joven Aldo Menéndez interesado por sacar el mayor provecho de la serigrafía con fines artísticos. Portocarrero comentó en un catálogo: “Lo principal es su cubanismo artístico”, punto que lograba hacer vibrar “la fría aproximación fotográfica”.

Generaciones

Fue parte esencial de los ochenta, una de las décadas más notables de las artes plásticas en la era poscastrista. Si bien era parte de los que soñaron con una revolución y vieron caer una a una las esperanzas, se relacionó con los más jóvenes, a quienes entrenaba en su taller de serigrafía.

Su hijo, el también artista Aldo “Maldito” Menéndez, representaba a esta nueva generación y por ende tenía una mirada mucho más desafiante hacia el régimen. “Maldito” estaba al frente del Grupo Arte Calle, uno de los movimientos artísticos más contestatarios de la época, que provocó no pocos encuentros con la policía y horas de prisión después de sus performances en las calles de La Habana. Actualmente vive en España y hasta la fecha el régimen cubano no le permite la entrada al país.

Estas fueron etapas fundamentales para el arte cubano y su posterior escisión tras el impacto del llamado “periodo especial” y el éxodo de muchos artistas de la isla. Sin embargo, como afirma Menéndez, aunque muchos artistas se alejaron de Cuba, continuaron trabajando en sus obras, de manera que a la hora de hacer un recuento del arte cubano se debe contar también con los exponentes en el exterior.

Las obras de Menéndez se encuentran en colecciones privadas en todo el mundo, y también en colecciones públicas del Museum of Latin American Art (MOLAA) de California, en el Museo de Arte Contemporáneo de Salamanca, España, en el Ernest Museum, de Budapest, entre otros centros culturales. Algunas de sus obras también están en el Museo Nacional de Bellas Artes de La Habana. Sin embargo, el artista no ha vuelto a pisar la isla desde su partida a inicios de los años noventa.

Su destreza técnica es indudable en los trazos más realistas, cuando desafía a las propias fotos. Ahora bien, su apuesta por la búsqueda de un concepto, de una idea que sea capaz de retar al espectador y hacerlo pensar más allá de la lógica, es su carta más acertada.

Menéndez va de lo figurativo a lo abstracto sin ataduras, con naturalidad, de manera que la perfección de un torso puede coexistir en total armonía con unos trazos desenfadados porque los engloba una idea.

El arte pop, las referencias al dadaísmo, su atinada elección de los recortes de revistas, el uso del kischt como detonante del sarcasmo, la belleza de lo onírico y el subconsciente conviven en la obra de Menéndez en deliciosos y sugerentes collages.

70 años

El próximo febrero el artista celebrará su 70 aniversario con una exposición de alrededor de 100 retratos, todos trabajados desde una aproximación experimental que resalta elementos puntuales del carácter o la impronta de las personas. Muchos de ellos solo serían reconocibles por la propia persona retratada o alguien muy cercano. Es todo un misterio descubrir de quiénes se trata, enigma que Menéndez disfruta sobremanera.

Los escritores Leonardo Padura, Norberto Fuentes, Wendy Guerra, Ernest Hemingway, el cantautor Carlos Varela y los pintores René Portocarrero, Pedro Pablo Oliva, entre otros, han sido retratados por el artista.

Menéndez planea inaugurar la exposición en Miami y presentarla después en otros países. Su idea es hacer un recorrido por sus años de creación a través de los retratos de personas que han dejado una huella en su vida.

Para conocer la obra de Aldo Menéndez, visite su página web www.aldomenendez.com.

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