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La crisis del sistema eléctrico que vive Venezuela -que ha dejado al país a oscuras durante el mes de marzo y lo que va de abril- ha causado también una escasez prolongada de agua, lo que incide directamente en la higiene y salud de la población.

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El gremio de médicos está alerta ante la aparición de diversas enfermedades que habían desaparecido del ámbito nacional, pero que ahora por la falta de aseo, podrían regresar.

Dentro del ámbito de la medicina existe un conjunto de “enfermedades hídricas” asociadas con la escasez de agua, causadas por organismos patógenos presentes en el agua y que ingresan al organismo por la boca. Como en el caso venezolano, la sociedad en medio de la búsqueda incesante del vital líquido olvida las normas mínimas de aseo de los alimentos, lo cual propicia contraer infecciones y bacterias que pudieran ser evitables.

Entre las enfermedades relacionadas con la escasez del agua se encuentran la hepatitis A, producto de un mal manejo de higiene en alimentos o el uso de agua contaminada en el cultivo; la fiebre tifoidea, con preponderancia tradicionalmente en las cárceles y retenes; la amebiasis, infección parasitaria en el agua o alimento contaminado; la esquistosomiasis o bilharzia que está presente en aguas estancadas donde cierto tipo de caracoles son huéspedes transitorios de los parásitos que penetran la piel de los pies de quienes se sumergen en ellas, explica Jaime Lorenzo, Director Ejecutivo de Médico Unidos de Venezuela, organización no gubernamental.

El médico destaca que si una persona contrae alguna de las enfermedades antes mencionadas, que son tratadas con antibióticos (excepto la Bilharzia, el tratamiento se conseguía anteriormente en saneamiento ambiental o en el instituto de medicina tropical) comenzará el ciclo de búsqueda de farmacias públicas donde existe poco inventario y en las privadas los costos exceden las capacidades económicas de la mayoría de la población, que son los más expuestos.

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Una mujer reclama la falta de agua durante una manifestación opositora en Caracas.
Una mujer reclama la falta de agua durante una manifestación opositora en Caracas.

En el caso específico de la Bilharzia, Lorenzo advierte que anteriormente las autoridades sanitarias y ambientales hacían seguimiento de los caracoles en los cauces de los ríos para determinar si estos tenían el parásito que transmite la enfermedad de esquistosomiasis, pero lamenta que esta medida preventiva ya no se realice en el país.

Aunque el experto advierte que estas enfermedades no suelen ser fulminantes, la desnutrición así como el cuadro clínico de una persona con diabetes o cáncer, que tienen un organismo con una capacidad de respuesta disminuida, podrían comprometer la vida de quienes estén expuestos a dichas dolencias producto de la falta de aseo e higiene.

En menor medida, un riesgo que podría haber ante el consumo de aguas no potabilizadas de ríos y tomas de montañas, así como de tuberías expuestas en la calle es la aparición del cólera, una infección intestinal que ocasiona diarrea y vómito de forma muy brusca, en caso de que esta agua esté contaminada de la bacteria que la transmite, Vibrio cholerae.

Lorenzo explica que además de las enfermedades gastrointestinales, la escasez del agua puede causar enfermedades de la piel, producto de la falta de higiene. “La que más prolifera es el salpullido inglés, conocido popularmente como sarna, pero también puede haber casos de dermatosis“, explica.

Crisis del agua en cARACAS
Un grupo de personas toma agua de una tubería de una construcción abandonada en la Avenida Baralt, en el centro de Caracas.
Un grupo de personas toma agua de una tubería de una construcción abandonada en la Avenida Baralt, en el centro de Caracas.

En ese sentido, el médico recuerda que la piel es un órgano protector y que cuando está sin daños puede evitar enfermedades producto del aseo con aguas contaminadas, pero que si existe una herida o picada de zancudo, puede generarse una infección.

El Director Ejecutivo de Médicos Unidos por Venezuela advierte que lo que vive el país es una situación inédita, en el que la escasez del agua se ha agudizado por la crisis eléctrica, mientras el ministerio de Salud se ha mantenido en silencio sobre la aparición de enfermedades. Lorenzo lamenta que haya desaparecido el canal epidemiológico que determinaba cuáles eran las patologías con mayor preponderancia en el país.

Lo que empeora la situación, a juicio de Lorenzo, es que la crisis eléctrica se ha hecho presente en temporada de sequía, afectando la regularidad del sistema de bombeo en las tuberías de aguas blancas y negras. Para el experto, esta paralización ha generado la aparición de gérmenes en los caños, “afectando la potabilización del agua, su filtración y la reposición química”, por lo cual advierte que incluso el suministro que se comienza a recibir en las casas no mantiene los niveles adecuados para su consumo. En este sentido, recomienda hervir y clorar toda el agua que se consuma o utilice para preparar los alimentos.

Las aguas que no son aptas para el consumo humano tienen bacterias y virus que sobreviven a los cambios extremos de temperatura, razón que explica por qué al hervirlas no se eliminan todos los agentes contaminantes. Muchas veces es necesaria la aplicación de cloro, para que éstas se puedan potabilizar, sentencia.

“Lo más grave de la situación actual es que no existe una respuesta oficial del Estado ante la escasez de agua, no hay campañas de prevención de enfermedades ni alertas necesarias para que haya información así como educación sanitaria de la población sobre el proceso de potabilización del agua, y su uso correcto. Solo hay consumo de ahorro energético“, crítica el experto.

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Varias personas buscan agua en el sector El Cementerio, en Caracas, en medio del racionamiento eléctrico dispuesto por el régimen de Nicolás Maduro y de la crisis que mantiene sin luz a buena parte de la capital y del país.
Varias personas buscan agua en el sector El Cementerio, en Caracas, en medio del racionamiento eléctrico dispuesto por el régimen de Nicolás Maduro y de la crisis que mantiene sin luz a buena parte de la capital y del país.

La vulneración al derecho al agua no es reciente

La Observación General nº 15 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas establece que “el derecho humano al agua es disponer de un abastecimiento suficiente, regular y adecuado de agua potable para uso personal y doméstico, salubre, aceptable y a costos soportables, que garantice la salud y satisfaga necesidades de consumo, cocina e higiene”.

Sin embargo, en Venezuela el derecho al agua no está garantizado. Su escasez no es reciente, aunque nunca había sido tan prologada su insuficiencia. En octubre de 2018, las organizaciones no gubernamentales Fundación Agua Clara, Coalición Clima 21, Aguas Sin Fronteras, Mesas Técnicas de Agua de la Red de Organizaciones de Baruta del estado Miranda y la asociación civil Fuerza Ecológica de Calabozo (Fecolca) realizaron un reporte nacional sobre las deficiencias en su suministro, en donde alertaron el desmantelamiento de toda la estructura institucional y física del sector que compromete la calidad de las fuentes de abastecimiento, los procesos de tratamiento y de potabilización de las aguas, la distribución, el saneamiento, la salud, la producción hidroeléctrica, la escasa producción alimentaria e industrial.

En dicho reporte, destacaban que el 82% de la población, equivalente a 28.621.000 de personas, no recibía para ese momento agua de manera continua. La que recogían esporádicamente es de dudosa calidad o no potable, lo que implica una clara disminución de la calidad de vida de esa población.

Según el último Boletín Epidemiológico de diciembre de 2016, entre 2015 y 2016 hubo un incremento del 26,2% en los casos de diarreas en menores de 5 años (pasaron de 676.388 casos a 853.698 casos), con una tasa correspondiente a 2016 de 781,05 casos por cada 100.000 habitantes. En el caso de la hepatitis viral A en 2015, el mismo boletín señalaba que los casos alcanzaron a 5.850 y en 2016 disminuyeron a 4.305. La tasa de morbilidad nacional por dicha enfermedad alcanzó a 13,88 por cada 100.000 habitantes.

Un aspecto aún más preocupante al que hace mención el reporte, es que el 75% de los centros de atención de salud pública no reciben agua de forma continua, o no la reciben. 55% de los centros de atención de salud pública no recibe agua de forma continua y hay un 25% que no recibe nada.

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