Los gobiernos populistas de corte socialista, modelo y concepción castrista en América Latina, han llevado a sus pueblos a crisis económicas, políticas y sociales que terminan en un generalizado rechazo popular por el resultan inviables. No obstante su misma ideología, naturaleza y la estrecha relación entre sí, algunos de estos gobiernos han permanecido en democracia y otros se han convertido en dictaduras, diferencia que permite reiterar hoy, que la democracia es fundamental en el momento de encarar las crisis, por ejemplo Brasil como democracia y Venezuela como dictadura.

En este siglo en América Latina ha visto la llegada, expansión, exitismo, corrupción y fracaso de políticos que se presentaron como populistas, socialistas, inspirados o concebidos por el castrismo, anti imperialistas, anti neo liberales y progresistas. Con orígenes, características e intereses en común, terminaron todos forjando y reconociendo el liderazgo político de los dictadores Castro en la región, pero también marcaron una importante diferencia entre sí, ya que algunos se mantuvieron o fueron mantenidos en el marco institucional de la democracia, mientras que otros suplantaron la institucionalidad para formar parte de las dictaduras del socialismo del siglo XXI.

Argentina con los gobiernos Kirchner estuvo al filo de la ruptura de la democracia, que fue salvada porque el autoritarismo vinculado a Chávez y Castro en versión kirchnerista no pudo con la prensa libre que mantuvo una opinión pública que –crisis económica de por medio- hizo posible el retiro por vía democrática de tan avanzada amenaza. El Diario Clarín, el periodista Jorge Lanata y su equipo, una la justicia federal que en algunos casos pudo escapar de la manipulación oficialista, el asesinado fiscal Nisman y la acción de muchos defensores de la democracia, son la razón. Hoy las consecuencias de pobreza, corrupción, injusticia, confrontación social y deterioro son encaradas por el pueblo argentino con un nuevo y diferente gobierno. Salvaron la democracia y van camino de superar la crisis.

Brasil bajo control extendido del Partido de los Trabajadores con Lula da Silva y luego con Dilma Rousself aparentaron un éxito extraordinario hasta que se hicieron evidentes la ineficiencia, los temas de altísima corrupción, falsedad en la información en datos y cuentas del Estado, daños a Petrobras, la corrupción en torno a constructoras brasileras con operaciones internacionales, el incremento del desempleo, la crisis económica, el creciente descontento social y un sinnúmero de escándalos y atentados contra los elementos esenciales de la democracia denunciados por una prensa libre y vigorosa. La institucionalidad se activó, jueces no sometidos al poder político, fiscales que cumplen con sus funciones de defensa del Estado y no del gobierno, poderosos públicos y privados encarcelados por corrupción, protestas populares, demostraron que la democracia es para instaurar el poder y sostenerlo en el marco del “estado de derecho”, pero que no es inerme y también puede y debe retirar del poder a los se ponen por encima de la ley.

En el grupo de los países del socialismo del siglo XXI, Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, luego de haber terminado con la democracia en sus respectivos países, se dieron al ejercicio del poder total, controlando parlamentarios, asambleístas, legisladores, funcionarios electorales, jueces, fiscales, militares, policías, medios de comunicación, persiguiendo a sus críticos, con presos y exiliados políticos, con violaciones sistemáticas a los derechos humanos, confiscaciones, confrontaciones, asesinatos, masacres, corrupción, narcotráfico, vinculaciones con el terrorismo y todo tipo de crímenes conocidos y denunciados. Mantuvieron con mucha propaganda interna y derroche internacional la apariencia de democracias y de éxitos económicos hasta que la farsa no dio mas y la lucha de los pueblos puso en evidencia –comenzando por Venezuela- lo que hoy todo el mundo conoce, que son dictaduras corruptas y decididas a cualquier cosa con tal de mantenerse indefinidamente en el poder.

La lucha del pueblo venezolano produjo la recuperación de la Asamblea Nacional como único órgano democrático en su país y abrió la esperanza de una transición no violenta a la democracia, rechazada y resistida tenazmente por Nicolás Maduro, cuyas acciones han confirmado su naturaleza dictatorial articulada por el castrismo. El papel del nuevo Secretario General de la OEA Luis Almagro resulta central al poner en evidencia hechos conocidos y denunciados desde hace años, pero encubiertos por el “poder del dinero” venezolano malversado por Hugo Chávez y de la “diplomacia de la intimidación” ejecutada por Fidel Castro y su régimen sobre los organismos internacionales y los gobiernos democráticos.

Mientras Brasil resuelve su crisis política destituyendo a su presidenta por mecanismos estrictamente institucionales, el mundo ve con estupor la irresponsable actitud de la dictadura de Venezuela que está llevando a situaciones límite a su pueblo tratando de evitar que el 2016 exista un referéndum revocatorio. Mientras Brasil puede encarar con confianza la solución de sus crisis económica y social, la dictadura de Venezuela profundiza y alienta la miseria y la confrontación a las que ha llevado a sus ciudadanos. Mientras Brasil decide en libre autodeterminación, Venezuela está manipulada por las dictaduras de Cuba, Ecuador, Bolivia y Nicaragua que la han convertido en su cuña para durar un poco más. Las consecuencias de ambos caminos marcan la diferencia fundamental, Brasil en el camino de las certezas que da la democracia y Venezuela en la incertidumbre de la dictadura.

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

 

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