@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Un grupo de turistas suizos caminan por el pasillo de mármol gris del antiguo Havana Yacht Club, en el reparto Flores, del municipio Playa, en el oeste de la capital, mientras el guía les muestra viejas fotos en blanco y negro que cuelgan en la pared de lo que alguna vez fue un lugar de encuentro, de lo más ilustre de la burguesía cubana.

En un alemán correcto, el guía les cuenta la anécdota de que el club era tan elitista que ‘ni siquiera al dictador Fulgencio Batista le permitieron la entrada’. Después de almorzar en un restaurante al lado de la playa, los suizos siguen con un itinerario diseñado exclusivamente para poner énfasis en rescatar la Cuba republicana.

En cualquier hotel, bar o restaurante del circuito turístico habanero se vende nostalgia y pasado. El bar Sloppy’s Joe, a un costado del hotel Sevilla, tiene una colección de fotos de una ciudad que una vez fue cosmopolita, e incluso, se han inventado un trago que evoca al actor estadounidense Errol Flynn, parroquiano habitual del lugar.

A los visitantes extranjeros les impacta la diversidad arquitectónica de La Habana, que a pesar de la desidia estatal, el hollín y las ruinas de sus fachadas, todavía es capaz de mostrar su otrora opulencia.

Llamémosle Joel, arquitecto del proyecto de Eusebio Leal dirigido a rescatar zonas de la Habana Vieja, reconoce que “es muy marcada la intención para destacar antiguas costumbres entre los turistas y visitantes foráneos y subrayar el esplendor de una ciudad memorable que tuvo una increíble vida nocturna”, y añade:

“Comienza con la música, continúa con la tradición de confeccionar tabacos a mano, ver y pasear en autos de la década de 1950, resaltar el estilo de vida y arquitectura de la época. Supongo que eso se deba a que La Habana después de la revolución tiene poco que aportar desde el punto de vista arquitectónico. Muchas obras construidas después de 1959 están marcadas por la chapucería y horribles diseños. Debieran demolerse”.

A un año del 500 aniversario de la fundación de La Habana, el gobierno del presidente designado, Miguel Díaz-Canel, ha implementado un amplio plan para remodelar algunas áreas de la ciudad. “Sobre todo aquéllas que recorren los yumas”, dice René, quien vive en una cuartería en el marginal barrio de Colón, al otro lado de la calle donde acaba de ser inaugurado el majestuoso hotel de lujo Iberostar Grand Packard, en la intercepción de las calles Prado y Cárcel.

En la otra Habana, la de Mantilla, Atarés y La Cuevita, tres barriadas de los suburbios, de las muchas que en la capital piden a gritos una reparación a fondo, las casas se maquillan con una mano de pintura emulsionada y sus calles principales se tienen que conformar con una leve capa de asfalto.

Diana, ama de casa, reza todas las noches para que el techo no le caiga encima. Hace veinte años que funcionarios de Vivienda declararon inhabitable su destartalado caserón.

“Pero pa’ donde voy a ir mi’jo. Los albergues del Estado son un antro de perdición. Los vecinos hemos escrito cartas a todas las instancias del gobierno. Pero no resuelven nada. Es evidente que la Cuba de la televisión solo funciona en los noticieros”.

Alcides, custodio de una escuela preuniversitaria, describe con sorna la gestión de Díaz-Canel y sobre el turismo. “Hay Díaz buenos, Díaz malos y Díaz-Canel. Esto no hay quien lo arregle. Hace treinta años que están apostando por el turismo y con la cantinela de que será el motor que traerá el desarrollo al país. Pero nadie en el pueblo ve un centavo de lo que entra. A Raúl Castro y al Canelo solo les interesa invertir en obras que le proporcionen dinero a las empresas militares. Ahora están con la muela (discurso) de resolver el problema de la vivienda en diez años. Una mentira. Si no lo han resuelto en sesenta años, no lo van solucionar en una década. El papel lo aguanta todo”.

Para Norge, licenciado en Ciencias Políticas, las “actuales estructuras económicas y políticas no funcionan. El gobierno es incapaz de gestionar con un mínimo de eficiencia los servicios públicos. Lo que pide la gente es cambio. Pero el régimen apuesta por adornar la realidad con falsas promesas. Al no contar con un político de altura, la estrategia es apostar por el simbolismo de Fidel Castro. Como no tienen ideas nuevas, optan por rescatar sus discursos”.

A dos años de la muerte del autócrata, principal culpable del desastre que es Cuba hoy, el régimen intenta vender humo. No hay Plan B. Lo que queda es comercializar en divisas la nostalgia y el pasado con el cadáver de Fidel Castro a cuestas, un comunista de corta y clava y enemigo acérrimo del capitalismo. Paradojas del destino.

Aparecen en esta nota:

 

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Cree que el chavismo es responsable del grave daño ecológico que se ha expandido desde el Arco Minero a gran parte de la región?

Las Más Leídas