El primer gran centro comercial de La Habana, diseñado por el arquitecto José Gómez-Mena Vila y construido entre 1894 y 1917 imitando el estilo europeo de la época, ha pasado a ser el Gran Hotel Manzana Kempinski y de tal suerte, lo que fuera el corazón del comercio en capital de antaño es ahora el primer hotel de lujo en Cuba.

El emblemático edificio, dedicado ahora a la industria del ocio, se encuentra en el corazón de La Habana Vieja, con vistas directas al Capitolio y al Gran Teatro de La Habana, entre sitios del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Tiene 246 habitaciones y la envidiable posibilidad de ver desde el Restaurante Bar Panorámico en la azotea, a la recientemente nombrada “ciudad maravilla”.

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El hotel es propiedad de la empresa militar Gaviota y lo administra la cadena suiza Kempinski, con más de 100 años de historia como líder en el sector hotelero europeo de lujo. Según un despacho de EFE, los equipos sanitarios permitirán el ahorro de agua, todas las luminarias son LED y los sensores instalados en todo el edificio supervisarán y controlarán el consumo de energía.

Una búsqueda de reservas para un adulto, para junio de este año, ofreció precios por noche que van desde los 360 hasta los 720 dólares estadounidenses.

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Una envidiable vista de La Habana que muy pocos cubanos tendrán la posibilidad de disfrutar.
Una envidiable vista de La Habana que muy pocos cubanos tendrán la posibilidad de disfrutar.

La ubicación del Gran Hotel Manzana Kempinski permite un fácil acceso al Museo Nacional de Bellas Artes, el Capitolio de La Habana, el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y a otras atracciones turísticas. El famoso Castillo del Morro queda a tan sólo 10 minutos del hotel y al Paseo del Prado, que desemboca en el Malecón habanero, se puede acceder caminando.

Pero este renacer de la histórica Manzana de Gómez, que lo seguirá siendo para los habaneros en honor al arquitecto que dio vida al lugar, revaloriza una edificación que siempre tuvo un uso comercial al tiempo que la distancia en cierto modo de los cubanos que ya no podrán llegar hasta allí a comprar, como antes, y las más de las veces se dedicarán solo a mirar desde la acera contraria.

El periodista cubano Ciro Bianchi escribió en 2010 que desde hace más de 100 años la Manzana de Gómez es punto de referencia obligada para los habaneros: “Lo compré en la Manzana de Gómez”, “Lo vi en la Manzana de…”, “Cerca de la…”. Con esas frases se fue llenando también la historia del edificio que enmarcan las calles San Rafael y Neptuno, y Monserrate y Zulueta.

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Así se veía la Manzana de Gómez en una postal de 1925.
Así se veía la Manzana de Gómez en una postal de 1925.

Sin embargo, en tanto se fortalezca el nuevo valor de uso del inmueble, se harán menos frecuentes algunas de esas referencias. Los espacios interiores que albergaron más de 500 cubículos en los que funcionaron oficinas, academias, instituciones y hasta consulados, ahora servirán para satisfacer a una parte de la demanda creciente de turistas, y pasarán a ser, lujos aparte, inventario de nuevas capacidades de hospedaje con las que Cuba espera recibir los ansiados 4.2 millones de turistas este año.

En la geografía citadina, el Manzana Kempinski comparte espacio con otras edificaciones que no han tenido la misma suerte. Son los auténticos edificios que hacen de La Habana una ciudad maravilla, esos que resaltan por su arquitectura y su perseverancia para permanecer erguidos, hasta ver si en el futuro algún halo de suerte les mejora el “look”.

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