LA HABANA.- Hay tres cosas primordiales en la isla. Vivir en una casa sólida para que los vientos huracanados no te dejen sin vivienda; tener un trabajo donde puedas ‘inventar’ (robar) o parientes en Miami que te envíen dólares y tú y tu familia puedan alimentarse bien y no enfermarse.

No obstante, si usted o un familiar tiene que ingresar a un hospital, por favor, cruce los dedos. Junto con la dolencia, usted debe cargar con sábanas, un cubo de agua, un ventilador y hasta un televisor.

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Rigoberto, 56 años, recientemente ingresó por un problema renal en el clínico quirúrgico Miguel Enríquez (antigua clínica Benéfica), en el municipio 10 de Octubre.

“Aquello es lo más parecido al infierno de Dante. Enfermeras chusmas que hablan gritando, médicos apáticos que no quieren atenderte, a no ser que les ofrezcas regalos, y la infraestructura hospitalaria es un caos. Camas rotas, faltan bombillos en las salas y la comida es un asco”.

Falta hasta lo imprescindible

Delia, residente en Santiago de Cuba, cuenta que estuvo ingresada por dengue en un hospital de esa ciudad y para tener una mejor atención, su esposo le llevó una hornilla de inducción y preparaba comida para ella, las enfermeras de turno y dos médicos. “A una enfermera joven le regalé ropa para su hija de dos años. A las condiciones precarias de la mayoría de los hospitales cubanos, súmale ahora la falta de medicinas imprescindibles”.

En la red de farmacias de La Habana hace un mes hubo un faltante de Enalapril, para el tratamiento de la hipertensión arterial y deficiencias cardíacas. En toda la isla, desde hace años, medicamentos específicos para dolencias crónicas se venden en las farmacias por una tarjeta -popularmente conocidas por 'tarjetón'- avalada por un certificado médico.

Osniel, recuerda que el déficit de Enalapril le causó episodios de hipertensión. “El doctor me cambió el medicamento, pero no me asentó. Estuve un mes y medio sin poder comprar Enalapril”.

Lourdes, directora de una farmacia en la parte vieja de la ciudad, dice que por estos días “hay por los menos una veintena de medicamentos en falta. Desde aerosoles para asmáticos hasta cremas como el Clobetazol. Me dijeron en la empresa municipal que están esperando que llegue el barco de las materias primas”.

Solución a las penurias

Como siempre sucede en el imaginario del cubano, la solución a las penurias cotidiana es el arribo de un buque procedente del exterior. Pero, según Edilberto, jefe de un almacén de productos médicos, el problema va más allá de la llegada de un barco. “Se rumora que China, que tiene un contrato con el Ministerio de Salud Pública (MINSAP), para elaborar un grupo importante de medicamentos, se retiró del negocio por deudas de la parte cubana”.

En el Ministerio Provincial de Salud Pública, ubicado en El Vedado, ningún funcionario ofreció explicaciones a DIARIO LAS AMÉRICAS. Asimismo, reiteradas llamadas telefónicas a instituciones nacionales no fueron contestadas.

El Gobierno se enorgullece de la cobertura y calidad de los servicios sanitarios. Es cierto: durante la etapa de la Cuba soviética, cuando el Kremlin le extendió un cheque en blanco a la autocracia verde olivo, la salud pública funcionaba con calidad.

El “período especial”

Fidel Castro construyó cientos de policlínicos y hospitales en zonas intricadas del país. Y la tasa de médicos por habitante estaba al nivel del primer mundo.

Era habitual que Castro, en sus extensos discursos, durante horas intentara demostrar que la medicina cubana era superior a la estadounidense.

Pero llegó la crisis económica estacionaria, denominada por el régimen "Período Especial en tiempos de paz", un contexto de guerra sin bombardeos, y la salud comenzó a caer en picada.

La exportación de médicos

La isla intensificó la exportación de servicios médicos, que antaño ofrecía gratuita, al punto que hoy día es la primera industria recaudadora de divisas, con ingresos que varían de 6.000 a 8.000 millones dólares anuales.

Pero la crisis bestial en Venezuela y el estrepitoso hundimiento del Partido de los Trabajadores de Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, pone serias dudas al programa de servicios médicos que Cuba vende a las dos naciones latinoamericanas.

La exportación de médicos, unos 50.000 reportan cifras oficiales, provoca que en los hospitales cubanos exista un agudo déficit de especialistas de nivel. “Estuve tres meses para conseguir un turno con el oculista (oftalmólogo). Nuestra medicina ha retrocedido bastante. Algunos médicos no tienen vocación y recetan cualquier cosa sin hacer exámenes de laboratorio”, se queja Zoila, ama de casa.

Ricardo, diabético, considera que de este retroceso son culpables varios factores, “desde lo constructivo, con hospitales que necesitan reparaciones de fondo y solo maquillan con pintura las fachadas o hacen arreglos menores, hasta una desidia tremenda en muchos doctores que si no tienes pesos convertibles o regalos que ofrecerles, te atienden mal”.

Atención a los turistas

Hospitales con pisos y baños sucios, pocos médicos en las salas y enfermeras con pésimos modales, se han convertido en una constante en Cuba. La otra cara de la moneda es la atención a turistas y pacientes extranjeros.

Clínicas climatizadas, alimentos bien elaborados y doctores calificados y atentos. El euro y el billete verde del antiguo enemigo de Guerra Fría es música celestial para el régimen castrista. Y es que en Cuba, como en casi todas las facetas de la vida cotidiana, el color del dinero importa.

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