MIAMI.- Antonio Rodiles, director del proyecto Estado de Sats, lleva varias semanas publicando de manera sistemática trabajos analíticos sobre la marcha de la pandemia de coronavirus en Cuba.

Dichos trabajos abundan en gráficos y curvas y están redactados con el lenguaje propio de las matemáticas y la estadística. Sin embargo, hay una idea central que

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los caracteriza: las cifras que presentan las autoridades cubanas no se corresponden con ningún modelo de análisis y, por tanto, no son creíbles.

Rodiles –máster y candidato a doctor en Ciencias Físicas por el Instituto de Ciencias Nucleares de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y máster en Matemáticas por la Universidad Estatal de Florida (FSU)– accedió a conversar con DIARIO LAS AMÉRICAS y explicar sus razonamientos y preocupaciones.

- Ha estado analizando el comportamiento de las estadísticas y a través de Estado de Sats denunciado que el Gobierno cubano no ha dicho la verdad sobre la situación de la pandemia en la isla. ¿En qué te basas?

Al dar seguimiento a los reportes del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), me llamó la atención el giro del patrón de crecimiento en los casos confirmados. Inicialmente los valores se comportaron con la tendencia exponencial descrita en el modelo matemático conocido como SIR (Susceptible, Infectado, Recuperado), pero a partir del día 28 de marzo nos presentaron un patrón lineal o aplanamiento de la curva, que resulta inconcebible incluso según modelos menos rigurosos. A pesar de no tener acceso a la información que recogen las autoridades de Salud, ni disponer de censo paralelo para establecer comparaciones, he podido examinar el comportamiento de las cifras, cotejarlo con los modelos teóricos y con la evolución de la pandemia en diferentes países. Los datos que hasta ahora nos has presentado no tienen sustento teórico ni práctico, por cuanto vemos que la curva ya se presenta aplanada cuando apenas se habían implementado unas pocas e insuficientes medidas de aislamiento social. Cinco días después del primer anuncio donde se ordenaba el cierre de bares y centros de recreación, la suspensión de eventos artísticos públicos y del transporte interprovincial, las calles y espacios públicos todavía se mantenían repletos de personas. Con tan poco tiempo, resulta muy difícil aceptar tal aplanamiento. La poca confiabilidad de los datos también se refleja en nuestras cifras de fallecidos por millón de habitantes que, asombrosamente, son de las más bajas de la región. Por ejemplo, Ecuador, 50.05; Panamá, 41.25; Puerto Rico, 30.06; República Dominicana; 27.01, Brasil, 25.71; México, 13.43; Chile, 11.30. Bueno, pues Cuba exhibe ¡nada menos que 5.12! Cifra muy cuestionable en un país de población envejecida (una quinta parte rebasa los 60 años), con altos índices de hipertensión arterial y diabetes, para no referirme a un contexto social particularmente hostil con los ancianos. En resumen, las cifras no tienen credibilidad, lo cual no es de extrañar tomando en cuenta la falta de transparencia tradicional del sistema (antes Chernóbil, ahora China) y la consabida práctica de Cuba de falsear estadísticas ante los organismos internacionales.

-Algunos países solo cuentan como decesos los ingresados en hospitales y a quienes se les haya diagnosticado como contagiados… ¿Puede estar sucediendo algo similar en Cuba?

Es posible. De hecho, ya hay publicaciones en Estados Unidos que aluden a ese subregistro. Como cualquier dictadura comunista, esta controla hospitales, morgues y sistemas estadísticos. No existe ningún actor independiente que pueda verificar la información reportada y mucho menos cuestionarla. Mientras esa sea la realidad, el sistema puede jugar con las cifras a su antojo.

-Según sus cálculos ¿cuál sería aproximadamente el panorama actual en la isla?

Siendo conservador, deberíamos andar por el orden de los diez mil casos confirmados. Tomo en cuenta el comportamiento de países de la región con elementos afines como clima, demografía y hábitos culturales. Además, no debe descartarse la situación en la que viven los cubanos: desabastecimiento (y su corolario: aglomeraciones), hacinamiento e insalubridad, carencias de agua, productos de higiene y limpieza, etc. Con todo, vale recordar que la cifra real suele ser mucho mayor que la de los casos confirmados, pues la detección depende de la aplicación masiva de exámenes, cosa que no ha ocurrido aquí. Los países que han logrado una fotografía más cercana a la realidad poseen los siguientes índices de exámenes por cada 1,000 habitantes: Alemania, 30.40; Nueva Zelandia, 27.91; Estados Unidos, 18.20; Corea del Sur, 11.98; Chile, 9.03; Panamá, 6.92. En el caso de Cuba, la cifra es de 4.18, lo cual refuerza mi apreciación inicial de la falacia de las cifras oficiales.

-Pese a todos los factores a favor de un aumento de contagios y fallecimientos, hasta ahora no se aprecian situaciones extremas como las de Guayaquil, en Ecuador, en las que las funerarias no daban abasto. ¿A qué se debe esto?

Existen todavía muchos factores desconocidos y hechos que están determinando el curso de esta enfermedad. Curiosamente, cuando nos fijamos en la situación de países como República Dominicana, Puerto Rico o Panamá, vemos que sus números son mayores que los de aquí, pero las cifras de contagios no se han disparado y los centros de salud no han sido rebasados. Según las autoridades de República Dominicana y Panamá, hasta el día de hoy, menos del 2 % de los pacientes contagiados se encuentran en unidades de cuidados intensivos (UCI). En resumen, el curso de la COVID-19 en Cuba puede estar más cercano a la evolución de los países mencionados que a la de Ecuador o Perú.

-Los especialistas que asesoran a las autoridades informaron que el pico de contagios ocurriría durante la segunda semana de mayo. Hace dos días rectificaron y dijeron que este ya había llegado cerca del 24 de abril.

Mira, en realidad no entiendo las razones de tal confusión. La aparición del pico, en la curva de casos diarios, suele llegar entre dos y cuatro semanas después de aplicadas medidas de distanciamiento social y —muy importante—, en dependencia de su eficacia. Aquí se vieron obligados a lanzar un segundo paquete de medidas el 11 de abril, pues las iniciales no surtieron el efecto esperado. En esta segunda ocasión suspendieron el transporte público, cerraron tiendas y grandes comercios y comenzaron a aplicar sanciones severas, en no pocos casos abusivas, contra quienes no usaran mascarillas o violaran la limitación de movimientos. Era lógico esperar que el pico se produjera en el transcurso de las dos o tres semanas siguientes, o sea, los últimos días de abril. Así lo reflejé en mis estimaciones y ellos ahora lo han ratificado. La diferencia es que, según mis cálculos, los casos confirmados deberían ser entre nueve y diez veces más. Ahora, alcanzar el máximo en el número de casos diarios no implica que la curva caiga posteriormente con rapidez. Las aglomeraciones, si bien menores, están muy lejos de desaparecer y esto hace que persista un nivel alto de contagio. Si se levantan las medidas de mitigación y no estuvieran controlados los focos, la probabilidad de un rebrote es muy alta. Es decir, el posible maquillaje de cifras terminaría cobrando la factura.

-Ha estado haciendo referencia a las medidas de distanciamiento social y confinamiento ¿Cómo evalúa su efectividad?

Está claro que no es factible asegurar el distanciamiento social debido a las carencias que ya mencioné. Los cubanos están obligados a salir a diario a la caza de alimentos que, por demás, solo pueden adquirir en pequeñas cantidades. El desabastecimiento siempre ha sido crónico y ahora se agudiza; y lo mismo puede decirse de la situación de la vivienda que condiciona el hacinamiento. Son factores objetivos que dificultan controlar o detener la epidemia. No es ocioso recordar que el dengue, el zika y otros padecimientos ya son endémicos en la Isla.

-Y en este contexto tan pavoroso, ¿cómo ha reaccionado la población?

Abundan los videos en las redes sociales donde las personas manifiestan su frustración y enojo. El régimen ha embestido contra esas expresiones de descontento social o cualquier situación que se le parezca. Están aplicando fuertes multas e incluso prisión. Hay que reconocer una vez más que el cubano no tiene mecanismos para hacer frente al poder despótico del sistema.

-Llama la atención que, en tiempos tan críticos, los grupos de oposición y las iglesias no hayan levantado su voz para cuestionar el manejo de la pandemia…

Lamentablemente, en este momento la oposición se halla en uno de sus puntos más bajos después de haber sido prácticamente abandonada en la arena internacional y arrinconada en el plano nacional. Algunos hemos llamado la atención de la gravedad de la situación, pero no es posible hacer mucho más que pronunciamientos, y eso es realmente lamentable. La oposición debería tener mayores capacidades organizativas y recursos para desempeñar mejor su papel en este escenario tan crítico. En el caso de las iglesias, tampoco tienen la posibilidad de realizar una labor de ayuda a grupos de la sociedad, pues el régimen siempre ha bloqueado la posibilidad de gestionar ayudas de forma independiente. También debo mencionar que no he escuchado un reclamo o exigencia de instituciones religiosas en relación con el derecho que les asiste en su labor social.

-La prensa gubernamental siempre ha sido un instrumento de propaganda y control. En este caso, ¿cuáles han sido los argumentos más recurridos para desinformar y manipular a la gente?

Hay una brutal campaña de propaganda para mostrar el supuesto desastre que existe en la mayoría de los países, en particular, Estados Unidos y, en general, las democracias. Y, en contraste, exhibir los “grandes esfuerzos” y “resultados” que se obtienen en Cuba y países afines. Desde luego, cuando a alguno de ellos le va mal, como es el caso de Nicaragua o Venezuela, omiten la información.

-El Gobierno cubano no desea que la población sepa lo que sucede en torno a la pandemia. La aplicación del Decreto Ley 370 (Ley Azote) vehicula la represión contra periodistas independientes. ¿Qué puede comentar al respecto?

El decreto 370 se ha convertido en la herramienta de turno. Si bien existen múltiples recursos supuestamente legales para aplastar la libertad de expresión y el libre flujo de información, ahora han echado mano de este instrumento para acallar y castigar a quienes publican información en las redes sociales. Estas se han convertido en la vía de escape del cubano para mostrar la crudeza en la que vive y, para disgusto de los represores, los medios de prensa y portales, tanto nacionales como extranjeros, replican dicha información. Esto desmonta el discurso oficial de que todo se encuentra bajo control y que el sistema de salud cubre sin problemas las necesidades frente a la epidemia; de ahí la agresividad contra las voces independientes.

-Varios países han contratado a contingentes de médicos para combatir al COVID-19. Paralelamente, estudiantes de Medicina y de otras carreras universitarias recorren las casas para detectar infectados o trabajan como voluntarios en centros de salud. La población parece soportarlo todo ¿no cree?

La población cubana transita diariamente de la frustración a la necesidad de sobrevivencia. Con sus acciones represivas y la propaganda el régimen refuerza su impunidad: aplasta a los ciudadanos y no ocurre nada. Vale aclarar, no obstante, que diariamente hay noticias de arrestos y juicios a quienes no acatan las directivas. Mostrar en la prensa oficial operativos policiales contra la economía informal y el arrepentimiento de quienes presuntamente delinquieron se ha convertido en un ejercicio de advertencia y escarmiento social.

-¿Cómo se presenta la situación social del país, incluso si llegaran a reducirse los contagios y las muertes por la pandemia, para mediados o fines de año?

El régimen se muestra muy preocupado y hace malabares a fin de que las cosas no se le escapen de las manos. Noto, no obstante, signos contradictorios; por un lado, alegan que todo está bajo control; por el otro, promueven escarmientos y acondicionan a la carrera unidades de cuidados intensivos. ¿Acaso esperan una avalancha de casos? Nadie lo sabe. En esto como en otras cosas vivimos bajo el signo de la incertidumbre. La epidemia está teniendo un fuerte impacto en el escenario local y global. Creo que los sistemas autoritarios y dictatoriales serán los grandes perdedores. Seguramente tendremos una economía aún más golpeada y una sociedad abrumada y convencida de que no habrá mejoras a corto o mediano plazo. Y eso crea un escenario impredecible frente al cual no existe salida porque el sistema ya ha probado su inoperancia. Así que no solo es la pandemia, sino también lo que vendrá después: el regreso a la dinámica normal, que en Cuba es ya de por sí insoportable en su anormalidad. Precisamente, la oposición y los actores independientes necesitamos ahora todo el apoyo para responder acertadamente ante la agudización de la crisis. Esa respuesta incluye la capacidad para presentarnos con suficiente credibilidad como alternativa real de gobierno. Sin ese salto será difícil ganar la confianza de la población y poder entonces cambiar las cosas.

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