MIAMI.- Tras un mes y medio de conflicto bélico, Armenia y Azerbaiyán firmaron un acuerdo de paz, bajo la mirada directa de Rusia, en la que aparentemente podría quedar resuelto uno de los conflictos regionalistas más caprichosos de la antigua Unión Soviética.

Para Armenia es un duro golpe. La zona de Nagorno Karabaj conforma una parte importante del sentimiento nacionalista de un país que yace en medio de Asia occidental y ha logrado sobrevivir invasiones y ocupaciones de sus vecinos más impulsivos.

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De esta manera, ante la superioridad militar azerbaiyana, el primer ministro Nikol Pashinián dio a conocer la declaración firmada (de manera virtual) con el presidente azerbaiyano, Ilham Alíev, y Vladímir Putin, “indescriptiblemente dolorosa para mí personalmente y para nuestra gente”.

En Erevan, capital armenia, la gente se echó a la calle a protestar y pidió la renuncia de Pashinián.

Armenia, cuya base cultural laica cristiana define la sociedad, ha estado sola en el mundo en esta guerra, mientras Azerbaiyán, de corte musulmán, que cuenta con el apoyo de Rusia y Turquía, tuvo entre líneas llevar a cabo el conflicto para recuperar unas tierras que los armenios reclamaron y conquistaron en los años 1990.

El autócrata Alíev, que fue “elegido presidente” tras la muerte de su padre, Heydar Aliyev, que gobernó durante 10 años tras la caída de la Unión Soviética e independencia de la nación azerbaiyana, tiene, por el contrario, petróleo, modernas armas y el apoyo de los regímenes de Moscú y Ankara.

De hecho, la Unión Europea aplaudió el alto el fuego, aunque ha indicado que es solo el "primer paso" al que debe seguir la negociación de un acuerdo pactado para resolver la histórica disputa.

En este sentido, el bloque europeo urge a los actores regionales a evitar cualquier acción o retórica que pueda quebrar el alto el fuego y ha reclamado que se retiren todas las fuerzas extranjeras de la región.

Aparecen en esta nota:

 

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