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Betsayda Machado y La Parranda El Clavo comenzaron en Miami su primera gira por Estados Unidos con un show de ritmos de tambores de distintas zonas geográficas de su natal Venezuela.

La agrupación proviene de Barlovento, ubicada en la costa del estado Miranda, un lugar que durante la época colonial fue uno de los principales asientos de haciendas de cacao que utilizaban la mano negra esclava como principal fuerza de trabajo. Esta zona guarda secretos insospechados que van desde extensos cafetales, cacaotales donde se extrae el más fino chocolate del mundo y, por supuesto, la música.

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El pequeño poblado El Clavo, que pertenece a esa región de donde la agrupación toma su nombre, cuenta apenas con 1.500 habitantes que llevan más de 30 años tocando música de casa en casa durante las principales fiestas, ya sea la tradicional Cruz de Mayo, San Juan o Navidad.

La música que interpretan es de un sonido puro, orgánico y muy honesto que se lleva en la sangre y en los genes. Su vocalista, Betsayda Machado, ha formado parte de estas parrandas de pueblo desde muy pequeña, “La parranda es un conglomerado de ritmos que incluye diversos instrumentos de percusión. Nosotros somos una pequeña representación del pueblo El Clavo”, afirma.

José Gregorio “Oreo” Gómez, el percusionista más joven del grupo, defiende el sonido de la agrupación como algo único: “Modestia aparte, el sonido de La Parranda El Clavo no se parece al sonido de ninguna otra parranda porque hemos hecho un híbrido con varios instrumentos de diferentes partes de Venezuela”.

De fiesta en fiesta

En Venezuela el término parranda es sinónimo de fiestas y el parrandero es aquel que forma parte de estas celebraciones. “La parranda es un ritmo que se toca sobre todo en diciembre y es con el que en Venezuela celebramos la Navidad”, comenta Machado.

Si bien el género de la parranda no es exclusiva a la de la zona de Barlovento, la de El Clavo posee un sonido particular muy característico de la zona, que proviene de la época colonial en la que se desarrollaron múltiples expresiones musicales entre las que estaba, como protagonista, el toque con distintos tipos de tambores africanos.

Óscar Ruiz, integrante del grupo, no escatima en numerar los diversos instrumentos con los que viajaron para esta gira: “Acá traemos distintos tipos de tambores, tenemos el ‘culoepuya’, tambores de Aragua, un tambor ‘coriano’, o tambor veleño; tenemos el ‘quitiplas’, que es un tipo de percusión que se hace con bambúes y que no se escucha mucho aquí. Esta vez no pudimos traer la batería completa, como la ‘mina de Barlovento’ –un tronco de gran tamaño, cerca de cuatro metros de donde se derivan distinto sonidos– porque es demasiado grande”.

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El sancocho

Como es tradición en muchos pueblos de Venezuela, los pobladores se reúnen a compartir durante las fiestas alrededor de la comida. Betsayda Machado invito hace más de un año a quien se convertiría en su mentor y principal promotor, el productor Juan Suki, quien se ha encargado de la impulsar a la agrupación a través de la compañía Imaginarios de Venezuela. De allí nació la idea de dar a conocer la música que hacían, mientras disfrutaban de sancocho (sopa) bajo una mata de mango mientras el grupo tocaba.

La primera invitación que recibió la comunidad fue del Lincoln Center en Nueva York pero por diversos motivos no pudieron realizar el viaje. “Canadá fue nuestra primera gira internacional”, comenta Blanca Castillo, quien toca el furro, un instrumento al que se le adosa una vera (una espiga de caña) y que produce un sonido profundo.

“Para nosotros siempre fue tocar de casa en casa en nuestra población. En nuestra mente nunca estuvo estar en Canadá ni hacer una gira tan grande como esta. Ahora estamos en Estados Unidos pero, en realidad, ni en Venezuela habíamos hecho una gira. Nosotros pensábamos que la gente ni siquiera iba a entender lo que nosotros hacemos y fue increíble cuando vimos a los canadienses hacer movimientos que ellos no entendían”, relata Castillo, quien no escatima en agradecer al resto de la banda.

“[En Canadá] nos seguían como locos, como si fueran nuestra familia, nos hicieron reuniones, muchas gente se quedó con nosotros en los hoteles para seguir con la fiesta. Creo que es esa falta de lo nuestro y eso nos llena como parranderos, es increíble sentirlo”.

Para la diáspora

No es secreto la difícil situación política y económica por la que atraviesa el país petrolero. “Venezuela, además de petróleo, exporta gente porque muchos ya han abandonado el país”, dice el percusionista y profesor Asterio Betancour. “Creo que nuestra misión es que se reencuentren con su gente, con lo suyo y con lo que es parte de su cultura”. “Creo que nuestra misión es que se reencuentren con su gente, con lo suyo y con lo que es parte de su cultura”.

En ese punto coincide “Oreo” Gómez: “Le estamos demostrando al mundo que los lazos no se hacen por la política sino por la cultura. Para nosotros es algo que debemos llevar primero porque es la manera de unir a los pueblos de unir al venezolano con los suyo. Nosotros traemos esta participación y esta música para encontrarnos con nuestra gente y hacer lazos de hermandad”.

La tradición

Como ocurre siempre, el resguardo de la tradición va de la mano de las generaciones más jóvenes de la comunidad. “Gracias a Dios este 1ro. de enero comenzamos con el semillero, son los muchachos que han crecido oyendo la parranda”, explica Machado. “Ellos fueron los ‘cargadores’ [quienes transportan los instrumentos] y poco a poco se van integrando a la parranda. Nosotros tenemos tantos instrumentos que hay algunos que casi han ido desaparecido como el ‘quitiplas’, porque ya casi no hay nadie que lo toque”.

Nueva York

La Parranda El Clavo comenzó su gira en Miami y de aquí viajó al GlobalFest, en Nueva York, un festival que se celebra todos los años en la Gran Manzana. “Lo que más nos preocupa es el frío, porque ‘negro con frío no funciona y si está frío es porque está muerto’”, dice entre risas la líder del grupo, quien también asegura que viene con un repertorio que se pasea por toda las zonas de Venezuela en donde se toca tambores. “Tenemos un canto de sirena, un llamado a San Juan, cantos de trabajo y un veleño también porque acabamos de celebrar la Navidad y eso es lo que siempre se oye”.

Luego les esperan varias presentaciones: una en North End Studios, en Burlington, Vermont, el 11 de enero y un concierto en el Joe’s Pub del Public Theatre de Nueva York, el 12 de enero. Luego viajarán hacia Boston para presentarse en el Villa Victoria Center for the Arts, el 13 de enero, y en el Pig Iron en Filadelfia, el 14 de enero. Terminarán su gira en el Kennedy Center de Washington DC, el 15 de enero.

La agrupación recibe donaciones a través de la página de Indiegogo: igg.me/at/sabrositorico/x/15715973. Para estos artistas todo es necesario, desde gasolina hasta alojamiento para las “noches huérfanas”. En el sitio también ese pueden adquirir grabaciones rurales que han hecho “ bajo la mata de mango” y otras sorpresas.

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