MIAMI- La fallida política económica de la administración Biden y la inacción de la Reserva Federal (Fed o Banco Central) -por más de un año- ha creado la peor situación para los estadounidenses en casi cinco décadas. La escasez y los altos precios se combinan ahora con la forzada respuesta agresiva mediante otra gran alza de las tasas referenciales de interés.

El Banco Central de EEUU subió por cuarta ocasión consecutiva la tasa de interés referencial en 0.75% y la elevó a 2,50% y 2,75%, cuando a principios del 2022 las mantenía entre 0% y 0,25%.

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El impacto de las acciones de la Fed en los resultados económicos ya comenzó. El consumo, el motor de Estados Unidos, ha mermado en los últimos dos meses, en gran parte a causa del agotamiento financiero de los estadounidenses que durante más de dos años se enfrentan a una escalada de precios, que se agudizó en el 2021 con las medidas de la actual administración.

Otra de las causas se relaciona con la enorme incertidumbre del camino de la economía estadounidense con un gobierno centrado en asuntos internacionales, el cambio climático y otros puntos de una agenda de extrema izquierda o socialista.

El Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos volvió a contraerse en el segundo trimestre del año, esta vez en 0,9%. En los primeros tres meses, la cifra fue de 1,6%.

Las estadísticas y otros indicadores negativos confirman que la recesión se agudiza, a pesar de que los medios de prensa y algunos expertos lo nieguen. Otros consideran que la recesión causada por la pandemia nunca ha terminado, porque cuando se salía mediante una recuperación rápida y sólida durante la administración de Donald Trump, el gobierno de Joe Biden revirtió casi todas las medidas efectivas económicas de su predecesor y fomentó la escalada de precios con su política de energías limpias y restricciones a la industria estadounidense del petróleo.

Walmart y otras empresas, un termómetro

El gigante minorista Walmart echó un balde de agua helada al mercado bursátil el 26 de julio al anunciar por segunda vez sus decepcionantes ganancias trimestrales en el 2022 y su proyección anual también orientada a la baja. Otras empresas se sumaron el viernes 29 de julio al gigante minorista.

Debilitados por los altos costos de las materias primas y dificultades logísticas, las empresas estadounidenses de bienes de elevado consumo prevén que los próximos meses serán bien difíciles.

A pesar de un balance financiero globalmente positivo para el sector en el segundo trimestre, las inquietudes son numerosas, y peor la incertidumbre.

Procter & Gamble (P&G), que comercializa productos de aseo personal, advirtió de "fuertes vientos en contra" durante la publicación de sus resultados trimestrales, lo que pone en riesgo su crecimiento.

Algo similar sucede con el especialista de productos de higiene Colgate-Palmolive que también dio parte de sus resultados trimestrales. En una llamada telefónica con analistas de Wall Street, el responsable de inversiones del grupo, John Faucher, describió un "ambiente impredecible", admitiendo que es imposible prever la evolución de la inflación en EEUU.

El fuerte aumento de los precios de los alimentos (+13%) y los combustibles (+52%) -durante un extenso período- han obligado a los consumidores a reorientar su presupuesto para comprar [únicamente] lo necesario, lo cual aumenta los stocks, bajan las ventas y se posponen las compras de reposición de productos de las empresas. Esto genera un efecto dominó que finalmente desacelera el desarrollo económico, de forma brusca o mesurada.

La Reserva Federal intenta hacer lo que llaman un “aterrizaje suave o moderado”, pero por el momento esa idea se ha quedado en una quimera. Lo que se ve ahora es un desajuste económico pronunciado.

La buena noticia entre el caos es que los precios también comienzan a bajar cuando desciende el consumo, como ha sucedido con la gasolina en las últimas semanas; no por las medidas tardías y desesperadas de la Casa Blanca, sino debido a la corrección automática de [baja demanda/caída de precios].

La incertidumbre gana terreno

Lo mismo ha ocurrido con los precios del barril de petróleo, que en EEUU descendieron de la barrera de los $100 frente a los temores de una recesión mundial y el descenso del consumo de carburantes por el elevado costo, lo que [no significa] que haya terminado la inestabilidad del mercado petrolero ni que la merma de los precios sea persistente. Aún se mantienen altos y los expertos afirman que la tendencia no es a caer, excepto por el recrudecimiento de condiciones adversas que frenen el consumo mundial.

El viernes 29 de julio, los precios del petróleo volvieron a subir días antes de la reunión de la OPEP y sus aliados Opep+, sin expectativas de aumento de la oferta, al tiempo que persisten los temores sobre las economías.

El barril de West Texas Intermediate (WTI) para entrega en septiembre terminó con aumento de 2,28% a 98,62 dólares en Nueva York, mientras que en Europa el valor cerró 110,01 dólares, un avance de 2,67%.

"Los precios del petróleo se recuperaron luego de que Exxon y Chevron se mostraron optimistas sobre las perspectivas de la demanda de crudo" y por "expectativas" de que la Opep+ no aumente su producción en setiembre" por encima de lo previsto, afirmó Edward Moya de Oanda.

"Con la reunión de la Opep+ el crudo "podría consolidar sus recientes ganancias en las próximas sesiones", concluyó Jeffrey Halley, también de Oanda.

“Con poco espacio para que la OPEP+ aumente la producción, el mercado petrolero tendrá dificultades para equilibrarse en los próximos meses, lo que impulsará los precios”, dijo Stephen Brennock, del corredor de petróleo PVM.

La demanda de gasolina en Norteamérica cedió en la última semana un 7,6% y en las 4 anteriores ha tenido un comportamiento similar.

Casi una de cada cinco estaciones de servicio en EEUU cobra menos de 4 dólares por galón de combustible regular, según OPIS, que encuesta a las gasolineras de EEUU para calcular los precios promedio para la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA, por sus siglas en inglés).

Esa proporción representa alrededor de 24.000 estaciones de servicio en todo el país, principalmente en el sureste y en estados petroleros como Texas y Oklahoma.

Sin embargo, el promedio nacional que rastrea la AAA continúa muy por encima de esa marca, a 4,52 dólares el galón. Y los 50 estados registran un precio promedio de más de 4 dólares, con Carolina del Sur marcando el promedio más bajo a 4,02 dólares.

“Los conductores no deben asumir que los precios de la gasolina seguirán cayendo a partir de ahora. Esto es más un intermedio", dijo Tom Kloza, jefe global de análisis de energía de OPIS, una firma especializada en los carburantes.

Las tasas de interés siguen en aumento

"Aunque el mercado integró probablemente la cuarta alza de las tasas de interés de la Fed" del 27 de julio, "visiblemente no incorporó las sorpresas de los resultados de las empresas", resumió Maris Ogg, de Tower Bridge Advisors.

"Evidentemente, el consumidor está más débil de lo que pensábamos y, además, los minoristas no disponen en abundancia de las mercancías específicas que demandan los compradores”, añadió.

Después de un intenso año y medio de precios casi insostenibles, el desgaste de las finanzas individuales y familiares ha sido brutal hasta llegar al [freno forzado] en la adquisición de productos y la relevancia de prioridades de consumo en cada hogar.

Las personas anteponen en estos momentos sus necesidades básicas como la vivienda, los alimentos, la electricidad y otros gastos fijos de primer orden.

Las empresas estadounidenses

No sólo Walmart ha sufrido la caída de sus acciones, sino muchos otros supermercados y tiendas como Target (-3,62%), Dollar Tree (-6,29%) e incluso Costco (-3,25%), que venden en grandes cantidades. Amazon, el número uno de las ventas en internet, cedió 5,23%. Esta tendencia -por regla general- también se ha mantenido entre las grandes empresas de tecnología en los últimos cuatro meses.

La popular firma en Wall Street, Shopify, plataforma para minoristas en línea con sede en Canadá, se derrumbó 14% a 31,55 dólares, tras anunciar el despido de 10% de su personal, unas 1.000 personas.

"Alrededor del 10% del personal habrá dejado la empresa hoy", indicó Tobi Lübke, presidente de la firma en una carta a sus equipos.

El cofundador de Shopify explicó que la empresa contrató en los últimos años en función de predicciones de tendencias ligadas a la pandemia.

"Apostamos (...) a que la proporción de dólares gastados en e-commerce en lugar de tiendas físicas se dispararía de forma permanente, 5 a 10 años antes de lo que preveíamos", sostuvo. "Es claro ahora que esta apuesta no funcionó", reconoció.

De su lado, Alphabet, la matriz de Google, publicó una ganancia en picada del 13% a 16.000 millones de dólares en el segundo trimestre comparado con igual período de 2021, en un contexto de debilitamiento de los presupuestos publicitarios.

Apple informaba el 28 de julio de una caída de casi 11% en sus ganancias junto con Meta (la matriz de Facebook) que informaba de la bajada en su facturación, por primera vez en su historia.

Amazon, sin embargo, tuvo una facturación de 121.000 millones de dólares en el segundo trimestre, por encima de lo que esperaba el mercado de valores.

El efecto ha sido más acentuado de lo que pronosticaron algunos economistas, cuyo análisis al parecer quedó lejos de la crítica situación en los últimos 18 meses.

La confianza de los consumidores

En este contexto, la confianza de los consumidores en la economía de EEUU volvió a bajar en julio por tercer mes consecutivo, debido a los temores persistentes de una aguda recesión, según el índice del Conference Board.

Este es otro elemento importante que revela el camino en los índices de consumo, antes de entrar en otro renglón que mantuvo saludable a la economía estadounidense durante los picos de la pandemia del coronavirus: el sector inmobiliario.

La venta de viviendas nuevas y de uso en EEUU tuvo una brusca caída en junio por quinto mes consecutivo, según datos del Departamento de Comercio.

La alarmante cifra de propiedades de nueva construcción fue de 8,1% respecto a mayo, cuando también hubo otro declive.

En junio, unas 590.000 propiedades nuevas fueron vendidas en proyección anual, mientras que los analistas esperaban 670.000 casas nuevas el mes pasado.

También en junio, 5,12 millones de casas de uso y apartamentos cambiaron de propietario, un 5,4% menos que en mayo cuando la reducción fue de 3,4% inferior al registro de abril.

Si se compara con los datos de hace un año, cuando las tasas de interés se mantenían ultrabajas, la caída representó 8,6%, según la Federación Nacional de Agentes Inmobiliarios (NAR).

Como resultado, el número de propiedades en venta en el mercado comenzó su ascenso en junio, por primera vez en tres años. En este contexto, 12,6 millones de inmuebles estaban disponibles al cierre de ese mes (+9,6% en cuatro semanas y +2,4% en un año) con la tendencia de continuar su aumento.

La escasez de inventario en el sector inmobiliario disparó aún más los precios de compraventa sobre todo en el 2021, donde una propiedad promedio (cuatro habitaciones/3 baños) en zonas céntricas de ciudades como Miami, superaron los 800.000 dólares. Este tipo de valores no se vieron ni en la gran recesión inmobiliaria del 2007-2009.

En la industria automotriz, la ganancia neta del fabricante General Motors (GM) bajó 40% en el segundo trimestre, a 1.700 millones de dólares.

Por su parte, el margen de ganancia de Ford se contrajo 60 puntos base a 13.5%, por el mayor costo de ventas y el entorno inflacionario, que fue parcialmente compensado por los ahorros en productividad y un mayor control de gastos administrativos.

Los economistas afirman que este ha sido el ciclo de endurecimiento más agresivo de la Reserva Federal desde la década de 1980, cuando la estanflación -estancamiento de la economía y espiral de precios y salarios- paralizó la economía estadounidense.

Siguen las alarmas sobre las políticas de la administración Biden

El reto es sofocar la inflación que se ha afianzado, sin profundizar la recesión que padece la mayor economía del mundo después de la pandemia, a pesar de que la prensa, algunos analistas e incluso la propia Reserva Federal y el Tesoro afirmen lo contrario. Estas instituciones también ratificaron que la inflación en EEUU sería “temporal” sin motivos para preocuparse…, nada más lejos de la realidad.

Dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo se consideran técnicamente una recesión, aunque ese no es el criterio oficial. No pocos economistas en EEUU comparten la idea de que ese medidor es simple en los tiempos actuales, donde las economías se han vuelto más complejas con la llegada de la tecnología digital moderna, la alta competitividad y la aceleración del desarrollo económico.

Solo un organismo en el país tiene autoridad para determinar oficialmente los periodos de recesión, el National Bureau of Economic Research (NBER, Oficina Nacional de Investigación Económica), pero lo hace con un retraso de varios meses.

"Consideramos una serie de indicadores", explica la entidad en su página web que, de todas formas, señala "la amplitud del declive de la actividad" económica en EEUU.

Con más del 85% de los indicadores económicos en negativo en casi año y medio, hay motivos suficientes para convencerse de que EEUU no ha salido de la recesión provocada por la pandemia. Sí experimentó una rápida y solida recuperación desde finales de julio del 2020 que fue interrumpida y destrozada luego por el gobierno de Joe Biden, desde su arribo a la Casa Blanca el 20 de enero de 2021.

"La Fed se encuentra atrapada entre la espada y la pared para salir de la situación sin afectar la economía", manifestó la economista jefa de KPMG, Diane Swonk, en una nota de análisis.

Swonk estimó que la Fed "está en aguas inexploradas", por lo que "la incertidumbre y el desacuerdo sobre el curso de las subidas de las tasas es una consecuencia natural".

Para su cuarta subida de tasas de interés, el Banco Central tomó como elementos la caída del consumo y de la producción, pero con un mercado laboral fuerte y el desempleo en 3,5%. Sin embargo, no menciona la crisis casi crónica de empleos que padece la mayoría de las empresas del país desde mayo del 2021 y cuya cifra de puestos de trabajo disponibles lejos de disminuir se ha incrementado a 11,2 millones.

Intencional o no, la administración Biden ha causado la peor situación económica para los estadounidenses en las últimas cinco décadas. Entre sus [promesas] de campaña [estaban] garantizar la “prosperidad verdadera” para el pueblo estadounidense y devolver el poder y la vitalidad a la clase media trabajadora…

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¿Los gobiernos locales deben ofrecer alternativas asequibles ante el alza de precios de alquileres? 35.64%
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