Nacido en Haine-Saint-Paul (La Loviere, región Valona), el 19 de febrero de 1966 en una familia de emigrantes sicilianos, este hijo de minero y costurera tiene a sus espaldas una trayectoria que, por encima de sus éxitos y logros, se recuerda por su calidad, visión de juego y la belleza del fútbol que desplegaba.
Cuatro presencias mundialistas alumbran con letras de oro su vida deportiva, pero sobre todo deja grabadas infinidad de imágenes producto de acciones plenas de clase, de movimientos estéticos con el balón que le sitúan a la altura de los más finos jugadores de la historia.
Apasionado desde niño por el balón, de pequeño no hacía nada más que jugar al fútbol con sus amigos. Su formación fue la calle. Marcó su estilo y su vida, con pasión. No tenían PlayStation, tan solo jugar contra una pared para mejorar los gestos o con los amigos, incluso entre los coches.
Muy jovencito llegó a la cantera del Anderlecht y tan solo tres después ya estaba en un Mundial, del de México 86, en el que pese a su corta edad fue una de las figuras de la gran selección belga que alcanzó las semifinales tras poder, entre otros, con España y caer ante la Argentina de una de sus grandes referencias, Diego Armando Maradona, ante el que había debutado en un amistoso entre el conjunto bruselense y el Barcelona.
Scifo, al que incluso le llegaron a bautizar como el 'pequeño Pelé del Tivoli' (por su calidad y el nombre del estadio de La Louviere), fue incluso elegido mejor jugador joven de aquel Mundial en una etapa de éxitos en el Anderlecht, con tres ligas, dos copas y dos supercopas.
Enzo, o Vinzenzo Daniele, como figura en su partida de nacimiento, era ya una auténtica figura internacional y se ganó en 1987 el fichaje por un histórico y un grande como el Inter, en el que, en cambio, no pudo triunfar. Ahí inicio su etapa 'foránea', que continuó por Girondins Burdeos, Auxerre -volvió a despuntar de la mano de Guy Roux-, Torino y Mónaco antes de volver diez años después al Anderlecht, en el que estuvo otras tres campañas antes de concluir su carrera en el Charleroi debido a la recomendación de los médicos por una artritis crónica.
A lo largo de estos años supo rodearse o tuvo la fortuna de encontrar las personas idóneas que le hicieron enderezar el rumbo cuando se iba desviando y mantener la disciplina del trabajo.
Jugó otros tres Mundiales, Italia 90 -elegido segundo mejor jugador tras el alemán Lotthar Matthäus-, Estados Unidos 94 y Francia 98, aunque reconoce que este último no debiera haberlo disputado. Bélgica perdió notable protagonismo.
Estaba en esos últimos meses como jugador cuando comenzó la de entrenador en el propio Charleroi, al compatibilizar ambas funciones por la salida de Emilio Ferrera. Incluso invirtió en el club -llegó a ser vicepresidente también-, aunque a la postre no fue una buena decisión económica.
En cierto modo, Scifo fue una persona atrevida fuera del campo. También probó por diversión en 1985 en el mundo del espectáculo y sacó un disco, 'Gagné d'avance' (Ganado de antemano) en colaboración con Toto Cutugno, y hasta en el de la restauración, al abrir un hotel-restaurante en Waterloo, el '1815'.
Últimamente hasta ha vivido el mundo del riesgo y la velocidad y se ha montado en un coche de rallycross.........
Superó dos grandes mazazos, el fallecimiento de su hermano, cuando éste tenía 42 años en un accidente laboral, y el de su padre Agostino, que le hizo estar prácticamente un mes sin salir, pero, como reconoce el propio Enzo, siempre le inculcó esa valentía y coraje que, desde la discreción, le ha acompañado en su vida.
Su carrera como entrenador no se ha visto acompañada por tanto éxito como en activo. Además, ha tenido etapas, como la actual, víctima del paro. Tras dos años en el Charleroi dimitió, en 2004 firmó como técnico del Tubize, de Segunda, en el que estuvo hasta que dimitió en enero de 2006 y pasó a ser director deportivo del club.
El Excelsior Mouscron y Mons fueron sus dos últimas experiencias como entrenador antes de incorporarse a la Federación Belga para llevar las riendas de los jóvenes. Fue el seleccionador sub-21 en las campañas 2015-16, pero cuando Marc Wilmots fue relevado Enzo echó mano de su solidaridad y fidelidad y optó por dejar el cargo.
Para él, lo más lógico era dejarlo, ya que la persona con la que estaba desarrollando el proyecto no continuaba en el cargo. Elegante y solidario con su compañero y amigo lo dejó.
Y como le ha ocurrido desde que colgó las botas, se encuentra en una de esas etapas por las que atraviesan la mayoría de los entrenadores, a la espera de recibir esa llamada que les conceda una nueva oportunidad, un equipo en el que poder continuar su carrera.
Scifo, que asegura estar especialmente orgulloso del éxito que tuvo dentro de los terrenos de juego pero sobre todo del familiar, de ser una persona a la que el estrés de los banquillos no le ha desestabilizado, se considera una persona tranquila.
Esa calma que parecía transmitir con el balón en los pies, esa elegancia que extiende hasta en su forma de vestir, le permiten mantener la compostura, ofrecer una imagen hasta más joven de la realidad.
Mientras llega esa llamada, tiene tiempo para cuidarse como siempre ha tratado y el gimnasio es un destino habitual, aunque a veces la impaciencia pueda hacer presa del discurrir de su vida.
"A veces me pregunto si mi carrera es más un estorbo que un escalón", llegó a admitir Scifo, quien aseguró que no persigue grandes salarios porque para él el dinero no es el motor ni el fundamento de su vida. El fútbol es su auténtica pasión.
Mientras tanto, no duda en poner su granito de arena en actos benéficos tanto a nivel local, nacional como internacional. De hecho, es uno de los padrinos de la Asociación Europea contra la leucodistrofia.
José Antonio Pascual
FUENTE: Agencia EFE
 

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