"Jugué en el Krilia Sovétov junto a Agustín Gómez, un magnífico jugador y una persona extraordinaria. También compartí vestuario con Ruperto Sagasti en el Spartak", comentó a Efe Nikita Simonián, legendario delantero soviético y embajador del Mundial de Rusia.
Todo aficionado al fútbol soviético recuerda los nombres de Agustín Gomez, Ruperto Sagasti, Nemesio Pozuelo o Juan Usatorre, una estirpe de futbolistas de origen español que militaron en los históricos Spartak, Torpedo o Dinamo Minsk.
Niños de la guerra o hijos de republicanos huidos del régimen franquista, llevaron su afición al deporte rey al paraíso socialista, aunque tuvieron que esperar al fin de la contienda para demostrar sus habilidades no sólo en el campo de batalla, sino en el terreno de juego.
Tuvieron la oportunidad de compartir vestuario con las mayores estrellas del fútbol ruso -Lev Yashin, Ivanov, Ponedelnik, Streltsov, etc- y de disputar partidos internacionales, aunque nunca oficiales.
El impacto del fútbol español en el soviético arranca en 1937 con la legendaria gira de la selección vasca por toda la Unión Soviética, cuyo objetivo era recaudar fondos para la causa republicana.
Nombres como Lángara -que marcó 17 goles en la gira-, Gorostiza o Pereiro quedaron grabados en la memoria de los aficionados que llenaron los estadios desde Moscú a Tiflis.
El juego de cabeza y el esquema de los vascos impresionó tanto a los soviéticos, que estos crearon una selección que ganaría los Juegos Olímpicos en 1956, la primera Eurocopa de la historia en 1960 y alcanzaría las semifinales del Mundial en Inglaterra (1966).
"Los vascos nos abrieron los ojos en el plano táctico. Ganaron a todos los equipos, menos al Spartak, aunque dicen que ese partido no fue del todo limpio", dijo Simonián.
El fundador del Spartak, Nikolái Starostin, admitió que el fútbol soviético nació literalmente de la gira de esa legendaria selección vasca, cuyos miembros después acabarían jugando en varios países latinoamericanos.
Gómez, que abandonó España con 15 años, cuando ya era un prometedor futbolista en el País Vasco, labró su fama en el Krilia Sovétov, equipo que le sirvió de trampolín para fichar por el histórico Torpedo Moscú, donde llegó a ser capitán y logró dos copas soviéticas (1949 y 1952).
Internacional con la URSS, fue convocado para los Juegos Olímpicos de 1952, pero no llegó a debutar. Gómez, que colaboraba con el KGB contra el Franquismo, era considerado uno de los mejores defensas del país, pero su apellido jugó en su contra.
En 1956 Gómez volvió a España y estuvo a punto de fichar por el Real Madrid, pero sus inclinaciones comunistas frustraron el fichaje.
Lo mismo ocurrió con Juan Usatorre, que nació en Moscú en 1941 y que jugó diez partidos amistosos con la URSS, pero nunca disputó un partido oficial.
"Juancho", como era conocido por su familia, jugó en algunos de los mejores equipos de la URSS -Torpedo, Spartak, Lokomotiv-, aunque triunfó en el Dinamo Minsk.
"Era muy alto y jugaba magníficamente de cabeza. Siempre que podía, se sumaba al ataque, algo poco habitual entonces. Juan era un central moderno, adelantado a su tiempo", comentó a Efe Víctor Ponedelnik, autor del gol de la victoria de la URSS en la final de la primera Eurocopa de 1960.
Según reconocía él mismo en una entrevista concedida a la prensa deportiva española en 1986, Usatorre recordaba con especial orgullo el empate a dos goles logrado en 1965 en el estadio Maracaná ante Brasil, con Yashin en la portería.
"Le dolió muchísimo no ser internacional de manera oficial. La gente, los periodistas y otros futbolistas creían que debía haber jugado. No le dejaron sólo por ser español. Él siempre lo consideró injusto", señaló a Efe Carmen, su hermana.
Ella está convencida aún hoy en día de que esa segregación futbolística fue una cuestión política, "una especie de filtro", opinión que comparte Ponedelnik.
Sagasti, oriundo de Navarra, también fue a parar a la URSS a los 12 años y a lo largo de su carrera jugó en el Krilia Sovétov y en el Spartak, donde compartió labores de ataque con Simonián y ganó la liga en 1950.
Trabajó durante muchos años en la cátedra de fútbol del Instituto de Cultura Física de Moscú, donde puso las bases teóricas de la explosión del fútbol soviético -que heredó entre otros Valeri Lobanovski- y, una vez caída la URSS, allanó el camino para el fichaje de Rinat Dasáev por el Sevilla.
Mientras, Pozuelo, que nació en Ucrania en 1940, dio sus primeras patadas al balón en el Torpedo, desde donde pasó al Spartak y después al Zenit, donde colgaría las botas.
Ignacio Ortega
FUENTE: Agencia EFE
 

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