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MIAMI.-“Venezuela es el único lugar a un alcance de 30 minutos de EEUU para misiles nucleares de nueva generación. No oirán nada de esto en las noticias, porque los mayores jugadores en el escenario mundial no quieren que lo hagan. Para ellos, los gobiernos inestables no son más que la mayor de las oportunidades. Rusia y China nunca podrían ser una amenaza sin que países como Venezuela dejen la puerta abierta a nuestro propio patio trasero”, este es solo uno de los análisis que el personaje interpretado por John Krasinski pronuncia en el primer episodio de la segunda temporada de la serie Jack Ryan, sobre las aventuras del legendario agente de la CIA creado por Tom Clancy.

Esta es una de las hipótesis con las que Ryan conecta a los televidentes, a través de la ficción, con la realidad inmediata y la contingencia de Venezuela, una nación que mantiene hostiles relaciones con EEUU y que vive la peor crisis humanitaria de su historia. En este contexto, Jordi Mollà entra a la segunda temporada de Jack Ryan para interpretar a Nicolás Reyes, presidente de Venezuela, un político despiadado, pero lleno de glamour que el actor catalán interpreta a la perfección, dejando claro por qué se ha ganado el trono como uno de los villanos preferidos de Hollywood.

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“La política no me interesa en lo absoluto. Nunca me he pronunciado en ningún sentido, ni en España ni en Cataluña, y soy catalán, sin embargo, la figura de un político me parece interesante si le buscas el ángulo humano. En las primeras versiones del guión esa faceta estaba un poco dejada de la mano de Dios, no sabía exactamente de dónde venía este hombre (Nicolás Reyes), qué le había pasado, cómo había conseguido llegar a ser presidente”, dijo el actor, dejando claro que la misma compañía, Amazon Prime Video, les envió un correo electrónico a los actores de la serie para que en las entrevistas hablaran del tema con cautela.

“Para trabajar el personaje me fijé más en Fidel Castro… no me preguntes por qué. Yo soy muy intuitivo, Fidel para mi tenía una cosa… me gustaba, me refiero como personaje, no hablo de la política. Él representaba esa cosa poética de la política, como el Che, son poetas políticos. El carisma de Fidel, directo e indirecto, y la personalidad. De Hugo Chávez no miré mucho y de Nicolás Maduro nada”, expuso el actor, quien ya se había sumergido en el mundo de los políticos y jerarcas tras interpretar a Felipe II en la cinta Elizabeth: La edad de oro, protagonizada por Cate Blanchett.

“A veces no me gusta mirar cosas porque me condiciona, quiero hacer mi propia creación del personaje. Si uno está viendo a estos hombres en YouTube, se te enganchan cosas que quizás no quieres, entonces prefiero hacer un cuadro un poco más a mi estilo”, añadió.

Polémica en Venezuela

Tras darse a conocer la trama de la serie, que en esta segunda temporada sitúa al mítico agente de la CIA en Venezuela, la controversia no se hizo esperar e incluso las cúpulas del régimen venezolano reaccionaron con fuertes declaraciones, como el ministro de Cultura, Ernesto Villegas, quien a través de su cuenta de Twitter declaró que la serie Jack Ryan podría buscar crear el clima para una agresión de EEUU contra Venezuela.

“Burda propaganda de guerra disfrazada de entretenimiento”, dijo el político, a lo que Mollà respondió:

“Lo puedo entender perfectamente desde el punto de vista de Venezuela, pero esto no es más que ficción. Sin embargo, la ficción puede ser peligrosa, porque quienes no conocen ciertas realidades, pueden creer que esa situación ficticia es la realidad. La historia del cine americano está plagada de versiones ficticias de la realidad”.

¿Crees que la trama podría clarificar de algún modo lo que pasa en Venezuela?, le consultamos.

“Yo tengo una manera muy particular de leer guiones, y la trama es una cosa que no me interesa. Yo he hecho películas en las que ni siquiera conocía la trama, o sea, conocía lo que envolvía a mi personaje, pero no la trama global. No me enfoco tanto en eso”, respondió, no sin antes reflexionar sobre el rol que juegan los medios de comunicación.

“Los medios y la política van de la mano, entonces algunas cosas son más obvias, otras no, pero el partido que tenga el poder mediático es el que tiene la capacidad de expandir la voz y de ganar a las masas que son muy manipulables. Basta que llegue alguien con carisma, ganas e ideas para que domine todo. El que se inventó esta bestia fue Adolf Hitler y Joseph Goebbels, que inventaron la propaganda básicamente”.

Un actor que hace el papel de pintor

Jordi Mollà es un actor que dice representar muy bien el papel de pintor, tanto así que ha podido exhibir sus obras alrededor del mundo, incluso algunas han sido robadas de la casa de una de sus amistades en Los Angeles y otra podría estar en casa del actor Johnny Depp, con quien hace algunos años intercambió su arte.

“Soy tan buen actor que tengo que creer que soy buen pintor. Llevo pintando desde que tengo 27 años. Es una carrera que se ha construido sola. Soy muy afortunado porque la creatividad y yo nos entendemos muy bien porque es de verdad, no es pose. Es una necesidad salvaje”, indicó el actor, quien confiesa que todavía no entiende bien el éxito de esta faceta de su vida.

“En esta era digital me llama poderosamente la atención algo tan analógico como un cuadro, que lo puedes tocar y poseer. Hoy no se puede tocar nada, las relaciones son a través del teléfono, incluso el sexo es intangible porque es una fantasía. En estos momentos de digitalización me tira más lo que es palpable, lo que se puede poner en la pared de tu casa”.

Sobre su arte, declaró:

“El público me ha enseñado a ser más ligero. La palabra positivismo me suena un poco a mentira. Creo que en el mundo hay una gran frustración y mucha ansiedad. No vemos futuro cuando pensamos qué va a ser de nosotros. Lo veo todos los días por la calle, pero el público me ha enseñado a no ser tan consciente, a mandar un mensaje más liviano, y a crear nuevos colores que nunca hubiese hecho cuando tenía 30 años”.

“América me ha abierto mucho la cabeza, porque es muy naíf (ingenua) para un europeo. Aquí todo es muy perfecto, como un helado de vainilla que nunca se derrite. En este sentido, Miami le ha aportado mucha luz a mis cuadros, y la luz llama a los colores”, finalizó.

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