El caballo de Troya llega América y ahora lo hace desde el lejano Oriente. No en la simulación de un trofeo de guerra dejado a sus enemigos en reconocimiento de su resistencia y valentía durante los cruentos combates de la prolongada guerra. Tampoco llevaba oculto en sus entrañas a aquellos valientes y legendarios guerreros que se oponían a que la paz les arrebatara su victoria; sino que eran alegres viajeros de regreso a casa o en su mayoría excursionistas foráneos, quienes en su interior portaban al caballo troyano, el nuevo símbolo de virulencia y mortandad de la peste en pleno siglo XXI, el coronavirus.

La enfermedad del coronavirus o Covid-19 (acrónimo de la enfermedad y el año de presentación) se desencadenó de forma explosiva y rápidamente se diseminó entre la muchedumbre en la China socialista. Los primeros casos fueron en la ciudad de Wuhan, diciembre de 2019 y en febrero de este año ya la ciudad, provincia de Hubei, de alrededor de 12 millones de habitantes, estaba en cuarentena.

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La enfermedad se caracteriza por un proceso de incubación de 14 días, donde pueden aparecer los síntomas y signos como un catarro común, pero su decaimiento es más intenso, instalación de una neumonía y expectoración sanguinolenta, diarreas y fallo multiórganos que puede llevar a la muerte y se transmite por vía respiratoria, al contacto con las gotas que se expulsan al toser, estornudar o respirar, en humanos, o la ingestión de animales contaminados. El agente patógeno es el virus SARS-CoV2, de alta movilidad y una mortalidad de un 18%.

La falta de transparencia y el mal trabajo administrativo de las autoridades gubernamentales chinas desencadenaron una crisis de salud pública tan intensa que se le fue de control y perjudicó a 116 países, algunos de ellos están más afectados: Corea del Sur, Japón, Irán, Francia e Italia. En este último las autoridades tuvieron que poner a 60 millones de personas en cuarentena, o sea, a todo el país.

Del mismo modo se contaminó con el Covid-19 EEUU. Las medidas concretas y rápidas del presidente Donald Trump impidieron una extensión intensa del proceso infeccioso, pero conllevó a la afectación grave del mercado financiero. Los estadounidenses habían despedido el año 2019 rebosados de esperanzas económicas, por el posible acuerdo de primera fase con China y el mercado bursátil tenía una récord nunca antes visto.

El 26 de diciembre de 2019 la bolsa de valores de Nueva York (NY) cerró sus tres principales índices en récord, el Nasdaq supera los 9 000 puntos por las sólidas ventas de las acciones de Amazon.com, el más alto desde 1997; el índice de referencia S&P 500 con una ganancia de un 29%, el mayor desde 2013 y el Promedio Industrial Dow Jones subió de 105,94 a 28 621,39. Aunque continúa el temor de los accionistas, la realidad es que el lunes 8 de marzo del corriente año, la bolsa de NY cayó estrepitosamente, los índices de Wall Street y los precios del petróleo, recordándonos la crisis financiera del 2008. Las nuevas acciones políticas de iniciativas económicas de Trump y el buen estado de la economía evitarán ese desastre para la nación americana.

En verdad, los EEUU al interrelacionar su mercado económico con el de China continental, que posee un gobierno tiránico e impuso a su población una sociedad de miedo, están consumiendo los tragos amargos de una relación interdependiente y desbalanceada entre una sociedad libre y la otra de miedo. La sociedad democrática sostiene a un inmoral régimen de neoesclavitud.

Aunque en esta epidemia de Covid-19 ha existido la mala intención de desinformación y las teorías conspirativas del proceso infeccioso en el mundo. Debemos conocer que el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los EEUU (CDC) realizó estudios de cultivos celulares del virus y no ha rechazado desde el punto de vista genético que su origen esté en la vida silvestre y no fue creado por humanos. También la comunidad de científicos de muchos países concuerda con estos trabajos investigativos de la CDC.

Por supuesto, el Covid-19 es un virus del alta virulencia y transmisibilidad y de tasas elevadas de morbilidad en la población general y una alta mortalidad entre las personas mayores, con baja letalidad entre niños y jóvenes, además al distribuirse a través del aire, constituye un posible agente importante de bioterrorismo, que las autoridades gubernamentales y sanitarias de un país no pueden minimizar para proteger debidamente la salud de la población.

China socialista es una sociedad de miedo, donde las libertades fundamentales son mutiladas y en especial la libertad de expresión. Por eso el gobierno de China mantuvo en oculto a la opinión pública nacional e internacional el surgimiento y desarrollo del proceso infeccioso en su país. Y, asimismo, en ese trabajo de censura actúa la Cuba castrosocialista.

La pandemia del coronavirus ya está en Cuba. El régimen de Castro-Díaz-Canel anuncia los primeros casos, aunque la población conoce de casos autónomos cubanos. La era de internet ha acelerado la descomposición del totalitarismo sobre los medios de información y comunicación y, contra viento y marea, el ciudadano cubano es una pizca más libre.

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