Los interminables meses de campaña presidencial que desataron las emociones de la nación y que coincidieron con la pandemia del coronavirus por fin quedan atrás y ahora, que los estadounidenses han votado, se merecen un periodo de calma y estabilidad. Sin embargo, para la propuesta ganadora, los meses por venir continuarán plagados de desafíos.

Ahora cuando todos están procesando los eventos que nos llevaron a los resultados del 3 de noviembre, es innegable que la fatiga está presente por la cuarentena, las limitaciones económicas, las presiones sociales y la polarización política.

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Mucho ha cambiado en el escenario político desde que se realizaron los primeros comicios en Estados Unidos, pero el voto sigue siendo la herramienta por excelencia de la vida democrática.

Antes de la Revolución Americana (1775-1783), que irrumpió por las crecientes tensiones entre las 13 colonias de Norte Amèrica y la autoridad de Gran Bretaña, los votos no se emitían en papel, sino en público y a viva voz, según cuenta un artículo de la revista Times, escrito por Elizabeth King en 2016.

También era común sufragar por medio de las manos o los pies para decidir las preferencias. Incluso los residentes de Pennsylvania votaban arrojando frijoles a un sombrero, sin embargo era considerado cobarde y deshonesto votar en secreto.

La votación siguió siendo pública durante buena parte del siglo XIX, cuando los votantes empezaron a firmar debajo del nombre de un candidato en una boleta pública.

El llamado “voto de bolsillo” representaba toda una hazaña, según publicó The New Yorker, en 2008, pues las personas debían subir a una plataforma colocada contra la pared de un edificio para pasar sus boletas a través de una ventana y hacerlas llegar al juez electoral, pues no se les permitía el ingreso al recinto.

A finales del siglo XIX, con el partidismo, el financiamiento de campañas y la desigualdad alcanzando máximos históricos, Estados Unidos comenzó a implementar el voto secreto o voto australiano, en un intento para frenar la violencia electoral, la intimidación a los propietarios y la compra desenfrenada de votos financiada por la clase adinerada de la época.

“En 1965, unos años después de que se adaptara la tecnología de tarjetas perforadas para votar, el presidente Lyndon B. Johnson promulgó la Ley de Derechos Electorales, que eliminó muchas restricciones de voto para las personas de color. En 1975, el presidente Gerald Ford firmó una extensión de la Ley de Derechos Electorales, que requería asistencia bilingüe para ciudadanos que no hablaran inglés, particularmente inmigrantes de América Latina”, según la revista Times.

Ahora, luego del entusiasmo electoral que se puso de manifiesto, la necesidad que se impone es de que cesen las divisiones que han hecho que la lucha nacional contra el coronavirus, fuera más compleja y controvertida. La política a menudo ha jugado un papel inútil y dañino en los intentos por encontrar una respuesta viable para paliar sus efectos.

Todos aquellos que votaron en las elecciones, ya sean republicanos o demócratas, necesitarán transitar de la mano de un liderazgo político inspirador para recobrar la confianza, de que los buenos tiempos regresaran pronto.

El mayor desafío que tendrá la próxima administración será lograr la unificación del país.

Los temas raciales siempre han sido un tema importante, pero en los últimos meses fueron muchos y muy seguidos los estallidos violentos en muchos estados tras producirse incidentes fatales.

Se necesitan reformas y programas de entrenamiento.

Todos los casos que han provocado disturbios generalizados han sido un indicio de una nación dividida y es que ha sido duro ver al país víctima de la violencia y la ira política, bajo el agravante de la pandemia.

Si alguna vez la nación necesitó trabajar en conjunto es ahora, cuando se enfrenta a un invierno difícil e incierto, pero los próximos cuatro años pueden convertirse en la oportunidad para demostrar que el país es capaz de enfrentar los retos que vengan, internos y externos. Eso sería realmente un logro trascendental.

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¿Debería el gobernador DeSantis emitir medidas sanitarias de carácter obligatorio para todo el estado? 40.89%
¿Las medidas deberían ser potestad de los gobiernos locales según se requieran? 32.43%
¿Las medidas sanitarias deben ser decisión individual de cada persona? 26.68%
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