Las elecciones generales del próximo 27 de octubre en Argentina, luego de la derrota de Mauricio Macri en las primarias, están marcadas por el posible retorno del kirchnerismo al gobierno con Alberto Fernández como presidente y Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta. Las condiciones políticas, la situación económica y la corrupción, son entre otras, las características que han conducido al pueblo argentino a una situación muy delicada en la que la disyuntiva parece ser la de votar entre reelegir un mal gobierno o retornar a un régimen de crimen organizado.

Poner como candidato a la presidencia a Alberto Fernández, quedándose en la candidatura vicepresidencial, es considerada por algunos analistas como una jugada electoral magistral, pues liquidó la estrategia de Macri de preservar a Cristina como candidata a la presidencia para derrotarla con facilidad. Sin embargo, la situación no deja duda de que el jefe es Cristina, quien desde la vicepresidenta quedaría a un paso de la presidencia, que podría tomar fácilmente por renuncia o cualquier forma de inhabilitación de Alberto Fernández.

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Si Alberto Fernández llega a la presidencia de Argentina, con Cristina de Kirchner como vicepresidenta, existe la posibilidad de que cumpla su mandato presidencial, pero también que renuncie o deje la función para que Cristina tome “legalmente” la presidencia sin que Argentina haya votado por ella para presidente. La historia de Héctor Cámpora y su rol para que Juan Domingo Perón retorne a la presidencia es un antecedente interesante a considerar.

En cuanto a la corrupción, si Alberto Fernández cumpliera todo su posible mandato presidencial, solo tendría dos opciones que son mandar a su vicepresidenta a la cárcel, o encubrirla. Respetar las decisiones de la justicia y no proteger a su vicepresidenta sería lo correcto y lo ubicaría en una posición similar a la del presidente Lenín Moreno, de Ecuador, hoy calificado como traidor al castrochavismo y bajo todo tipo de amenazas y acciones desestabilizadoras que, en el caso de Alberto, podrían producir su salida forzada del poder. Encubrir a Cristina con toda la estructura de corruptela de los doce años de gobierno Kirchner integraría a Alberto Fernández al sistema de crimen organizado de ese periodo.

Pero antes de lo que pueda pasar, si Alberto Fernández gana las elecciones en Argentina, hay datos concretos en el presente que lo señalan como un posible testaferro, un presta nombre o un palo blanco de Cristina, o lo describen en la figura de una muñeca rusa “matrioska, mamushka o babushka”, o sea, una “muñeca hueca que en su interior alberga otra muñeca”. Es la sospecha creciente de que Alberto puede ser “una persona que suplanta a otra en un negocio fraudulento de tal modo que a pesar de la suplantación la persona encubierta no deja de percibir los beneficios del fraude”. Lo terrible es que en este caso el negocio fraudulento es la toma de la Presidencia de Argentina.

La transparencia y honestidad de Alberto Fernández están públicamente en entredicho por la índole de su candidata a vicepresidenta que está acusada, procesada y que legalmente debería estar cumpliendo prisión si no fuera por la inmunidad de senadora en la que se escuda. El adagio popular “dime con quién andas y te diré quién eres” resuena porque, en el más simple de los casos, la función de vicepresidenta servirá a Cristina para mantener impunidad, sin contar con el poder político para manipular al poder judicial, como notoriamente lo hicieron en el gobierno Kirchner.

Internacionalmente, Alberto Fernández ha ofrecido pruebas de su alineación con el crimen organizado que ha tomado la política en Las Américas, diciendo que “Venezuela no es una dictadura”, alineándose claramente -haciendo suya la posición del kirchnerismo- con el sistema de dictaduras de crimen organizado transnacional del “castrochavismo” dirigido por Cuba que controla Venezuela, Bolivia y Nicaragua. El candidato K acaba de visitar y elogiar a Evo Morales expresando que “Bolivia es un modelo, tengo una enorme admiración”, sin recordar que Argentina ha reforzado sus fronteras porque está -entre otras cosas- inundada de cocaína producida por su admirado vecino Morales, que ha convertido a Bolivia en narco estado.

Mauricio Macri paga el precio de no haber actuado decididamente contra la corrupción y de su fallido método gradualista para afrontar la crisis dejada por los Kirchner, que ya parece suya; el precio de un mal gobierno. Alberto Fernández da todas las señales de incorporación al crimen organizado que integra desde hace mucho su candidata a vicepresidenta.

www.carlossanchezberzain.com

Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy

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